Opinión

  • | 1999/12/03 00:00

    Un costo innecesario

    Establecer inversiones o créditos forzosos para vivienda social es una forma costosa y poco transparente de atender un gasto social prioritario.

COMPARTIR

Me gesta la mayor parte de la ley de vivienda. El Gobierno y el Congreso, bajo la presión de un fallo de la Corte Constitucional, van a resolver parte del tremendo lío creado por la autoridad monetaria, que mantenía en coma la construcción y los negocios de propiedad raíz.

La deuda hipotecaria se había vuelto impagable. Fue imprudente bombear crédito a la edificación durante la primera parte de la década para crear una burbuja especulativa y una efímera sensación de bonanza. Fue torpe atar la corrección monetaria a la tasa de interés para poder subir esa tasa sin medida, aplastando a los deudores con intereses reales de 25% o más. Fue miope no prever que esos costos y la recesión inducida por la misma política dificultarían el pago y desplomarían los precios de la propiedad raíz, induciendo una avalancha de entrega de inmuebles a los prestamistas. Fue ingenuo pensar que los prestatarios se resignarían a su pauperización por el cambio en las reglas de juego del UPAC. Y habría sido irresponsable seguir aplicando curitas de refinanciación de cuotas morosas a un sector hipotecario que se estaba desangrando por una hemorragia interna.

Es apropiado legislar pata la vivienda de interés social (VIS), limitar la tasa de interés de los créditos y asignar más recursos a ese fin. En una sociedad con tan poca cohesión el sentido de pertenencia que da la vivienda propia es importante. Además, el costo social de construir más vivienda será inferior al costo contable porque la mano de obra y otros recursos tienen pocos usos alternativos. Y así será por años.

No considero adecuados, en cambio, los mecanismos para el financiamiento de la vivienda social. Los ponentes han propuesto que las entidades de crédito dediquen a VIS el 20% del aumento de su cartera hipotecaria o el 10% de los aumentos de sus captaciones, lo que sea mayor Hay formas menos costosas de lograr lo mismo.

No tengo una posición dogmática sobre las inversiones forzosas. No hay impuestos perfectos, y en algunas circunstancias las inversiones forzosas, con tasas de interés razonables, pueden ser un complemento válido de otros mecanismos. Pero esas no son las circunstancias actuales, con un sector financiero que ya no puede con su alma.

Lo peor sería obligar a todas las entidades a dar préstamos VIS, con un costo desproporcionado para algunas, y sin un beneficio correspondiente para los prestatarios. Para una corporación financiera, especializada en crédito corporativo, dar crédito VIS sería carísimo y hasta peligroso: no conoce ese negocio, su estructura no sirve para manejarlo y no puede lograr economías de escala en ese frente. La obligación generaría ineficiencia y despilfarro y atentaría contra la equidad tributarla, pues gravaría con costos muy distintos a entidades similares.

Si la entidad no da crédito de vivienda quedaría obligada a invertir cada año el 10% del aumento de sus pasivos en bonos del gobierno (TES), con un rendimiento de UVR más 4 puntos. Para evitar un sancocho de siglas en adelante hablaré de inflación y no de UVA. Aunque esa opción no corrige del todo la falta de equidad tributaria paso, sin más, a mi objeción de fondo.

Para la entidad de crédito el costo será alto. Si la alternativa a la inversión forzosa es colocar los fondos a inflación más 12 puntos, perderá cada año 8 puntos sobre la décima parte del aumento de sus captaciones. Y como la cosa es acumulativa a la vuelta de cinco años ese costo podría alcanzar medio punto de sus pasivos con el público. Eso es más de las utilidades que logran muchas entidades incluso en épocas menos difíciles que las actuales, cuando casi todas están perdiendo plata.

Parte del costo recaerá sobre los prestamistas. Varias entidades cuyos accionistas deberán tomar pronto la difícil decisión de aportar más capital fresco, lo volverán a pensar y es posible que el Gobierno termine con más entidades de lo que había proyectado. Además, será más difícil vender las entidades oficializadas, y habrá que aceptar menores precios. Pero a largo plazo la mayor parte de la carga será trasladada hacia atrás, a los depositantes en la forma de menores tasas, y hacia delante, como mayores costos de otros créditos.

Ahora veamos el costo de los recursos frente a otras alternativas para financiar los subsidios para VIS.

El costo directo para el Gobierno será inflación más 4 puntos, lo que pagaría por los títulos. Pero también hay un costo indirecto, pues los 8 puntos de menor Ingreso de las entidades obligadas a hacer la inversión reducirán los recaudos tributarios en el 3596 de esa suma, o 2,8 por cada 100 de inversión forzosa. El costo total para el Gobierno, 6,8 puntos sobre la inflación, no sería muy diferente al que podría lograr mediante colocación abierta de TES. Las últimas colocaciones de TES se hicieron a tasas por debajo de eso.

Tendremos, así, una situación de oneroso costo para las entidades obligadas a hacer la inversión sin que eso se traduzca en beneficios para los compradores de VIS, en comparación con la opción de colocar TES de propósito general para financiar el subsidio.

Otro problema del mecanismo es su falta de transparencia. La incidencia del impuesto (quién acaba pagándolo) es oscura, pero también será oscuro el origen del beneficio para quienes lo reciban. Los beneficiarios ni siquiera verán que la sociedad les efectuó una transferencia sustancial, en competencia con muchos otros usos meritorios de los recursos, y preferirán considerarlo como la consecuencia de ingeniería financiera.

Si la sociedad quiere dedicar más recursos a la vivienda social, eso está muy bien. Pero conviene que ello se haga en la forma más transparente posible, dentro de un proceso de asignación presupuestal, y que el costo social de allegar los recursos no sea mayor que el indispensable. Ninguno de los dos criterios se satisface en este caso, que implica una regresión a mecanismos de tributación encubierta e ineficiente, muy usados en la década pasada.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?