Opinión

  • | 2005/10/15 00:00

    Terrorismo ambiental

    El huracán Katrina reafirmó una vez más que de no tomarse en serio el incremento del calentamiento global, las consecuencias para el planeta y sus habitantes serán devastadoras.

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Cuando en 2001 el presidente George W. Bush anunció que no ratificaría el Protocolo de Kyoto, nunca pensó que años más tarde los efectos del cambio climático le generarían el mayor revés político en popularidad y aceptación. Según una encuesta de la revista Time, los niveles de aprobación del presidente, luego de la tragedia de Nueva Orleans, cayeron al 42%, la cifra más baja desde el inicio de su mandato.



El huracán Katrina reafirmó una vez más que de no tomarse en serio el incremento del calentamiento global, producto de las emisiones de gases con efecto invernadero, las consecuencias para el planeta y sus habitantes serán devastadoras. Además, el huracán destapó una serie de realidades ocultas en el país más poderoso del mundo: racismo, pobreza, colapso del sistema de seguridad nacional y fallas en el poder ejecutivo para enfrentar la tragedia.



Clinton había firmado el Protocolo de Kyoto en 1997, comprometiéndose a reducir las emisiones de gases con efecto invernadero -dióxido de carbono- en 6% con respecto a los niveles de 1990. Con su decisión de no ratificación del Protocolo, el presidente Bush no solo no cumplió lo pactado, sino que permitió un aumento del 15% con respecto a las de 1990. Estados Unidos, con un 36% del total, es hoy el mayor emisor de gases generadores del calentamiento global. De continuar como vamos, se estima un aumento de la temperatura entre 4,5 y 5,3°C en los próximos 100 años.



Para su decisión, ¡vaya paradoja!, Bush argumentó que los acuerdos de Kyoto resultaban muy costosos para la economía de su país. Hoy, los daños ocasionados por el Katrina -aún no totalmente cuantificados- se estiman en US$100.000 millones, cifra muy similar al PIB anual de Colombia. Esto sin tomar en cuenta las víctimas, el millón de desplazados y mucho menos el impacto que el alza de los precios del petróleo tendrá en la economía estadounidense y en la global. De otro lado, los especialistas económicos ya empiezan a hablar de una posible recesión.



La administración Bush había concentrado sus esfuerzos en la seguridad nacional para enfrentar futuros ataques terroristas. Así, un poco después del 11 de septiembre, creó el Departamento de Seguridad Nacional con 23 agencias federales, una burocracia de 180.000 empleados y un presupuesto anual de US$40.000 millones. Desconocía la administración que el tema de seguridad requiere una mirada integral más allá de la seguridad militar: seguridad social, alimentaria, ambiental.



La información científica muestra cómo el aumento en la temperatura del planeta generará de manera progresiva una mayor intensidad y duración de los huracanes. Los glaciares continuarán derritiéndose, lo cual afectará los niveles del mar, erosionará las costas, generará grandes inundaciones y secará las fuentes de agua en las zonas de montaña; las sequías y hambrunas serán más prolongadas y frecuentes; los incendios forestales se incrementarán en intensidad y serán más devastadores; continuará la desaparición de especies vulnerables a cambios de temperatura y los arrecifes coralinos seguirán muriéndose.



Quizás se trate de una nueva forma de terrorismo, el terrorismo ambiental, aquel que genera dolor, muerte y destrucción sin tomar en cuenta fronteras, religiones, culturas o el poderío de un país. Solo que esta vez se trata de una situación anunciada y prevenible. Una situación que depende de la capacidad de nuestros dirigentes para entender los efectos de largo plazo ocasionados por el daño ambiental. Es hora de que la administración estadounidense tome las medidas correctivas en este frente al entender que su seguridad nacional no solo depende de la prevención del terrorismo sino del tratamiento que se dé a los temas ambientales, en particular a la reducción de emisiones con efecto invernadero. En esta ocasión, la situación ha sorprendido al presidente Bush con los calzones abajo.
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