Opinión

  • | 2004/07/23 00:00

    TLC: ¿entre David y guayaba madura?

    Quién lo creyera. Por fin, la biodiversidad, uno de los principales y más olvidados patrimonios de Colombia, está en primer plano gracias a las negociaciones del TLC.

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Las columnas de Daniel Samper y el editorial de El Tiempo han puesto el dedo en la llaga al llamar la atención sobre el particular interés que tienen los negociadores gringos por ampliar su sistema de patentes a plantas y animales dentro del capítulo de propiedad intelectual del TLC y las graves repercusiones que encierra tal solicitud. Se trata, sin lugar a dudas, del primer debate serio que se da en el país sobre la materia.

La biotecnología moderna, de la cual los países industrializados son sus dueños, requiere como materia prima, para generar productos con altísimo valor agregado, el acceso a nuestros recursos genéticos, en este caso nuestra biodiversidad.

Una planta o animal se analiza genéticamente en los laboratorios de las multinacionales, para identificar sus atributos que luego se traducen en medicinas y otros productos para los mercados mundiales. Son procesos largos y costosos, que encierran innovación y, por tanto, son patentables. Hoy más de la mitad de las drogas que son comercializadas se basa en sustancias naturales.

Muchos de estos atributos forman parte del conocimiento y uso tradicional que los pueblos indígenas han identificado a partir de su interrelación con el mundo natural, hoy saqueados para ser patentados por compañías extranjeras sin ningún tipo de reconocimiento ni retribución. Se ha llegado, incluso, a patentar el yagé, la planta sagrada de los pueblos amazónicos.

La biopiratería se ha prestado para que los conocimientos colectivos de estos pueblos se traduzcan en beneficio particular de empresas privadas mediante el sistema de patentes.

La presión ha llegado a tal punto que Hernando José Gómez, jefe del equipo negociador del TLC, ha tenido que salir al paso para aclarar que el régimen común andino de propiedad intelectual (Decisión Andina 486 de 2000) excluye la patentabilidad de plantas y animales y que los países andinos se oponen vehementemente a este tipo de patentes por ser ajeno a nuestra tradición jurídica y ética, y que, por el contrario, las negociaciones permitirán a Colombia, país que sufre de actos de biopiratería, lograr la observación del régimen de acceso a recursos genéticos (Decisión Andina 345 de 1993) por parte de los estadounidenses. Propuesta ingenua que plantea a la contraparte quedarse sin el pan y sin el queso.

La región andina posee el 25% de la biodiversidad mundial y Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad. Se trata de un recurso estratégico para nuestro desarrollo futuro.

Sin embargo, sin capacidad biotecnológica -nuestros presupuestos están destinados a la guerra- será poco lo que podamos hacer para darle un mayor valor a la biodiversidad y por este camino, por ejemplo, dar opciones económicas e innovativas y de largo plazo a los campesinos cultivadores de coca, quienes a su vez encontrarían estímulos para la protección y uso sostenible de los bosques que vienen destruyendo y el gobierno fumigando.

Por fortuna, nos favorece ser parte del Convenio de Diversidad Biológica -Estados Unidos es el único país que no lo ha ratificado- y, particularmente, los acuerdos andinos que fueron firmados en épocas en que los temas ambientales eran importantes para nuestros gobiernos. Para que los estadounidenses tengan acceso y puedan patentar nuestras especies se haría necesaria una modificación a las decisiones andinas, algo poco probable pues para ello se requeriría la aprobación de Venezuela, que ha quedado marginada de las negociaciones del TLC por razones políticas.

En los próximos meses, veremos una batalla sin cuartel por parte de los estadounidenses sobre este tema. Ojalá que para aquel momento nuestros negociadores mantengan con firmeza su posición y no terminen plegándose a las presiones del imperio y a los intereses de corto plazo, que sin lugar a dudas estarán al orden del día. Pasar de un escenario de fortaleza como el de David y Goliat a uno de toche y guayaba madura podría estar a la vuelta de la esquina.
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