Opinión

  • | 2003/11/28 00:00

    ¿Todo o nada?

    En el manejo de la cosa pública también es necesario definir algún criterio respecto a cuándo debe abandonarse un proyecto porque ha sido un fracaso.

COMPARTIR

Vimos en estos días el relevo completo del equipo comprometido con la 'seguridad democrática': Ministro del Interior, Ministra de Defensa, Cúpula de la Policía y cabeza de las Fuerzas Militares (con otros posibles cambios aún pendientes). Aunque estas destituciones tienen mucho qué ver con el mal genio del doctor Uribe, la situación creada -independientemente de cuál sea el origen- lleva a la pregunta de ¿qué va a producir esto en cuanto a la política y a las estrategias en esta materia? ¿Se va a endurecer aún más el principio de 'guerra a cualquier costo'? ¿O, por el contrario, también como en materia económica aparecerá un enfoque diferente por parte del Presidente en el campo del orden público?

Es respetable la posición de jugársela toda a un resultado sin zigzaguear en el camino. Nada peor que hacer ensayos a medias. Cuando se intenta un proyecto como el adelantado por el Presidente Uribe, se debe insistir hasta llegar a un resultado, y no andar dos pasos adelante y uno atrás.

Pero tampoco es bueno caer en el síndrome del jugador que pierde la noción de lo que apuesta por la obsesión de seguir en la mesa de juego. Una cosa es jugarse 'los restos' pero otra es, después de haber perdido todo, apostar la señora. Lo importante es saber cuándo retirarse de la partida y no seguir sin propósito alguno aguantando más pérdidas de las que alcanza a cubrir.

En el manejo de la cosa pública también es necesario definir algún criterio respecto a cuándo debe abandonarse un proyecto porque ha sido un fracaso; aunque ese lindero en política es muy indefinido, los más recientes eventos invitan a alguna reflexión al respecto.

Lo afirmado por el señor Presidente es que no reconoce como enemigos de Colombia sino 'al terrorismo y la corrupción' y que estos se acaban con la 'mano firme'. Valdría la pena evaluar si en esta partida ya pasamos las etapas de 'doblar la apuesta' y de 'jugar los restos', y si nos encontramos en la instancia de querer apostar hasta la señora.

Es válido para el gobierno presentar los aspectos buenos y ocultar los malos; y siempre habrá tanto aspectos satisfactorios como negativos sobre los cuales debatir. Debemos, sin embargo, seguir el sabio refrán de no perder de vista el bosque por observar las ramas.

Las cifras son claras. Se ha desmantelado todo el funcionamiento del Estado para dedicarnos solo a la guerra.



El resultado es lo esperable

En lo económico, los impuestos ordinarios solo alcanzan para atender el servicio de la deuda; funcionamiento e inversión dependen de ventas de activos, mayor deuda o impuestos extraordinarios. Las remesas de nuestros exiliados y unos altos e inesperados precios del petróleo (US$30 por barril contra un estimado de US$18) son lo único que defiende la balanza cambiaria. El Referendo solo pretendía disimular la crisis fiscal; su fracaso la reveló en su verdadera dimensión, pero, además, su inmenso e inútil costo la agravó.

En lo social, según el DANE, el consumo de alimentos ha disminuido 7%; si simultáneamente bajaron los precios es porque el hambre ha sido el control de la inflación. Según el Informe del Relator Especial de Naciones Unidas para Educación, Colombia tiene el cubrimiento de escolaridad primaria más bajo de América Latina y tres millones de niños no asisten a la escuela. La inversión en salud ha aumentado; pero por medio de un multiplicador de ineficiencia bien reconocido que hizo que la gran mayoría del incremento destinado a estos propósitos se perdiera, en el sistema oficial de salud por las transferencias, y en los sistemas privados por los costos de intermediación.

No se sabe en qué consistiría una victoria militar pero 30.000 ó 40.000 guerrilleros en las cárceles es un imposible. En cambio, el camino de 'pescas milagrosas' por parte del Estado -al capturar tres inocentes por cada sospechoso- ha resquebrajado el principio vertebral de la Justicia de que 'más vale equivocarse dejando libre un culpable que castigando un inocente'. No menos grave institucionalmente es la 'inserción' de los paramilitares: ¿Qué camino judicial se seguirá? ¿Quedarán indultados por decretos de la Presidencia? ¿Tiene el Presidente tales facultades? ¿No se exige ningún requisito? ¿Qué papel juega la Fiscalía? Y sobre todo, ¿qué función cumple la Administración de Justicia en este caso?

Estas inquietudes formales y procesales se acompañan del cuestionamiento sobre qué pasa con la Justicia (con mayúscula) en relación con los tres requisitos que la conforman: ¿dónde está la verdad? (el esclarecimiento de los hechos y de los responsables), ¿dónde está la reparación? (la indemnización para que el proceso no legalice el perjuicio que han sufrido las víctimas), ¿dónde está la sanción? (el gesto, aun cuando sea simbólico, que reafirma que la impunidad no existe).

Las operaciones militares intentando liberar secuestrados a riesgo de ellos y la propuesta de condenar a penas de cárcel a los familiares que busquen su liberación por otros medios, son una escalada comparable al 'decreto de guerra a muerte' de nuestra independencia, solo que en contra y a costa de las víctimas y desconociendo ostensiblemente lo que para el avance de la humanidad significó la aceptación del Derecho Internacional Humanitario.

Incluso el resultado del esfuerzo en lo propiamente militar también motiva dudas. Los secuestros han disminuido, pero los desplazados aumentan (lo mismo sucedió en Antioquia bajo la gobernación del doctor Uribe), agravándose con el hecho de que los enfrentamientos hoy son entre grupos paramilitares. La guerrilla se ha replegado (el mayor éxito parece ser el de las caravanas durante los puentes), pero no ha caído ningún pez gordo (solo un comandante de uno de los 70 frentes, ningún jefe de bloque o del comando central) ni se ha asestado golpe militar de importancia.

En resumen, ningún resultado consolidado satisfactorio aparece y, en sentido contrario, el abandono de los aspectos jurídicos, humanitarios, económicos, sociales, etc. muestra un país a la deriva pendiente de un triunfo militar que no se avizora.

¿Hasta dónde irán las apuestas?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?