Opinión

  • | 2007/12/07 00:00

    Tarjeta amarilla para el planeta

    La forma en que hemos conducido nuestros procesos de desarrollo muestra cómo estamos sobrepasando la capacidad de carga de la atmósfera de la cual dependemos todos los habitantes del planeta.

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¿Cuáles son las amenazas y limitaciones que impone el cambio climático al desarrollo económico, la gobernabilidad y el desarrollo humano a nivel mundial? Muchos de estos interrogantes, así como algunas posibles respuestas, son planteadas por el Informe de Desarrollo Humano (IDH) 2007-2008 La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido que acaba de lanzar el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

El informe hace un llamado a la comunidad internacional y a los gobiernos a tomar acciones inmediatas ante "la implacable urgencia" que implica el calentamiento del planeta que vincula nuestro presente con el futuro. Las evidencias, hoy comprobadas científicamente, nos muestran cómo el cambio climático es diferente a los demás problemas que enfrenta la humanidad. El IDH alerta sobre la enorme concentración de gases efecto invernadero y su constante aumento, producto de las actividades humanas, que atrapan el calor de la atmósfera del planeta y que en las últimas décadas ha superado el rango natural de temperatura de los últimos 650.000 millones de años, situación ésta que puede llegar a generar un aumento de cinco grados centígrados en la temperatura mundial a lo largo del siglo XXI .
 
Para los científicos un umbral manejable de incremento de la temperatura es aquel no mayor a dos grados centígrados, siendo este ya clasificado como un cambio climático peligroso. A partir de este punto se haría inevitable un daño ecológico global difícil de superar, lo que a su vez se traduciría en un rápido retroceso en materia de desarrollo humano puesto que los impactos de este fenómeno conducen a erosionar las libertades humanas y comprometen los derechos humanos.

La forma en que hemos conducido nuestros procesos de desarrollo muestra cómo estamos sobrepasando la capacidad de carga de la atmósfera de la cual dependemos todos los habitantes del planeta sin distingo de raza, condición económica o religión.

Las grandes inundaciones, tormentas y huracanes, y las prolongadas sequías que estamos viendo en diferentes partes del mundo, hoy eventos asociados al cambio climático, golpean todos los continentes; sin embargo, son los más pobres y vulnerables los más afectados. Los países más ricos vienen invirtiendo enormes recursos para protegerse de eventos climáticos extremos. Un buen ejemplo es el Reino Unido que destina cerca de US$1.200 millones anuales en defensas contra las inundaciones, situación que contrasta con los ofrecimientos y promesas de toda la cooperación internacional destinados a los países en vías de desarrollo para que puedan establecer programas de adaptación y protección que no llegan a US$220 millones. Para nadie es un secreto que son los países industrializados los principales responsables de las emisiones de los gases causantes del cambio climático.

La solución se constituye en el principal desafío de la humanidad en nuestros días y requiere de un fuerte liderazgo político. Sin embargo, el IDH muestra cómo existe una doble moral en los procesos de decisión política, pues si bien muchos de los gobiernos de los países desarrollados reconocen en el cambio climático "una crisis de seguridad mundial", a la hora de hacer las reformas en sus sistemas energéticos para contrarrestar el aumento en el calentamiento global, su expresión de voluntad política se queda en retórica.
 
Solucionar la amenaza sobre el planeta requerirá de una profunda reflexión sobre las formas tradicionales de generación de riqueza y la cultura de consumo, también en la forma de hacer política. Es necesario fijar precio a la emisión de gases, situación que transformará los sistemas productivos. De otro lado se debe privilegiar e incentivar el uso de energías alternativas, en especial solares y eólicas, en tanto que es necesario tener mucha precaución con los biocombustibles dados sus posibles impactos ambientales y en la seguridad alimentaria por el aumento de los precios de los alimentos básicos.

El planeta nos está mostrando tarjeta amarilla y la agresividad con que se viene jugando este partido puede llevar a que todos quedemos expulsados del más maravilloso lugar que nos ha regalado el universo.
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