Opinión

  • | 2009/02/06 00:00

    Se agrava la crisis

    Las economías emergentes tendrán serios problemas de financiamiento. Los gobiernos que se embarquen en políticas de expansión fiscal para amortiguar los efectos de la crisis pueden terminar amplificándolos.

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La crisis económica mundial será más profunda y larga de lo que se estaba previendo. El Fondo Monetario Internacional ha recortado sus proyecciones de crecimiento mundial para el 2009 de 2,2% a solo 0,5%. Con una contracción del 2% prevista para este año, los países desarrollados están atravesando su peor momento desde la segunda guerra mundial. Según el FMI América Latina crecerá este año apenas 1,1%, en vez del 2,5% que se esperaba antes.

A juzgar por la experiencia de crisis pasadas, según Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, la producción en los países desarrollados seguirá cayendo al menos hasta comienzos del 2010, los precios de las viviendas sólo tocarán fondo un semestre después y el desempleo seguirá aumentando hasta el 2012.

Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, y Dominique Strauss-Kahn, director general del FMI, se han quejado de que los gobiernos de los países desarrollados no están haciendo lo suficiente para estimular la economía mundial. Su preocupación no radica en que los gobiernos no estén dispuestos a aumentar el gasto público. De hecho, los paquetes de estímulo fiscal anunciados por siete países desarrollados equivalen a casi 3% del PIB de esas economías. Son sumas enormes, incluso si se reconoce que el estímulo efectivo este año será menor, quizás 2% del PIB.

Estados Unidos será el líder de la expansión fiscal. Barack Obama ya consiguió que la Cámara de Representantes aprobara un paquete que combina aumentos de gastos y reducciones de impuestos por US$819 mil millones, que será discutido próximamente en el Senado. Esta inyección de recursos fiscales representará el 5,8% del PIB.
La preocupación de los líderes de los organismos internacionales, y de muchos otros analistas, es que mientras no se reestructure el sistema financiero, todo ese dinero vaya a dar a un hueco negro. “Un estímulo fiscal con un sistema bancario disfuncional es como una sobredosis de azúcar”, según Strauss-Khan. Para revitalizar al sistema bancario es necesario entre otras cosas limpiar de activos improductivos los balances de los bancos y elevar su capital.

Los paquetes de rescate financiero no han logrado desatascar el crédito porque no han despejado las dudas sobre la calidad de los activos ni han constituido verdaderas inyecciones de capital de riesgo. Tarde o temprano va a ser necesario que los gobiernos arriesguen más recursos en los sistemas financieros, y entre más pronto lo hagan mejor. Hasta ahora los anuncios han superado a los hechos concretos y, especialmente en Estados Unidos, ha predominado la improvisación y faltado coherencia en los esfuerzos de reestructuración del sistema financiero.

Las economías latinoamericanas ya están sintiendo los efectos comerciales de la recesión mundial, pero aun no han experimentado el coletazo financiero, que va a ser muy severo. Una entidad que congrega entidades financieras privadas, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), ha calculado que los flujos de capitales privados a las economías emergentes van a sufrir un colapso, al pasar de US$929 mil millones 2007 a solo US$165 mil millones este año. Por más esfuerzos que hagan los organismos internacionales, apenas compensarán una mínima parte de esa caída: los préstamos del Banco Mundial quizás lleguen a US$35 mil millones y los del BID a US$18 mil millones en el 2009.

Algunas medidas de apoyo a los sectores financieros de los países desarrollados van a resultar nocivas para los emergentes. Las garantías oficiales otorgadas en Estados Unidos y en el Reino Unido a ciertas empresas o a determinados activos financieros ponen en situación de desventaja a las empresas y gobiernos extranjeros que acuden a los mercados financieros internacionales.

Pero lo más grave va ser la competencia con los títulos de deuda pública que en cantidades colosales van a empezar a emitir los países desarrollados. Por efecto de los paquetes de estímulo fiscal y de los rescates otorgados a los sectores financieros, los déficits fiscales en los países desarrollados van a pasar de menos del 2% del PIB en el 2007 a más 7% este año. El déficit fiscal de Estados Unidos llegará en el 2009 a 10% del PIB. A fin de este año la deuda de los países desarrollados como proporción del PIB será entre 15 y 20 puntos más alta que hace dos años.

Hasta ahora las tasas de interés de los títulos del Tesoro de Estados Unidos y de otros países desarrollados han estado por los suelos, pero las tendencias ya están cambiando, y sin duda se agudizarán a medida que los mercados reconozcan que los riesgos fiscales están aumentando. Países como China o los grandes exportadores de petróleo, que antes demandaban con voracidad los títulos de deuda de Estados Unidos y los países europeos, ya no tienen los excesos de ahorro ni el apetito para seguir adquiriendo esos papeles.

En estas circunstancias los gobiernos latinoamericanos deben pensar dos veces si les conviene embarcarse en aumentar el gasto público ya que con la buena intención de amortiguar los efectos de la crisis externa pueden terminar por amplificarlos. La crisis será profunda y habrá grandes dificultades de financiamiento.

Sólo los gobiernos que cuentan con recursos propios, gracias al ahorro de años pasados, como Chile, están en terreno firme. Los demás tienen que tener claro que el financiamiento externo será muy escaso y costoso. Financiarse domésticamente puede ser una opción pero su costo reflejará no sólo las mayores tasas de interés externas sino los temores que puedan surgir entre los inversionistas locales sobre la estabilidad fiscal y cambiaria del país.

Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.


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