Opinión

  • | 2005/05/13 00:00

    Simplificar, no aplanar

    Hay que estar en guardia contra propuestas que, so pretexto de simplificación, acabarían con la poca legitimidad tributaria que nos va quedando.

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No ha pasado un año desde que dediqué esta columna a criticar el presunto enfoque moderno de la tributación según el cual, como dicen algunos colegas, aludiendo con embeleso a las nuevas tarifas tributarias bajas y uniformes de algunos países de la periferia económica, geográfica y cultural de Europa, se lograrían avances en eficiencia y atracción de la inversión sin mayores sacrificios de ingresos fiscales ni de la equidad. Pero quiero volver sobre el tema porque sospecho que se está cocinando una nueva propuesta de reforma tributaria en los términos señalados, que asomará su cabeza quizás tan pronto termine el actual período de sesiones del Congreso.

El punto de partida es reconocer que la actual tarifa "uniforme" de impuesto a la renta para las empresas, 38,5% cuando se incluye la sobretasa, es monstruosa y debería reducirse. Pero lo que la hace monstruosa no es su nivel -que estaría de acuerdo en calificar de inconveniente y atentatorio contra el desarrollo-, sino que, en la práctica, dista de ser uniforme pues el gran capital tributa tarifas muy inferiores, a veces irrisorias. La tarifa media efectiva no alcanza la mitad de la teórica, y no estoy hablando de la que resultaría de meter en el mismo saco a las empresas que cumplen sus obligaciones tributarias y a las del sector informal, que las evaden por completo. Hablo de la media observada en las mayores empresas del país.

Tengo frente a mí, información contable de 273 empresas vigiladas por la Superintendencia Bancaria o la Superintendencia de Valores. La tasa media efectiva de tributación de renta de esas empresas, cuyas ventas exceden dos quintas partes del Producto Interno del país, fue 17,8% en el primer trimestre de este año, y se reduce a 13,7% si se deja por fuera el sector financiero. Cuando se tiene en cuenta que, una vez pagados los impuestos en la firma, a la tasa efectiva que sea, los dividendos distribuidos a los accionistas no tributan un centavo, hay razones para dudar de que la tributación a las rentas del capital sea excesiva en Colombia, o mayor que la tarifa sobre las rentas de trabajo.

Quiero referirme a dos puntos de las tarifas planas de impuesto a la renta que, según se subraya, varios países europeos han adoptado con excelentes resultados. El primero se relaciona con la capacidad de convertir al país que adopte esas tarifas en un imán para la inversión extranjera, como le ocurrió a Irlanda en los 90 y como ahora aspiran a lograr varios países del Este de Europa. Con mis excusas a los lectores por llamar la atención sobre un punto tan obvio, hay que decir que la reacción de la inversión y de la economía en general ante una tarifa tributaria baja y uniforme es diferente en un país miembro de la Unión Europea, en la cual hay perfecta movilidad de bienes, de personas y de capitales, y que además recibe transferencias importantes de la Unión, que le permitieron atender una alta inversión social sin tener que depender completamente de su recaudo fiscal, que la que podría esperarse en un país como Colombia, que entre otras miserias vive un costoso conflicto interno. Mucho me temo que una reducción adicional de la tarifa efectiva media de Colombia -que, como vimos, ya es inferior al 20%, sin que por ello la inversión haya florecido- tendría exactamente el efecto contrario pues le impediría al Estado sufragar el gasto requerido para proveer la seguridad y la inversión social mínimas requeridas para mantener la viabilidad del país.

El otro punto se relaciona con la equidad. En otra columna expuse mi convicción de que "desde el punto de la legitimidad de la tributación de un Estado democrático no es indiferente que (por la vía de impuestos indirectos) la mayoría de la población acabe tributando más, como proporción de su ingreso, que el escaso porcentaje de los más pudientes". Una tarifa plana puede ser aceptable en un país europeo donde virtualmente no exista la miseria extrema. En Colombia, donde miles de personas mueren cada día de necesidad a la vista de una minoría afluente, me temo que una tarifa tributaria plana sería vista como una buena razón para que, hasta los menos inclinados a esas aventuras, pensaran, como el Tuerto López, qué hacen con ese fusil.

En Colombia hay mucho por mejorar y simplificar en materia tributaria, pero creo que la reforma debe buscar que se aplique el viejo principio de tratar igual a los iguales, cosa que hoy está lejos de ocurrir, y en forma desigual a los desiguales, en lugar de aplicar el principio alternativo, "moderno" pero bárbaro, de medir con el mismo rasero tributario al pobre y al rico.
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