¿Subsidio al desempleo?

| 10/27/2000 12:00:00 AM

¿Subsidio al desempleo?

Más que un auxilio al desempleo, se necesita financiar la educación de los jóvenes más pobres.

por Hugo López

Agobiado por la crisis actual de empleo, el país se pregunta si, en espera de que lleguen tiempos mejores, resulta conveniente y viable establecer un auxilio al desempleo. No obstante, a menos que se focalice adecuadamente, en las actuales condiciones (más de 3 millones de desempleados en todo el país) su costo sería prohibitivo.



Como la duración media del desempleo es actualmente cercana a las 40 semanas (unos 10 meses), la tasa de incidencia (las personas distintas que sufrirían un desempleo medio de 10 meses al año) es, en todo el país, el 19,7% de la fuerza laboral, cifra más elevada que la tasa de desempleo observada en cada mes, de manera puntual. Ello significa que la economía habrá perdido en el año unos 36'530.000 meses/hombre de trabajo (19,7% x 18,5 millones x 10 meses). Algunas personas, las que inicien su desempleo entre enero y octubre, perderán 10 meses, otras, las que inicien en noviembre y diciembre o terminen entre enero y septiembre, habrán perdido menos de 10 meses.



Si hubiera que subsidiar esa masa durante todo el tiempo de cesantía al salario mínimo, ello representaría más de US$1.200 millones anuales a la tasa actual, suma que supera ampliamente las posibilidades fiscales del gobierno nacional. Aunque esa suma se reduciría a unos US$1.000 millones si la población por cubrir fuera exclusivamente urbana (la de las cabeceras), seguiría por encima de las capacidades económicas del país.



Lo anterior significa que, para que sea económicamente viable, habría que focalizar el subsidio. Si se atendieran exclusivamente los desempleados pobres de los deciles 1 a 4, el monto se reduciría a US$647 millones; si se limitara a los deciles 1 a 3 bajaría a US$526 millones y si se restringiera a los deciles 1 y 2 caería a US$371 millones. Sin embargo, la necesidad de focalizar el subsidio no surge exclusivamente de consideraciones de costos. La equidad exige dirigirlo exclusivamente hacia los más pobres y la eficiencia exige hacerlo de tal manera que no se generen efectos perversos (fomentar el ocio pasivo para gozar del subsidio) sino, al contrario, útiles (para capacitarse). Esas consideraciones han obligado al Gobierno nacional a diseñar dos programas distintos que, al ritmo a que vamos, quién sabe cuándo empezarán. El primero, el de subsidios condicionados (US$230 millones en 3 años), se dirige exclusivamente a los hogares urbanos más pobres (unos 350.000 en 78 ciudades) buscando, de pasada, incidir en la tasa de escolaridad de los niños. El segundo (US$70 millones en tres años y en siete ciudades) consiste en focalizar el auxilio en los jóvenes pobres financiando el costo de su capacitación para que mejoren sus posibilidades de inserción laboral y atendiendo, mediante estipendios de alimentación y transporte, a la manutención de los mismos.
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