Opinión

  • | 2011/06/08 18:00

    Tragedia griega

    Las inversiones en deuda de países son hoy en día más arriesgadas que en muchos de los bonos corporativos de las multinacionales.

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Como llevábamos meses anticipando, el problema europeo no ha hecho más que empezar. A pesar de las medidas que se tomaron a lo largo de los doce últimos meses, como la línea de crédito a Grecia de 110.000 millones de euros (US$157 billones) y los paquetes de rescate a Portugal e Irlanda, nos encontramos en una situación similar a la del pasado año.

Si analizamos los precios que fijan los mercados en el rendimiento de la deuda pública griega a dos y a diez años, la percepción es que estamos incluso peor que en el pasado. Los bonos a dos años se están cotizando con un rendimiento superior a 25% de tasa anual, y el diferencial del bono a diez años frente a su referente alemán (en teoría, el de menor riesgo de la Unión Europea) está en 1,306 puntos básicos (o sea, Grecia está condenada a pagar 13% más por año a los tenedores de sus bonos que Alemania). Todo esto en una situación de malestar social muy grande, con grandes recortes a sus presupuestos por parte del gobierno heleno y con unas perspectivas a corto plazo mucho peores.

En el momento en que estoy escribiendo estas líneas estamos a la espera de un nuevo paquete de financiación al país por parte de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. El alcance del mismo no se conoce aún, pero lo que está claro es que será cuantioso. Las autoridades europeas no quieren dar su brazo a torcer y dejar que uno de los miembros del euro pueda reestructurar su deuda; sin embargo, parece que no van a tener más remedio que hacerlo.

En el último fin de semana, las prestigiosas publicaciones económicas Barron's y The Economist apostaban por una segura reestructuración de la deuda, que podría ser de 50% si se hiciese en el corto plazo, pero mucho mayor si no se tomaban medidas rápido.

En los círculos económicos europeos, se está intentando evitar la misma por distintos motivos. El principal es que los mayores tenedores de dicha deuda son los bancos alemanes, franceses e ingleses, además del propio banco central griego. En el caso de que se produjese el recorte de 50%, todos ellos tendrían que reflejar dicha pérdida de valor en sus libros y la mayoría entraría en quiebra técnica. El segundo motivo sería el efecto contagio que se produciría en Portugal e Irlanda, donde inmediatamente se pedirían reestructuraciones similares, a pesar de que su situación es diferente. La semana anterior se publicaban datos de los bancos irlandeses que están negociando con sus acreedores reducciones de la principal de sus obligaciones entre 80% y 90%, en algunos casos, dándoles la opción de convertirlas en capital de los bancos a un mejor intercambio.

Todas estas noticias nos hacen ver que las inversiones en deuda de países son hoy en día más arriesgadas que en muchos de los bonos corporativos de las multinacionales. Está claro que la única salida que tiene Grecia y, posiblemente, Portugal e Irlanda es que los inversionistas que colocaron su dinero en su deuda pública ayuden a la recuperación de los mismos asumiendo una pérdida parcial en su principal. En cualquier situación de reestructuración de una compañía ("Chapter 11" en los Estados Unidos), siempre se renegocia con los acreedores y todos tienen que arrimar el hombro para que la compañía salga adelante. En este caso es la misma situación, el problema es que nadie ve lo público como propio, y se piensa que siempre el Estado tiene que asumir las pérdidas de todos.

El proceso es complicado, ya que Grecia debe seguir con medidas de austeridad en el gasto público que ayuden a reducir su déficit, una lucha clara contra la evasión fiscal y, posiblemente, una reducción de impuesto al valor añadido para incentivar la economía. En paralelo, e impulsada por Alemania, se debe hacer una reforma completa de todo el sistema bancario de la Unión Europea, una unificación de las leyes laborales para igualar las edades de retiro y los beneficios sociales del mismo, así como una flexibilización de las condiciones para contratar y despedir personal.

Vamos a ver cambios importantes en Europa en los próximos meses. Una de las opciones puede ser una mayor integración; la más complicada sería la salida del euro de algunos de los países en problemas y la reestructuración de sus economías a través de una devaluación de su moneda, abriendo la posibilidad de volver al mismo en el futuro.

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