Opinión

  • | 2004/03/19 00:00

    ¿Techo de cristal o piso pegajoso?

    Cuando a una mujer se le ofrece un puesto de mayor responsabilidad puede optar con mayor facilidad que un hombre por no aceptarlo. La razón, tiene más opciones.

COMPARTIR

Dirijo tesis sobre el tema del liderazgo femenino y una de las estudiantes está desarrollando su trabajo sobre las mujeres directivas en el sector financiero. La semana pasada me llegó con la hipótesis, que había leído en alguna parte, de que las mujeres no llegan a la cúspide de la pirámide organizacional en la misma proporción que los hombres porque están paradas en un "piso pegajoso" y no porque encuentren un "techo de cristal".

La pregunta sobre por qué las mujeres tienen una baja participación en los niveles directivos, si hoy el ingreso de las mujeres a la universidad es del 50% y son tanto o más buenas en graduarse en un tiempo límite y exitosamente que los hombres, tiene varias respuestas, quizá todas válidas, desde cuestiones culturales de la sociedad o de la organización en particular, hasta diferencias individuales, entre otras.

La hipótesis que quiero exponer aquí es que muchas mujeres, y lo digo por entrevistas que he realizado, prefieren su paz y tranquilidad a un ascenso, mientras que la mayor parte de los hombres acepta el ascenso sin considerar cómo los afecta en el nivel personal. Esto viene, en mi concepto, de la división de papeles sexuales y sociales: los hombres han sido socialmente responsabilizados de la dimensión de lo público, del trabajo, de lo externo. Su papel es trabajar y producir económicamente, ocuparse por fuera del hogar, ser profesionales, tener un oficio.

Las mujeres, por su parte, se han hecho cargo del terreno de lo privado, como lo propio a su identidad. A ellas les corresponde el bienestar en el hogar y el bienestar personal de cada uno de los miembros de la familia. Ellas se han hecho cargo del cuidado.

Con el ingreso al mundo laboral y la atención a las exigencias de este medio, las mujeres han tenido que asumir ambas funciones -laboral y familiar / personal- con mayor o menor eficiencia y angustia, según el caso y según el apoyo que reciban de su esposo y de su medio. Lo importante en términos del argumento que estoy planteando aquí, es que las mujeres tienen, por definición -digámoslo así-, dos espacios, dos áreas por desarrollar. ¡Tienen opciones! De forma tal que cuando se les plantea la posibilidad de ascender a un puesto de mayor responsabilidad, que puede implicar un aumento en la presión, se preguntan si lo quieren hacer o no. Y lo dudan porque no es parte de su identidad tener que asumirlo. No es que no sean capaces, es que pueden escoger. Aunque, en honor a la verdad, su contribución económica es tan importante en términos del ingreso familiar que la posibilidad de optar puede no ser tan clara.

Para los hombres, en cambio, la opción de pensarlo no es clara. Su "gremio" los castiga, si no juegan con las reglas del juego. Tanto, que quien no acepta un ascenso, generalmente, tiene que cambiar de empresa porque pierde muchos puntos a los ojos de jefes y subalternos. Incluso, se le considera inepto o cobarde. Y paradójicamente se necesita mucho valor para no aceptar una promoción en aras del bienestar personal o de la familia.

Las mujeres -para bien y para mal- escogen. Y si a esto se refiere "el piso pegajoso" y ellas, en ejercicio de su autonomía, deciden no escalar posiciones, pues es preferible al techo de cristal porque este se lo ponen los otros.

El cuestionamiento que plantea toda esta situación, si es real, es a las organizaciones, a la estructura piramidal, al juego de la competencia, al principio de ganar o perder, a las exigencias de presión tan altas en el trabajo, al patrón masculino de distribución del tiempo y de establecimiento de prioridades. Nada justifica ese nivel de tensión, ni esa prelación de lo público sobre lo privado.

Si las mujeres se resisten a entrar en este tren, si voluntariamente prefieren el piso pegajoso, ¡bienvenido sea! Lo importante es que no por eso se considere que ellas tienen un problema. Revisemos la forma de trabajar que hemos ido asumiendo como sin darnos bien cuenta. Y si las mujeres están dando un mensaje al respecto, ¡escuchémoslo! Esa es parte de su contribución.



conniedesantamaria@hotmail.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?