Opinión

  • | 2005/10/30 00:00

    Segundas partes

    No creo que el segundo período de Uribe vaya a acabar mal, pero soy mucho menos optimista que la mayoría sobre su comienzo económico.

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Hoy me complace estar con la mayoría. Me parece justo y conveniente que esas rara avis, los gobernantes que cumplen sus promesas de campaña y, encima, hacen las cosas bien, puedan someter su nombre a los electores para un segundo mandato. Y me alegro cuando veo que los pueblos expiden el correspondiente dictamen en las urnas.

Sí, estoy muy complacido con el triunfo abrumador del presidente Néstor Kirchner en Argentina, el pasado 23 de octubre. Es cierto que la presidencia no estaba en juego pues se trataba de unas elecciones parlamentarias de mitad de período, pero Kirchner, elegido hace dos años y medio con una mayoría escuálida, reconoció y destacó previamente el contenido plebiscitario de la votación.

Como de costumbre, mi foco es Colombia, pero quise comenzar mencionando Argentina porque el manejo económico de ese país durante los últimos años, con muchos contrastes con el nuestro, fue satanizado aquí y en todo el mundo. Hace año y medio tuve que dedicar esta columna a exponer la falta de sindéresis de alguien que desde una revista económica, expresaba con soberbia la sabiduría convencional sobre la política económica de Argentina y pretendía explicar la recuperación del país por un presunto "viento de cola" que, según auguraba, no tardaría en desaparecer dejando al país peor que antes.

Siempre he dicho que una política económica debe juzgarse por sus resultados, en un horizonte razonable. Este será el cuarto año después del abandono del esquema argentino de la convertibilidad, que llegó a empobrecer hasta la miseria un país inmensamente rico. Hoy Argentina está casi completamente recuperada y exhibe indicadores económicos que con el único lunar de una inflación del 10%, son la envidia de la mayoría de los otros países emergentes.

Es claro que todavía estamos muy lejos de poder decir algo por el estilo en Colombia pero, de creer en los pronósticos de la mayoría de mis colegas, dentro de unos años, gracias a la reelección, podríamos acercarnos a eso. Este número de Dinero, que incluye proyecciones para 2006, confirmará que estoy deliciosamente solo en mi apreciación de que la cosa económica se complicará al comienzo del segundo período de Uribe.

En contraste con el optimismo general de los medios y los analistas económicos veo que, entre los comentaristas políticos, abundan las visiones apocalípticas. Solo a modo de muestra, el pasado fin de semana Felipe Zuleta escribió en El Espectador que Uribe "se desacreditará con la rapidez con que un tumor maligno invade a su víctima" y dijo que era una lástima que la esposa del Presidente, Lina Moreno de Uribe, no fuera la candidata porque "es la única en Palacio que cree que esto acabará mal". En la misma página Lorenzo Madrigal proclamó que "no cree en los ocho años de Uribe. Quizás sea recordado el suyo como el quinquenio, el sexenio o el septenio". De ese calibre son algunas de las apreciaciones políticas. Precisamente porque no comparto esas visiones no puedo evitar una gran incomodidad al tener que señalar que, de acuerdo con mi leal saber y entender, preveo para los próximos dos años serias dificultades económicas. Mi análisis profesional -y apolítico si es que lo hay- me dice que en el primer período de Uribe se sembraron suficientes vientos para cosechar tempestades en los años 2006 y 2007. Por brevedad solo diré que la raíz de las dificultades será, aquí como en casi todos los países que en el pasado coquetearon con la apreciación de su moneda para bajar la inflación, una creciente filtración de la demanda agregada hacia importaciones y el languidecimiento de las exportaciones. Con la no insignificante complicación de que en Colombia la revaluación tuvo lugar precisamente en la antesala del TLC con Estados Unidos, cuyas características más preocupantes quedarán a la luz en pocas semanas.

Puede parecer paradójico, pero también creo que el Presidente Uribe, que no evitó que se gestaran los problemas, quizás por estar demasiado ocupado en la microgerencia y la preparación de su reelección, tiene suficiente capacidad para enderezar la situación una vez las dificultades no puedan seguirse barriendo debajo del tapete mediante gasto público, estímulos tributarios y emisión monetaria. Tengo relativa confianza en que las correcciones requeridas se introducirán en 2007, que desde aquí veo como un año de transición donde se generarían las condiciones para un buen final.
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