Opinión

  • | 2008/08/15 00:00

    Travesía del desierto

    Los efectos de la crisis actual van a durar bastantes meses más. La situación del sector financiero americano, y su contagio en sus pares del resto del mundo, aún no ha llegado a su final.

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Finalmente parece que los mercados financieros están tomando un respiro después de uno de los peores periodos de los últimos años. Como comentamos en la pasada columna, la economía real está ya sufriendo los efectos que las bolsas están descontando desde el pasado mes de octubre. Sin embargo, gran parte de las variables que han provocado este mercado bajista están comenzando a perder fuerza.

La demanda mundial se está frenando y los precios de las materias primas, principalmente las energéticas, han comenzado a dar la vuelta. La exuberancia irracional de la subida del precio del petróleo ha parado y parece que los especuladores que habían tomado posiciones a crédito han ido cerrando las mismas y ha bajado casi un 25% en menos de dos meses. ¿Se conseguirá con ello frenar el riesgo de inflación que tanto temen todos los economistas a nivel mundial? Estamos en una situación en que nadie lo sabe. De momento, lo que está claro es que la Reserva Federal no va a subir los tipos de interés en el corto plazo y que el Banco Central Europeo ha parado la subida de los mismos. Parece ser que finalmente les preocupa más el crecimiento europeo que su mandato de tener controlada la situación. Todo ello ha conseguido frenar la caída del dólar en los mercados internacionales.

En mi impresión, los efectos de la crisis actual van a durar bastantes meses más. La situación del sector financiero americano, y su contagio en sus pares del resto del mundo, aún no ha llegado a su punto final. Lo peor de todo es que nadie se fía de nadie, y una vez salvadas las entidades semipúblicas Fanny Mae y Freddy Mac, no se sabe si a las autoridades americanas les quedaran muchas bazas para salvar otras compañías en situación crítica. Y los impulsores del libre mercado no apoyan intervenciones para salvar con dinero público las malas decisiones de gestores del sector privado. Al final, los bancos más sólidos acabarán comprando los más débiles, pero da la impresión que aún están esperando a que otro se ponga contra las cuerdas. Si no ha habido más operaciones de compra/venta entre entidades, es porque los posibles compradores tampoco se encuentran muy bien financieramente. Parece mucho más probable que un jugador europeo o asiático aproveche la fortaleza de su moneda (que no se cuánto tiempo durará) para comprar algo en los Estados Unidos.

Los efectos de la recesión norteamericana son palpables en la calle; y en Europa puede ponerse peor en los próximos meses. Resulta curioso ver que la mayor parte de los países latinoamericanos aun actúan como si el problema no fuera de ellos y siguen sin tomar medidas de choque. Sin embargo, la fiesta posiblemente se acabe de forma acelerada y, si no estamos preparados, puede tener consecuencias bastante negativas. Si la demanda a nivel mundial se frena, afectará claramente a la región, tanto por la menor exportación de sus materias primas, como por el enfriamiento de venta de sus productos. Además la caída del sector de la construcción en los países desarrollados va a producir que muchos latinoamericanos se queden temporalmente en el desempleo y se frenen los envíos de remesas a la región.

Si bien la situación es complicada, no dejo de ser optimista a largo plazo. Después de las grandes caídas de las bolsas en los últimos nueve meses, hay muchos factores negativos ya descontados. Es imposible saber dónde están los mínimos de los mercados, pero todo apunta a que pueden estar cerca, y si bien la crisis va a seguir por un periodo prolongado, es posible que pronto veamos los índices bursátiles empezando a recuperarse. Nadie sabe si estaremos viendo pronto la recuperación del dólar a largo plazo. Los análisis técnicos dicen que parece que está ya en mínimos y que debería dar la vuelta, sobre todo si las materias primas también comienzan a bajar. Lo importante es encontrar los sectores y compañías que estén más saneadas, sean poco dependientes del crédito (los bancos ya han cerrado el grifo, y lo mantendrán así un buen tiempo) y, sobre todo, que se hayan preparado para un cambio de tendencia.

La travesía del desierto casi siempre tiene un final feliz. Esperemos que de una vez por todas aprovechemos la bonanza de la última década para sanear las finanzas públicas y encontrar soluciones creativas.

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