Opinión

  • | 1997/11/01 00:00

    SÍNDROME DE HERODES

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En Colombia hay cerca de ochocientos mil niños que padecen de patologías sociales irreversibles causadas por el maltrato o el abuso de sus mayores. En Bogotá, el maltrato infantil afecta al 27% de los niños que viven en la ciudad. En ciertas localidades populares, la población infantil afectada llega al 40%, de acuerdo con una investigación en curso que adelanta la economista canadiense Felicia Marie Knaul.



Entre las niñas de catorce o quince años una preocupación muy frecuente es la violación, y ésta ocurre mayoritariamente en el círculo de la familia o en el vecindario. En Cali los fiscales de la Casa de Justicia del Distrito de Aguablanca recorren semanalmente varias escuelas y les enseñan a los niños y a las niñas sus derechos, y la forma de denunciar a sus mayores en casos de maltrato o de abuso sexual. Como regla general, de estas visitas salen dos o tres denuncias en el mismo colegio y otras posteriores.



Este comportamiento de los adultos colombianos -este síndrome de Herodes- no es solamente un problema de derechos humanos, un escándalo moral o una profunda falla del tejido social. También es un problema económico. La sociedad colombiana está destruyendo su capital humano en la cuna. El maltrato infantil también afecta negativamente la capacidad del niño de desempeñarse bien en la escuela, incide en la tasa de deserción escolar en forma importante, y contribuye al afianzamiento de un proceso reiterativo de transmisión de la violencia, porque los adultos que fueron maltratados en su infancia son más propensos a ser violentos. Desarrollan defensas que los hacen insensibles a los problemas de otros seres humanos y son frecuentemente incapaces de sentir empatía o compasión por otros.



La violencia urbana y el consumo de drogas en el barrio o en la familia son otros factores que tienen un efecto muy negativo sobre el desempeño de los niños en las escuelas y sobre su permanencia en ellas. Knaul ha encontrado que el 45% de las familias bogotanas con niños entre siete y diecisiete años han tenido problemas con bandas callejeras, elevándose esta proporción al 65% en algunas localidades. En general, el 29% de las familias de Bogotá han tenido algún problema de violencia en la familia o en el vecindario, y en algunas localidades populares este porcentaje puede llegar hasta el 43% de las familias.



Para principiar a corregir estos problemas hay que analizar el origen de los fenómenos de violencia y las interrelaciones entre variables. Ya vimos cómo el crimen y la violencia afectan las posibilidades de la comunidad de elevar el nivel educativo de los niños. Adicionalmente, los factores económicos inciden sobre el nivel de violencia. Por ejemplo, la criminalidad y la violencia descienden a medida que aumenta el ingreso. La desigualdad del ingreso y la educación están íntimamente ligadas con el nivel de violencia y criminalidad urbana -a mayor desigualdad mayor criminalidad y violencia-. El ciclo económico también produce un ciclo de crimen y violencia. Cuando baja el empleo y decae la actividad económica, el crimen y la violencia suben. Pero no sucede lo contrario cuando la economía se recupera.



La ausencia de instituciones aptas para el cuidado de los niños es un factor que hace crecer la tasa de mortalidad infantil, causando que el desarrollo de los niños y su misma probabilidad de sobrevivencia disminuyan cuando las madres trabajan. Este es un fenómeno que afecta especialmente a las familias más pobres, en las cuales la madre es cabeza de hogar, y que se agrava cuando el nivel educativo de las madres es menor. En el nivel más bajo de la escala educativa, las mujeres cabeza de familia tienen empleo realizando labores domésticas en el otro extremo de la ciudad. Como el transporte es inadecuado, deben salir de sus casas a las cinco o seis de la mañana y regresan a ellas pasadas las siete de la noche. Durante este lapso de tiempo son muchos los infantes que permanecen solos, sin estímulos y sin comida, un día tras otro, durante sus primeros años de vida. Luego salen a casas de madres comunitarias, si tienen suerte, donde permanecen hacinados hasta los cuatro o cinco años, cuando entran a un sistema educativo de muy baja calidad y con insuficiente capacidad.



Todos los factores descritos, cuya incidencia es notoria en los barrios populares del país, afectan negativamente la educación y el desarrollo intelectual y emocional de los niños, con lo cual se reducen sus oportunidades de ser productivos y felices. El maltrato, el abuso sexual, la violencia familiar y la del vecindario, la desnutrición, la falta de estímulos tempranos, la insuficiencia y mala calidad de las instituciones de cuidado infantil y de los colegios públicos, y la incapacidad de estos últimos de retener a los niños y a los jóvenes durante una porción mayor de la jornada son causas del desarrollo humano desigual y de la baja acumulación de capital humano.



Desde el punto de vista de desarrollo económico, todo ello suma para que las perspectivas de crecimiento económico y la productividad de la economía sean bajas. Entonces, la sociedad debería preocuparse prioritariamente por resolver estos problemas de los niños y de los pobres, porque si no lo hace se estarían comprometiendo seriamente las posibilidades de desarrollo de Colombia. Adicionalmente, el cuadro de inequidad social que se presenta alrededor del fenómeno de pobreza urbana es tan aberrante que exige una solución inmediata. Viene a la cabeza una fórmula social-demócrata: ¿por qué no tratamos de rescatar a los niños para que su generación no padezca de las mismas patologías sociales que hacen sufrir a la actual y para que tengan todas las oportunidades para desarrollarse como personas útiles y equilibradas?



Para lograrlo, debemos reconocer que la pobreza se hereda de una generación a otra por entre una maraña de círculos viciosos que condenan a los pobres a ser pobres porque sus padres también lo fueron. Ese es el nudo gordiano que hay que cortar. Principiemos por curar pronto a la sociedad de este país del síndrome de Herodes y por darles una oportunidad a los niños colombianos.
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