Opinión

  • | 1997/11/01 00:00

    Se crecen los forwards

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En un artículo anterior, comenté la crisis cambiaria de los Tigres Asiáticos y sus posibles efectos sobre el mercado colombiano. En ese momento no se había iniciado una de las evoluciones más interesantes que han resultado de la mencionada crisis.



En efecto, desde hace algún tiempo se realizaba un pequeño número de operaciones en Wall Street denominadas "non deliverable forwards" (NDF, forwards que no requieren entrega física a su vencimiento), mediante las cuales se compran o venden pesos forward (para entrega futura), pero cuyo cumplimiento se realiza con el pago de la diferencia contra la Tasa Representativa del Mercado (TRM) en Colombia en la fecha de vencimiento.



Así, por ejemplo, si compró US$100.000 para entrega el 1 de diciembre a $1.320 y la TRM de esa fecha es $1.330, el vendedor deberá pagarme el equivalente en dólares, a la misma tasa, de $10 por dólar, es decir $1.000.000, que equivaldrían a US$757,57. Si, por el contrario, el 1 de diciembre la TRM es $1.310, yo tendría que pagar al vendedor $10 por dólar. Los NDF se realizan entre corredores e instituciones financieras y la cantidad que se transa normalmente en cada operación es de US$5 millones.



Pues bien, hasta el mes de julio de este año, el volumen de NDF era de sólo US$15 o US$20 millones mensuales. Pero en septiembre y octubre, ese volumen ascendió a cifras que oscilan alrededor de los US$400 millones mensuales.



Para entender la importancia de este cambio, se debe tener en cuenta que la cantidad de operaciones forward que se realiza en el mercado nacional asciende alrededor de US$180 millones mensuales. Es decir, que el volumen de Nueva York es más del doble del que se intercambia en el mercado local. En Nueva York también "se cuecen habas".



¿Cuál puede ser la causa de este incremento súbito de volumen? Algunos analistas consideran que, cuando los especuladores internacionales observaron la inestabilidad que se estaba presentando en los Tigres Asiáticos, llegaron a la conclusión de que esta evolución podía presentarse también en los mercados emergentes de América Latina. Por consiguiente, resolvieron tomar posiciones en estos países.



El incremento de volumen en NDF ha tenido una consecuencia de mucha importancia: como se recuerda, el mercado colombiano de divisas había sido tradicionalmente insensible a las noticias diarias acerca, por ejemplo, de acciones de la guerrilla o de cambios en el gabinete ministerial. Pero los especuladores internacionales, que están habituados a actuar sobre la base de las noticias que ven en los periódicos o en los boletines de Reuters, reaccionan muy rápidamente ante noticias de esa naturaleza. Ese puede ser uno de los motivos por los cuales se ha incrementado tan significativamente la volatilidad del mercado peso/dólar durante los últimos meses.



Los efectos de esta mayor volatilidad en el mercado de pesos son importantes tanto para quienes realizan transacciones internacionales, como para las entidades financieras y para las autoridades cambiarias. Veamos:



El riesgo cambiario para los importadores, exportadores y quienes tienen obligaciones en divisas se ha incrementado sustancialmente. Una diferencia de una hora en la compra o venta de las divisas que requieren puede representar diferencias de cotización de veinte o treinta pesos por dólar. Por consiguiente, ahora se requiere un manejo mucho más profesional y una mejor asesoría para utilizar con mayor eficiencia las coberturas y derivados que ofrece el mercado, con el fin de evitar que estas fluctuaciones bruscas resulten en pérdidas económicas.



Las entidades financieras tienen nuevas oportunidades y nuevos riesgos. Ellas deben ser las principales asesoras de sus clientes para que éstos puedan reducir sus riesgos y son las llamadas a diseñar los derivados cambiarios que requieren los agentes del sector real. Pero están también expuestas a mayores riesgos. Recuérdese, por ejemplo, la quiebra de Barings y su posterior absorción por parte del Banco ING, hace un par de años, como consecuencia de las pérdidas por más de US$1.000 millones ocasionadas por Nick Leeson, uno de sus jóvenes operadores de Singapur, que pensó que sabía más que el mercado y que no estaba debidamente controlado por los directivos del banco.



Las autoridades cambiarias tienen un inmenso desafío. La participación de operadores internacionales en el mercado colombiano lo hace más vulnerable a los ataques especulativos. Por otra parte, el mayor riesgo a que están sometidos el mercado real y el financiero deben ser tenidos en cuenta para autorizar el uso de los mecanismos de cobertura en forma más flexible. Así, por ejemplo, la norma que obliga a hacer un depósito del 30% en pesos sobre cualquier operación de endeudamiento externo impide que las entidades financieras realicen coberturas naturales, tomando financiación en el exterior para vender los dólares en el mercado spot (a la vista) equivalentes a los que se han comprado para entrega futura, ofreciendo al exportador una prima basada en el diferencial de tasas de interés entre el mercado interno y el externo. La mencionada limitación ha impedido el crecimiento del mercado de derivados y, por consiguiente, le ha quitado liquidez y transparencia.



Estamos, pues, frente a un mercado de divisas sustancialmente distinto al que prevalecía hasta hace algunos meses. Es un mercado más sensible a los sobresaltos políticos, en el que se ha aumentado la volatilidad y se ha incrementado el riesgo. Es necesario aprender a nadar en estas aguas más turbulentas; pero es igualmente necesario adaptar las normas cambiarias para ajustarlas al manejo de estos mayores riesgos.
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