Opinión

  • | 2004/12/10 00:00

    Sobre un modelo de desarrollo

    El crecimiento de los países asiáticos obedeció a su inversión en capital humano y social, con gobiernos autocráticos. ¿Qué pasará en Colombia donde el modelo está equivocado?

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Para justificar la propuesta de apertura, de globalización, del TLC, se utiliza de manera reiterada como referencia el crecimiento de los tigres asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong). Es necesario considerar los complementos que permitieron esos resultados.

Lo primero por recordar es que todos esos países se desarrollaron alrededor de un modelo conceptual en que la planeación y la intervención del Estado eran la columna vertebral. Todos tuvieron un modelo de desarrollo que permitía avanzar hacia los resultados buscados, siempre y cuando se cumplieran los programas previstos.

Probablemente por un enfoque de lo que algunos despectivamente llaman 'populismo social', el elemento central fue el énfasis en la educación como el rubro más importante del presupuesto, con el resultado de que todos ellos tienen indicadores de educación más altos que los estadounidenses (más grados y posgrados per cápita, un nivel en la educación universitaria general promedio más alta y mejor aprovechamiento de la excelencia ofrecida en el exterior). Hoy eso se trabaja en la teoría económica bajo la denominación de 'formación de capital humano', en contraste con el capital físico o inversión en infraestructura, y es reconocido como el factor más importante de crecimiento de una nación.

Una noción paralela es la de lo que se conoce como capital social y se concreta en la fluidez o facilidad con que se desarrollan las transacciones entre los partícipes de una comunidad, en la confianza entre sus miembros y en sus instituciones, o sea, los costos de garantizar el cumplimiento de los contratos y las leyes: qué tan respetada, confiable y eficiente es la administración de justicia y qué tanta armonía y complementariedad (apoyo recíproco) hay entre las diferentes entidades del Estado. Hoy tratadistas y premios Nobel como Ronald Inglehart, Douglass North y Amartya Sen lo consideran con el anterior, como el factor determinante del desarrollo de cualquier sociedad1. También fue esencial en la evolución de los tigres asiáticos, por ser comunidades pequeñas, encerradas y aisladas (Singapur y Hong Kong), o por los fuertes lazos que propiciaban tanto sus culturas tradicionales como la situación de guerras externas (Corea del Sur y Taiwán).

Y otro elemento es la apropiación y desarrollo de la tecnología, inicialmente para limitar la dependencia externa y luego para obtener competitividad. Conocidos son los procesos de 'piratería' que culminan en la especialización del rubro escogido hasta volverlo la punta de lanza del comercio exterior y posteriormente líder en investigación y desarrollo de las respectivas tecnologías.

Condicionado y destinado a que se cumplieran esos objetivos, se diseñó lo que ellos llaman política industrial, que algunos economistas llaman planeación estratégica, y que en el fondo no es más que la programación de cómo se implementaría en lo económico lo que es un modelo de desarrollo; es decir, una vez señalados los propósitos sociales, políticos y económicos (en ese orden de jerarquía), la función y la participación que tendrían las diferentes variables -inversión, ahorro, empleo, etc.- durante el tiempo que requiera la aplicación del modelo hasta cumplir las metas fijadas. En nuestro lenguaje, un manejo de acuerdo con objetivos socioeconómicos preestablecidos y no según criterios macroeconómicos coyunturales.

La continuidad y el poder discrecional de regímenes no propiamente democráticos fueron condiciones para lograr esto, ya que todos los tigres operaban dentro de un sistema capitalista pero bajo gobiernos típicos autocráticos. Por lo demás, características parecidas tuvo Japón, donde había sistema electoral pero el Partido Liberal -especie de PRI mexicano dueño del gobierno- y el MITI -especie de Andi, manejando la planeación- tuvieron el monopolio del poder durante cerca de 50 años; y China, que bajo un régimen 'duro' comunista ha incursionado en las modalidades capitalistas que le convienen.

Esos elementos que llevaron al éxito contrastan con lo que hoy se maneja en Colombia.

El modelo de desarrollo no existe. Estamos regidos por la antítesis que son la guerra y el libre mercado: la expectativa de una victoria militar, sin que se sepa sobre quién (¿narcotráfico?, ¿guerrilla?, ¿terrorismo?), en qué consiste, o qué seguiría después; y un pilar económico que es la teoría neoliberal, los lineamientos del Consenso de Washington, la fe en el mercado como único ordenador de la humanidad. Consecuentemente, el Estado dedica los recursos económicos a la primera y su capacidad legislativa a reducir sus funciones para que reine el segundo.

La noción de capital humano se percibe como 'populista' y de ahí que la poquísima atención que se da a la educación sea desde la perspectiva de tema 'social' (lo que explica además esa poquísima atención); y en cuanto a ciencia y tecnología, la propuesta que impera es que nuestra función se reduce a permitir a sus dueños la oportunidad de explotarlas en nuestro territorio.

La política gubernamental tampoco ha buscado construir capital social mediante la pedagogía de la convivencia y el fortalecimiento de las instituciones. Por el contrario, la gestión política y el dinero público se dedican sobre todo a las confrontaciones -armadas y no armadas-, y las intervenciones del gobierno se orientan a cuestionar toda la institucionalidad y a reemplazarla por vías de hecho (fusiones ministeriales sin legalizar; procesos de reinserción sin reglamentar; supuestas redes de informantes sin marco legal para operar; liquidación de entidades (Inravisión) sin facultades para ello; reducción de órganos políticos como las Asambleas, que resultan inconstitucionales; saltos al vacío en reformas constitucionales, sin saber cómo se complementarán; reformas tributarias improvisadas y repetidas; nombramientos por encima de inhabilidades éticas o incluso legales; 'Consejos Comunales' sin función ni orden diferente de la voluntad del Presidente; etc.). Lo que desde el punto de vista legal son limbos o violaciones a la ley (que por ser el Congreso el órgano de control competente -o más bien, incompetente- no se impiden), desde la perspectiva de la economía y las posibilidades de desarrollo, representan el contrario de los ejemplos que nos proponen imitar.

Además, la inversión en capital físico (infraestructura), la más rezagada del continente, fue reducida este año en un 50%; acumulación de capital financiero no puede haber sin políticas de ahorro; y el capital en recursos naturales hoy es únicamente el de las regalías.

Lo único que parece buscarse copiar es la continuidad y la discrecionalidad de un poder supremo que decida sobre todo y del cual todo dependa. Lo cual en cuanto a la economía no necesariamente es malo, ya que nada más deseable que un 'despotismo ilustrado', con un personaje que con todas las capacidades y todas las virtudes escogiera los modelos políticos y económicos perfectos. Pero (repito, sin estudiar los aspectos sociales y políticos que lo acompañan), ¿qué pasa cuando el modelo no existe o está equivocado?



1. Ver María Mercedes Cuéllar, Colombia, un proyecto inconcluso, Universidad Externado de Colombia, abril de 2000.
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