Opinión

  • | 1998/12/14 00:00

    Se enredó el partido

    Como en el fútbol, Brasil acaba de meterse en problemas cuando ya se daba por descontado que pasaría a la siguiente ronda.

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Un paquete de préstamos por US$41.500 millones y el avance de importantes medidas de ajuste fiscal auguraban un final de año sin complicaciones para Brasil y, por extensión, para el resto de América Latina. Pero el 3 de diciembre un revés en el Congreso brasileño en relación con una propuesta del gobierno para gravar a los jubilados (véase mi última columna, Dinero No. 73) generó nuevamente dudas sobre la viabilidad fiscal del país. La bolsa de Sao Paulo se desplomó 8,8% en ese solo día y la bolsa de Nueva York cayó más de 2%. Y esto a pesar de que simultáneamente se estaba anunciando el recorte concertado de las tasas de interés de los países europeos.



Es muy posible que haya sido sólo un susto, y eso lo sabrán los lectores cuando esta columna llegue a sus manos. Después de todo, la decisión del Congreso no afecta los desembolsos previstos de crédito externo para Brasil ni echa por tierra el enorme ajuste fiscal de 1999. Su única implicación inmediata es el aplazamiento de decisiones para los próximos meses.



Lo que sí ha quedado claro es que la situación financiera internacional no está despejada y el contagio puede surgir de cualquier fuente.



En Brasil, los meses que vienen seguirán siendo críticos, pues las tasas de interés, aunque han bajado de niveles superiores al 40%, aún están muy lejos del margen entre 20% y 25% que se requiere para que la deuda pública a corto plazo no crezca de forma explosiva.



En la bolsa de Nueva York cualquier cosa puede producir nuevos remezones, ya que las acciones están muy sobrevaloradas frente a las ganancias actuales y esperadas de las empresas. No han desaparecido las condiciones de "exuberancia irracional" de que habló por primera vez el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Allan Greenspan, cuando el índice estaba 20% más bajo que en la actualidad.



El paquete de apoyo financiero a Brasil no es un seguro suficiente. Al fin de cuentas, es un paquete de emergencia y no de prevención, que pudiera garantizar la liquidez antes de una crisis y que induzca la adopción oportuna de medidas macro. Tampoco es un mecanismo que asegure la permanencia del financiamiento privado voluntario, que una vez se espantan, como ya ocurrió en Brasil, son difíciles de seducir.



Durante 1999, América Latina enfrentará el doble problema de unos precios externos deprimidos y unos mercados de financiamiento estrechos. La reducción del crecimiento será inevitable. Nadie apuesta a que la región crezca por encima del 1,5% y algunos hablan de cero crecimiento (no sólo en Colombia).



* Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual se encuentra vinculado el autor.
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