Opinión

  • | 2006/03/01 00:00

    TLC

    A diferencia de lo que ocurría con los tratados regionales, los compromisos adquiridos en el TLC tendrán que tomarse en serio, y ello será una gran ganancia.

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El 27 de febrero se acordaron, por fin, los términos del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos. Aún no está disponible el texto oficial y, de todas maneras, muchas de sus complejas consecuencias solo se irán entendiendo mejor una vez los afectados digan dónde les aprieta el zapato. Pero, después de haber evitado durante dos años hablar aquí del TLC, me parecen oportunos unos comentarios.

Espero que el Tratado sea aprobado por nuestro Congreso, pero no porque lo considere una maravilla sino porque me parece que los cambios de la economía mundial hicieron demasiado costoso para Colombia mantener en forma permanente una protección selectiva frente a la competencia externa. Como no partimos de cero, conviene que la desgravación sea gradual, no inmediata, pues la reasignación de los recursos lleva tiempo y hay que evitar más complicaciones de la cuenta. Pero, en una perspectiva de 10 ó 15 años, Colombia debe apuntar a aranceles nulos frente al mundo, de manera que cualquier ajuste de los precios de los bienes y servicios locales relativos a los internacionales, requerido para mantener el empleo y el crecimiento, se efectúe vía el tipo de cambio.

El TLC no debería mirarse como un punto de llegada sino como el primer paso hacia la liberación total del comercio colombiano. Sé que existen muchas justificaciones teóricas para aranceles no nulos, como las diferencias entre los precios "sombra" o sociales y los de mercado, pero pecaría de ingenuidad imperdonable si, a estas horas, todavía creyera que una estructura de protección que sea viable políticamente se ajusta a esas justificaciones teóricas.

Por cierto, en el TLC entre Estados Unidos y Perú, en el capítulo "Trato nacional y acceso de mercancías al mercado" se establece que "ninguna parte podrá (.) adoptar ningún arancel aduanero nuevo, sobre una mercancía originaria". Si el TLC con Estados Unidos contiene una cláusula similar es esencial que se aclare que la norma no restringe la autonomía de Colombia para reducir sus aranceles frente a terceros países. En otro caso sería una barbaridad y entraría en contradicción con la estrategia que propongo para el largo plazo, de eliminar todos los aranceles evitando de esa manera los costos de desviación del comercio originados en preferencias selectivas.

Aunque los funcionarios estadounidenses usaron la presunta resistencia de sus legisladores a conceder rebajas arancelarias sin contraprestaciones, como argumento para obtener más concesiones de Colombia, estoy seguro de que el Congreso de ese país aprobará el TLC pues Estados Unidos será un ganador neto. Una razón para ello es que poco del mencionado 99,9% de acceso libre de productos industriales de Colombia al mercado estadounidense será nuevo frente a lo que ya se había concedido, en forma transitoria, bajo el ATPDEA, y nada será nuevo respecto a lo que ya le había concedido Estados Unidos a muchos otros países, como México, Chile y los centroamericanos. En la mayoría de los casos lo que Estados Unidos hizo fue generarles más competencia a sus actuales abastecedores. Para los bienes cuya producción quiere defender, como el azúcar, Estados Unidos mantuvo todas las barreras a las importaciones. Otra razón por la que ganará Estados Unidos es que Colombia le concedió importantes preferencias aduaneras pues para muchos bienes mantiene altos aranceles e incluso virtual prohibición de importaciones de terceros países. Para no hablar de otro montón de cosas, como las normas sobre medicamentos, propiedad intelectual, seguridad para las inversiones, etc. No dudo que esos beneficios del TLC para Estados Unidos serán destacados por los funcionarios estadounidenses cuando llegue la hora de defender el tratado en el Congreso de ese país.

Me parece bobalicón decir, como oigo con tanta frecuencia, que uno de los grandes beneficios del TLC será el abaratamiento de las importaciones para los consumidores, usuarios de bienes intermedios e inversionistas. Para abaratar las importaciones, si eso es lo que busca, un país no tiene que negociar arduamente con otro: tiene total autonomía para reducir sus aranceles. O la tenía, por lo menos, antes del TLC, pues repito que todavía no tengo claros los alcances de la norma que ya mencioné para el TLC de Perú, y que me atrevo a apostar que se trasplantó al TLC con Colombia.

Para mí, la mayor ventaja del TLC es que, por primera vez en su historia, Colombia adquirió compromisos de liberación comercial y en otras áreas que tendrá que cumplir estrictamente, sin recurrir al proceso de renegociación perpetua, o al simple incumplimiento, que caracterizó ALADI, Grupo Andino y G3. En ese nuevo contexto el manejo de la política macroeconómica, incluyendo la de tipo de cambio y tasas de interés será, sin ambigüedad posible, responsable del éxito o el fracaso en materia de crecimiento y empleo.
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