Opinión

  • | 1999/08/13 00:00

    ¿Se reventará la burbuja?

    El mercado de valores estadounidense podría estar cerca de una corrección significativa.

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Hay una probabilidad razonable de que la economía estadounidense esté atravesando una etapa de "burbuja especulativa" del mismo tipo de las que han reventado en tantas otras economías durante la pasada década. Para nombrar algunos ejemplos están las de Japón, Corea y México. Todas estas burbujas financieras eran alimentadas por un mito subyacente de invencibilidad económica. Los japoneses creyeron tenerla 10 años atrás. Es difícil de creer, pero muchos analistas serios pensaron que Japón estaba a punto de conquistar la economía mundial en ese entonces... lo anterior sucedió justo antes de que el mercado de valores japonés cayera en más del 50%. Después, México pensó que sus nuevos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos dispararían el crecimiento económico... meses antes de que la economía se colapsara en la peor crisis de una generación.



Muchos en Estados Unidos ahora piensan que la economía está imparable, que la revolución de internet que viene en este país es lo más grande que ha sucedido desde la revolución industrial. Tal hipérbole y el agitado mercado bursátil basado en este sobredimensionado panorama deberían inmediatamente hacernos tomar una pausa. ¿Estamos ante la misma arrogancia de otras burbujas anteriores? Si la bonanza del mercado de valores se fuera realmente a acabar o a retroceder, ¿cuáles serían las consecuencias para el resto del mundo?



Lo que sí es seguro es que Estados Unidos está robustecido por dos fortalezas reales: una gran flexibilidad en su sistema de mercado y un gran dominio y destreza en el desarrollo de nuevas tecnologías. El reciente boom estadounidense está sólidamente fundamentado en enormes inversiones de compañías estadounidenses en nuevas tecnologías de la información. Con su mezcla especial de mercados e innovación, la economía de Estados Unidos está verdaderamente reinventándose a sí misma a una velocidad impresionante. Pero las burbujas financieras están muchas veces fundamentadas en verdaderas fortalezas económicas. Una burbuja se da cuando esas verdaderas y reales fortalezas de un momento a otro toman proporciones exageradas, incluso míticas, a los ojos de los inversionistas, quienes están preparados para lanzarle grandes cantidades de dinero al mercado de valores sin mirar las perspectivas reales de futuras ganancias.



Tomen en cuenta mi caso favorito de la semana. Amazon, un pionero de las ventas al por menor en internet, primero con libros y ahora con casi cualquier cosa, anunció que había tenido pérdidas por US$138 millones en el segundo trimestre de 1999, a pesar de que sus ingresos por ventas se triplicaron a US$314 millones. Los inversionistas estaban hipnotizados por el alza en los volúmenes de ventas y no les prestaron atención a las continuas pérdidas de la compañía. Pérdidas que reflejan los pequeños márgenes en el altamente competido mercado de las ventas al por menor. El anuncio de la compañía estuvo seguido por una subida de sus acciones cercana al 4%. La compañía todavía debe generar una utilidad y el valor en libros de sus activos subyacentes está alrededor de US$650 millones. Sin embargo, Amazon ahora está avaluada en el mercado bursátil en US$19.000 millones, lo que la hace una de las 300 compañías más grandes del mundo, en términos de valor de mercado.



Lo que esto sugiere es que la bolsa estadounidense se está alejando de la realidad y del sentido común. Sí, abundan las teorías para probar que el valor del mercado está bien calculado. De pronto Amazon finalmente esté en capacidad de convertir esa gran base de clientes en vastas utilidades, pero eso todavía está por probarse. ¿Qué pasaría si los mercados financieros simplemente se equivocan como lo han hecho durante la mayor parte del tiempo en el mundo en estos últimos 10 años? ¿Qué pasaría si a la euforia la sigue el colapso?



Una cosa es segura: los consumidores estadounidenses detendrían su actual ritmo de gastos desenfrenados, lo cual desaceleraría la economía de este país. ¿Pero caería Estados Unidos en una recesión o, peor aún, en una depresión? Tal vez brevemente, pero no profundamente. Con baja inflación, un sector bancario relativamente saludable y un presupuesto en superávit, el gobierno de Estados Unidos probablemente tendría la flexibilidad en las políticas monetaria y fiscal para conseguir un aterrizaje relativamente suave. Algunos inversionistas podrían seguramente terminar en bancarrota, pero, a menos de que las cosas se tornen más agresivas que ahora, el sector financiero estadounidense podría sobrevivir intacto incluso con una corrección del mercado bursátil significativamente aceptable. En Estados Unidos, los reguladores bancarios todavía están a tiempo para mantener vigilados de cerca los portafolios bancarios, sólo para cerciorarse de que la actual euforia no se convertirá en una montaña de préstamos bancarios desmedidos.



¿Sufriría profundamente el resto del mundo por una corrección en el mercado de valores, por ejemplo, debido a experimentar una caída en ventas por exportaciones hacia un mercado estadounidense en desaceleración? Probablemente, este efecto también sería bastante modesto. Por un lado, las economías europea, asiática, latinoamericana y africana tendrían un mercado más pequeño en Estados Unidos, pero por otra parte, les sería más fácil atraer capital a sus propias economías, debido a que menos capital global estaría fluyendo a la economía de Estados Unidos. Los lentos ingresos por exportaciones podrían entonces, ser compensados con el aumento de la inversión local, especialmente si esas economías bajaran sus tasas de interés en el evento de una desaceleración estadounidense.



Dentro de poco, la economía estadounidense podría estar en una burbuja financiera. Millones de estadounidenses que ahora se consideran geniales inversionistas, si se llegara a reventar la burbuja, podrían terminar muy defraudados. A pesar de que el orgullo estadounidense y el gasto del consumidor serían apaleados, el daño a la economía mundial probablemente no sería enorme. Los gobiernos deberían tener las herramientas -sobre todo de política monetaria- para limitar el daño, eso si las utilizan correctamente.
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