Opinión

  • | 1999/06/03 00:00

    Sobrevivir a la Corte

    La más reciente decisión de la Corte sobre el upac podría poner en dificultades a las corporaciones de ahorro.

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La prohibición de la Corte de capitalizar intereses de los créditos tiene delicadas implicaciones económicas, pero no causará un desastre si las tasas de interés reales se mantienen en un rango razonable.



Como casi todos mis colegas y muchos juristas, estoy atónito y preocupado por la osadía de la Corte Constitucional, demasiado inclinada a dictar sentencias en materias económicas que van más allá de dejar en pie o tumbar las normas demandadas y se parece demasiado a legislar sobre asuntos que no comprende. El más reciente fallo sobre el upac que, según se anunció, obligará a la Junta del Banco de la República a calcular la corrección monetaria exclusivamente con base en la inflación y prohibirá la capitalización de intereses, es otro ejemplo de esa disposición.



La impredecible e inapelable legislación económica de la Corte se ha convertido en un riesgo significativo para cualquier inversión de largo plazo. Un riesgo que hoy se suma a la incertidumbre de la regulación económica asociada con las negociaciones de paz con una guerrilla que, no necesariamente, está mejor preparada para comprender el funcionamiento de una economía moderna que nuestros máximos jueces constitucionales.



Durante los últimos días, muchos comentaristas han explicado que la sentencia anunciada obligará a elevar las cuotas de los créditos de vivienda durante los primeros años de los préstamos y acabará con los esquemas de crédito actualmente utilizados para financiar inversiones de larga maduración. Por ello, voy a concentrarme aquí en las medidas y políticas que permitirían reducir el daño a la economía.



Primero, lo más sencillo. ¿Cómo preservar el financiamiento de largo plazo para inversiones como la reforestación o los cultivos de larga maduración? La solución obvia es que en tales créditos se adopten esquemas de indexación por inflación (upac o cualquier otro) que eviten que en las cuotas tenga que incorporarse un pago por el componente inflacionario de los intereses. Dentro de ciertos límites, el esquema de la "upaquización" de los créditos es equivalente al de capitalización de los intereses.



La prohibición de capitalizar los intereses impedirá diferir los pagos de los intereses durante la etapa productiva de los proyectos (u obligará a usar mecanismos alambicados para lograr un efecto similar), pero al menos mediante la "upaquización" se lograría minimizar, en este frente, el daño de las audacias económicas de nuestros magistrados.



Ahora, lo complicado. ¿Cómo evitar que las nuevas reglas para los créditos de vivienda puedan matar el crédito hipotecario, ya sea por estrangulamiento de la demanda o por un colapso financiero de las entidades de crédito especializadas?



Es cierto que, aun con el actual nivel de los intereses reales de los préstamos de vivienda, mucho más razonable que el de hace unos meses, si la parte que excede la inflación tiene que pagarse completamente dentro de cada año, las cuotas iniciales serán más altas que las que habría sido posible lograr de otra manera y que por esa razón el acceso al crédito de vivienda se reducirá.



La razón por la que los intereses reales de los créditos de la vivienda no pueden caer por debajo del 13-14% es que para las CAV el costo efectivo de los fondos no es la inflación, sino algo más parecido a la tasa de interés sobre los CDT, superior a la inflación. En lo corrido de este año, de cada $100 de aumento de las captaciones de las CAV, $80 han sido en CDT, con un costo para las entidades que todavía está por encima del 8,0% sobre la inflación para las captaciones nuevas. Y el costo promedio es mucho mayor, pues las CAV todavía están pagando tasas de 30% o más sobre depósitos captados hace unos meses.



Ahora bien, si la tasa de interés de los créditos de vivienda excede la corrección monetaria o inflación entre 12 y 15 puntos (lo que hoy implicaría de 4 a 7 puntos sobre el costo de los CDT nuevos), los esquemas más tradicionales y exitosos de financiamiento de la vivienda, con cuotas mensuales del orden de $15.000 por cada $1 millón de préstamo, seguirían siendo viables, aun sin la capitalización de intereses. Esto es, limitándose a ajustar el saldo de la deuda por la inflación y manteniendo cuotas constantes en upac.



Pero la cosa sólo funcionaría mientras la tasa de interés de los CDT no excediera mucho los actuales niveles reales. Si las de interés reales para los depósitos volvieran a subir, por ejemplo, al 13% (lo que exigiría tasas reales para los créditos de entre 17% y 20%), las cuotas mensuales tendrían que elevarse demasiado.



Hay que reconocer, sin embargo, que la decisión de hacer que el salto de las tasas de interés se reflejara en las cuotas rápidamente, aun a costa de una contracción inmediata del mercado, podría resultar a la postre ser más saludable para las CAV que la decisión de capitalizar una porción exagerada de los intereses reales, y elevar de esa manera la deuda hasta hacerla eventualmente impagable, como ocurrió en el pasado.



El verdadero problema para las CAV, una vez la corrección monetaria quede atada a la inflación, es el riesgo de que en cualquier momento un disparo de las tasas de interés, para defender la banda cambiaria o por imprudencias fiscales, las deje colgadas de la brocha. Con unas captaciones cuyo costo, no importa qué fórmula se use para la corrección monetaria, tendería a seguir las tasas de interés del mercado (ya que ni siquiera una sentencia de la Corte puede obligar a los ahorradores a aceptar en las CAV tasas menores que las que les paguen otras entidades) pero con una cartera de créditos que rendiría la inflación más una tasa de interés fija, el margen efectivo se iría al diablo si las tasas se disparan.



¡Quién lo creyera! Después de que muchos habían desahuciado al upac, el uso de ese instrumento o de algo equivalente aparece como la única salvación del crédito de largo plazo tras la sentencia de la Corte que prohibe la capitalización de intereses. Y una política macroeconómica por la que vengo clamando desde hace años, uno de cuyos pilares consiste en mantener las tasas de interés reales dentro de un rango razonable, evitando las alocadas fluctuaciones observadas durante esta década, parece ser la única vía para preservar la solidez del sistema de crédito de vivienda tras la sentencia que obliga a volver a atar el upac a la inflación.
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