Juan Manuel López Caballero

| 6/27/2003 12:00:00 AM

Todo depende del cristal con que se mide

El crecimiento está generando aún más desigualdad.

por Juan Manuel López Caballero

'Negativo por negativo da positivo'. Eso, que es el principio más elemental del álgebra, se puede aplicar también a la economía. Fue lo que sucedió respecto al crecimiento del PIB en el primer trimestre del año: fracasó el gobierno en el manejo de la política de austeridad y de ajuste fiscal generando uno de los mayores aumentos de gasto que ha registrado la nación (45%); y sus sabios, obcecados con la idea de que el crecimiento no depende del consumo sino de la inversión, se equivocaron en los efectos que ese mayor gasto podía producir. Esa doble falla produce que para ellos el resultado sea sorpresivo; no pudiendo aceptar sus propios errores, desconocen que sea consecuencia del aumento de la demanda agregada y buscan una interpretación a posteriori en 'la mayor confianza' que según ellos despiertan sus políticas económicas.

Lo grave es que se aplica también el principio matemático de que 'positivo por negativo da negativo'. En este caso, este crecimiento (positivo) que por imprevisto y no esperado no tenía orientación ni manejo (aspecto negativo) está acompañado de efectos perversos que se ha pretendido minimizar.

En lo económico, como es lógico y como bien lo analizó Javier Fernández Riva, ese mayor gasto necesariamente va acompañado de un desfase fiscal creciente; la cifra registrada (0,5%) se debe comparar no con la meta esperada del promedio del año (0,7%) sino con la del mismo período del año anterior para tener en cuenta la estacionalidad (0,4%). No es un síntoma de mejoría sino de deterioro.

Pero sobre todo en lo social la 'bonanza' tiene aspectos peligrosos: la recuperación en el sector construcción es en los estratos 5 y 6 pero con una disminución respecto al anterior semestre del 50% en la Vivienda de Interés Social. Repuntaron las ventas de carros pero en cambio disminuyó la venta de alimentos y de productos básicos en un 8%. Aumentó el crédito pero no los beneficiarios, concentrándose aún más la disponibilidad de recursos en quienes ya los tienen. El sector rural creció solo 1,6%, menos que el 3,8% del conjunto de la economía y menos que el aumento de la población, agrandándose la brecha entre campo y ciudad y empobreciéndose los habitantes del campo. En otras palabras, el crecimiento está generando aún más desigualdad.

Y eso nos lleva a la pregunta de fondo: ¿cuándo tiene éxito un Gobierno -o un Estado- en sus políticas económicas?

Para los neoliberales cuando logra la estabilidad macroeconómica. De ella 'naturalmente' debe venir más crédito y mayor inversión extranjera, con ella el crecimiento, y con él también 'naturalmente' la mejoría para toda la población. El fin último supondría garantizarlo el cumplimiento de la premisa mayor, luego solo a ella se atiende.

Para los economistas convencionales, la meta debe ser el crecimiento. Coinciden con los anteriores en que este producirá mayor bienestar a toda la Nación, pero, según las escuelas, este crecimiento puede ser obtenido por la vía del déficit, de la expansión monetaria, del endeudamiento o incluso de un 'mal holandés' ya que su propia dinámica debe corregir las inestabilidades que ayudaron a propiciarlo. El objetivo último (más bienestar) viene también 'naturalmente', pero la acción del gobierno no se encamina a manejar un medio (estabilidad) bajo el supuesto de que garantiza el resultado buscado (crecimiento), sino a buscar por cuál de los posibles medios este último se logra mejor.

Otro enfoque sería el de la Economía Política para la cual la administración de la economía es solo el instrumento para lograr mejores condiciones de vida y de armonía y convivencia para todos los miembros de una sociedad. El crecimiento podría servir este propósito siempre y cuando vaya aparejado de una mejor distribución de lo que se logra. Un crecimiento que amplía la brecha no es visto entonces como beneficioso sino por el contrario como causante de futuros males.

Al gobierno le puede estar pasando algo peligroso en cuanto al manejo de la economía y al manejo del conflicto armado: está convirtiendo en objetivo mismo lo que, sin certeza alguna de que sea la apropiada, podría ser una estrategia para alcanzar un objetivo final; pero al hacer eso, está contrariando el resultado mismo que debería buscar. En lo económico convirtió en 'costos necesarios' la política con más daños sociales que se haya visto en Colombia (reformas, laboral y pensional, despidos masivos, aumento de impuestos, congelación de salarios, etc.). En el conflicto abandonó el propósito de 'buscar la paz' por el de 'ganar la guerra', sin que haya claridad de en qué consiste esto, de cuándo se logra, o de cómo se derrota una violencia sin corregir sus causas. No es por la vía de renunciar a los acuerdos humanitarios, de no diferenciar combatientes y no combatientes, de involucrar población civil al conflicto (v. gr. soldados campesinos o informantes), de desconocer el Derecho Internacional Humanitario, como nos acercaremos a la Paz.
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