Opinión

  • | 2005/01/21 00:00

    Ser felices es toda una tarea

    "La felicidad y el sufrimiento tienen su origen en tu interior; no dependen de nada de lo que sucede en el mundo externo", dice un gran maestro.

COMPARTIR

Después de la Navidad, con todas sus luces y nostalgias, arranca el año, más o menos tarde, según las exigencias laborales o académicas de cada cual. Es una maravillosa oportunidad de marcar un cambio, de introducir modificaciones para que efectivamente el año sea feliz. Corresponde a cada uno/a realizar las actividades y las tareas que se requieran, en cada instante, para efectivamente pasar un año feliz.

Quizá cuando escuchamos o decimos "¡Feliz Año!", no pensamos en nada distinto a una forma de saludar o un deseo abstracto. Sin embargo, si lo tomamos en serio y nos damos cuenta de que no se limita a unos propósitos de año nuevo que luego se olvidan, sino al cumplimiento cotidiano y consciente de aquellas actividades que nos permitan continuar nuestro desarrollo en pro del propósito principal de la vida, que es precisamente ser felices, el reto es grande.

Ser felices es toda una tarea que se expresa en lo que hacemos, pensamos y sentimos y en la medida en que mantengamos una integración coherente entre estas tres dimensiones, la felicidad se puede dar. En esta integración se expresan, para mí, la conciencia y el autocontrol, bases de la tranquilidad. En la medida en que uno pueda, en cada acción, articularla con lo que piensa y siente y viceversa, logra un nivel de autoconciencia que le permite identificar, en cada momento, qué le falta aún, qué tiene que continuar trabajando, qué hay que cambiar. De esta forma, los propósitos de cambio del año nuevo se vuelven algo concreto y realizable.

Para lograr el nivel de conciencia que lleva al cambio, se cuenta en primer lugar con un cuerpo muy concreto, el cuerpo físico: si algo me duele, si algo le cae mal a mi estómago, si no estoy durmiendo bien, tengo que revisar qué está pasando, qué cambios debo introducir en mi alimentación, en mis hábitos de trabajo, por ejemplo. En segundo lugar, tenemos el cuerpo emocional que también nos da mensajes: si me están dominando las emociones de rabia o alegría o tristeza, o el mal genio es frecuente, también esto me muestra que hay algo para revisar. Si en el trabajo me he vuelto irascible o ya no tengo el mismo entusiasmo para atender las diferentes tareas, quizá es el momento de pensar en hacer un cambio. Y qué decir del cuerpo mental, todas esas ideas y creencias que tenemos sobre tantos temas -la amistad, el trabajo, los hombres, las mujeres, la derecha, la izquierda, lo correcto, lo incorrecto- que nos amarran y nos llevan a actuar de formas a veces absurdas. También en este nivel tenemos mucho qué revisar para poder estar menos limitados y ser más felices. "No solo por intereses se matan los hombres entre sí. También por dogmatismo. Nada hay tan peligroso como la certeza de tener razón. Nada resulta tan destructivo como la obsesión de una verdad tenida por absoluta. Todos los crímenes de la historia son consecuencia de algún fanatismo...", decía el biólogo francés y Premio Nobel François Jacob. Sin embargo, dejar las ideas de lado nos cuesta más que cambiar un hábito alimentario, pero bien vale la pena el esfuerzo. Y, por último, nuestro cuerpo espiritual, como yo lo entiendo, es precisamente el que nos permite descubrir que solo desde lo espiritual es posible verse y comprenderse a sí mismo/a como una verdadera unidad; que solo desde esta dimensión se puede entender, en cada instante, que todos los desafíos que la vida le pone a cada uno/a enfrente diariamente en lo físico, lo emocional y lo mental, son las dificultades que necesita para crecer como persona y descubrir su naturaleza espiritual.

En resumen, considero que la tarea de ser felices no es otra que cumplir el mandamiento que dice: "Amar al prójimo, como a sí mismo ". Si logramos trabajar en cada uno de nosotros, amorosamente, en todas las dimensiones arriba mencionadas, podremos luego amar de forma sana a los otros. La felicidad está en estas dos formas de expresión del amor y en ese orden: primero a mí misma y luego a los otros. Así no me dejaré maltratar, ni mantendré o iniciaré una relación que me cause daño. En esta unidad con el otro, se puede expresar la felicidad.

¡Feliz Año!



conniedesantamaria68@hotmail.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?