Opinión

  • | 2008/04/25 00:00

    ¿Son imparables los precios?

    Los precios de los "commodities" se han disparado en los últimos años, generando desafíos a nivel mundial y oportunidades para Colombia.

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El aumento de precios de los commodities ha sido dramático en los últimos años. Desde que comenzó el último ciclo expansivo de la economía mundial en el año 2002, los precios han aumentado del 100% al 300% (ver gráfica). Para los principales países de América Latina este ha sido un fenómeno muy positivo -el beneficio de los mayores precios en las exportaciones ha sido mucho mayor que el costo de los mayores precios en las importaciones-. Sin embargo, no todos los países se han beneficiado. Los importadores de energía en América Central y el Caribe han sido fuertemente afectados por el alza del petróleo.

Aunque el aumento de los precios ha beneficiado las economías de América Latina en general, incluyendo Colombia, también es verdad que está generando problemas colaterales. El más preocupante es el aumento del costo de vida, principalmente en los países en desarrollo y en los hogares de menores ingresos.

Los hogares y países de menores ingresos gastan una mayor proporción de sus ingresos en alimentos que los países/hogares de mayores ingresos. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional calcula que la incidencia directa del precio de los alimentos en la inflación en América Latina en 2007 fue del 37%, mientras que en los países desarrollados tan solo del 18% (*). Por lo mismo, en los últimos meses se han encendido las alarmas en relación con el deterioro de la condición de los más pobres, al punto que algunos organismos multilaterales están preocupados por posibles hambrunas en estos países.

Los países desarrollados no son inmunes. Para los bancos centrales de esos países el aumento de los commodities no pudo venir en un peor momento. Las presiones inflacionarias están apareciendo justo en el momento en que es necesario bajar las tasas de interés e inyectar liquidez a las economías para evitar una recesión profunda, consecuencia de la crisis crediticia.

¿Se reversará la tendencia?.

Los precios de los commodities normalmente han retrocedido cuando se desacelera la economía mundial. Así ocurrió durante el último período de desaceleración (2000-2001). Sin embargo, aunque la economía mundial parece estar entrando en un periodo de desaceleración, en esta ocasión hay razones para creer que los precios no caerán.

La principal razón es que las economías en desarrollo continúan creciendo a un ritmo promedio de 7% anual, impulsadas por la China y la India. Esto está llevando a que la demanda para muchos commodities continúe creciendo muy por encima de patrones históricos, superando la capacidad de crecimiento de la nueva capacidad productiva. Por ejemplo, cada vez es más caro y más difícil aumentar la capacidad de producción petrolera. Sin embargo, las economías en desarrollo vienen aumentado la demanda de petróleo en los últimos años a un ritmo de un millón de barriles diarios por año, ¡equivalente al doble de la producción total colombiana!

La presión sobre los precios de energía está siendo transferida a los precios de los alimentos por causa del desarrollo de la industria de biocombustibles. Por ejemplo, la proporción de la cosecha de maíz en Estados Unidos para producir etanol subió de 6% en el año 2000 a 25% el año pasado. Esto también afectó los precios de la soya, porque la mayor parte del crecimiento en el área del cultivo del maíz, para aumentar la producción de etanol, se dio a costa del área cultivada en soya.

Implicaciones para América Latina.

Este fue uno de los temas más discutidos en la reunión de la semana pasada en el Foro Económico Mundial en Cancún, México. En general, la disparada de los precios se ve como una gran oportunidad para la región, si somos capaces de aumentar significativamente la capacidad de producción de estos commodities. De hecho, América Latina se está perfilando como la clave para resolver los problemas de abastecimiento global.

El caso de los alimentos y los biocombustibles es un buen ejemplo. Brasil y Colombia tienen grandes extensiones de tierra que pueden ser aprovechadas para suplir las necesidades del mundo. En el caso colombiano, se estima que podríamos aumentar en 15 a 20 millones de hectáreas el área de cultivos, principalmente en los Llanos.

Sin embargo, esto solo es posible si pensamos y actuamos en grande, como lo ha hecho la China. Para aumentar la producción agrícola en este orden de magnitud es necesario construir infraestructura de transporte masivamente, sistemas de riego y canalización, así como acelerar los procesos relacionados con temas críticos como títulos de propiedad y licencias ambientales. Parece haber llegado la gran oportunidad para desarrollar en grande nuestra agroindustria.



* Fuente: IMF Economic Outlook, Globalization and Inequality, octubre 2007
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