Opinión

  • | 1997/08/01 00:00

    Turbulencia en Asia

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El 2 de julio la moneda tailandesa (el baht) pasó de un régimen de paridades fijas contra una canasta de monedas, el cual había sido mantenido por 13 años, a un régimen de flotación cambiaria controlada. Rápidamente, el baht perdió el 15% de su valor inicial contra el dólar americano y algunos observadores han planteado que la turbulencia podría no haber terminado allí.



Las dificultades cambiarias en Tailandia, en conjunto con dificultades importantes en otros países de la región, plantean dos inquietudes. La primera se refiere a la posibilidad de agotamiento del "modelo asiático" que hace apenas unos pocos años se esgrimía como un paradigma digno de emulación. La segunda se refiere a las enseñanzas que ofrece esta experiencia reciente.



El concepto de un "modelo asiático" que contrastaba con el "modelo latinoamericano" surgió en la década de los años ochenta, cuando los países de nuestra región se encontraban inmersos en el estancamiento y la hiperinflación, al amparo de teorías económicas "estructuralistas" hoy en afortunado desuso. El dato fuerte: los 23 países de Asia Oriental crecieron 3 veces más rápido que las economías de América Latina y el Caribe entre 1965 y 1990.



La explicación simplista de este contraste surge de ideólogos que no miran mucho las cifras y plantean que se debe a que en Asia había libertad de empresa y en América Latina no. Versiones menos simplistas, pero aún insatisfactorias, asignaban un papel fundamental a la orientación exportadora (no necesariamente privada) que subyace la política en aquellos países y a la política "hacia adentro" que orientaba a nuestra región. Más recientemente, en especial tras un celebrado estudio de John Page, el Banco Mundial, y de los diversos debates a que dio pie, tenemos una visión mucho más completa1.



En primer lugar, no es cierto que exista "un" modelo asiático, ni mucho menos que sea uno basado en el laissez faire clásico. La región sí contiene a Hong Kong, quizás el país más libre del mundo, pero también a países como Corea, Taiwan, Singapur y Tailandia donde la llamada "política industrial" (un funcionario decide quién produce y cuánto) y los controles administrativos, por ejemplo a los flujos de capital y al sector financiero, fueron y siguen siendo eje básico de la realidad nacional.



Los denominadores comunes que si existieron tienen mucho más que ver con una estrategia de largo plazo basada en dos principios: la disciplina fiscal y la estabilidad monetaria, de una parte, y la inversión en capital humano, de otra. La combinación de estos dos factores genera un círculo virtuoso del cual surgen mayores tasas de ahorro y estabilidad del tipo de cambio real.



A más largo plazo, la inversión en capital humano genera ganancias en productividad y así es una fuente de crecimiento importante. Page estima en más de 60% la contribución de la productividad al crecimiento en estos países y un trabajo reciente, de Bosworth y Collins, sugiere que viene subiendo. El aporte de la productividad al crecimiento es un punto muy de fondo. En términos sencillos, si no hay ganancias en productividad, el crecimiento sólo puede provenir de la acumulación de capital por trabajador. A su vez, esto implica que hay que sacrificar consumo en el presente (ahorrar). Claramente, es preferible ganar en eficiencia de tal forma que el nivel de consumo no tenga que bajar tanto.



Cuando se habla de "agotamiento" del modelo asiático, los analistas están pensando en una polémica idea de Krugman, para quien los crecimientos de productividad no han sido especialmente altos en Asia. La fuente del crecimiento, por decirlo así, ha sido -en su concepto- el sacrificio y la austeridad y estas virtudes no son eternas. Sin crecimientos en la productividad, una sola generación más orientada al consumo que sus padres y abuelos, podría acabar en poco tiempo con el dinamismo económico.



En síntesis, no es cierto que podamos usar categorías simplistas y de fácil implementación para abarcar "la" experiencia asiática. Es especialmente incorrecto imputar al "mercado" el crecimiento asiático y, por ende, al "mercado" sus actuales dificultades. Al contrario, la austeridad y el sacrificio, que generaron acumulación masiva de capital físico y humano, muchas veces se obtuvieron por vías ligadas al mercado de manera sólo parcial. Lo que el mercado sí aportó, a través de la competencia, fue una mayor capitalización de estas inversiones en la forma de ganancias en productividad. El problema reciente de la región parece reflejar la necesidad de profundizar estos mecanismos, de cara a un agotamiento, tipo Krugman, de aquéllos.



De vuelta a Tailandia y al segundo tema, es sensato concebir el problema en dichos términos. El problema cambiario surge por una inconsistencia fundamental de la política y se refiere a la emisión monetaria efectuada con el fin de aliviar la carga de un sistema financiero ineficiente y debilitado por la competencia externa.



El llamado Fondo de Desarrollo de Instituciones Financieras experimentó un saldo (expansión del crédito del banco central) de US$3 mil millones en marzo y otros US$1.2 mil millones en abril. Para mayo no tengo datos, pero dado que las reservas internacionales netas cayeron US$4 mil millones, al tiempo que la base monetaria se expandió en grado importante, debió existir una nueva e importante emisión por la vía del crédito primario. El 15 de mayo, de cara a una nueva ronda de caídas en reservas, se implementaron unos controles de capital de dudosa efectividad.



En ausencia de una reestructuración del sistema financiero, no es muy probable que la moneda se sostenga en su rango actual y lo más probable es que haya más devaluación en la medida en que se moneticen las dificultades. El cierre de 16 compañías financieras en junio es un síntoma alentador de que las autoridades tienen el carácter necesario para enfrentar el problema donde toca.



En cuando a las enseñanzas, creo que empezando por lo más abstracto, lo único valedero que tiene, en sus aspectos normativos, el concepto de un "modelo asiático" es la necesidad de contar con reglas claras y de largo plazo y con un proceso de inversión en educación. Un punto simple. ¿Por qué el gasto en educación no es considerado inversión en el régimen tributario? Pasando a lo más concreto, lo que muestra la difícil experiencia reciente es que el proceso de reforma y de liberalización no puede detenerse ni cuando los países crecen bien, pero con sacrificios excesivos, ni cuando crecen mal con despilfarro.
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