Opinión

  • | 2004/10/29 00:00

    ¿Sabía Milton Friedman de RSE?

    Las empresas deberían arrancar por asumir los compromisos del Global Compact y construir una estrategia propia de Responsabilidad Social Empresarial, RSE.

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Cuando a principios de la década del 90 una importante multinacional petrolera decidió sumergir en el Mar del Norte la plataforma de almacenamiento petrolero Brent, se evidenciaron varios hechos: la sociedad civil y las ONG defensoras del ambiente protestaron enérgicamente ante semejante acto, las autoridades de la petrolera se sorprendieron por esa reacción "exagerada", y sobre todo, sintieron que terceros se estaban inmiscuyendo en asuntos internos de la compañía.

Para sorpresa de muchos, la petrolera no estaba infringiendo ninguna ley, pero. una buena parte de la sociedad civil de los países europeos sintió violado su derecho a contar con un mundo menos contaminado.

Este episodio es una muestra, como muchos otros, de la íntima e importante relación que sostienen las empresas, sus empleados y accionistas con el resto de la sociedad. Así lo entiende una parte cada vez mayor de la población y, en menor grado, de las empresas.

Ante esta realidad, viene inmediatamente a la mente Milton Friedman, el famoso profesor de Chicago, cuando afirmaba que "el único objetivo de las empresas es producir utilidades para sus accionistas". Frase que, por venir de quien venía, caló en una gran masa de economistas y empresarios.

La definición de RSE sostiene lo contrario: "se trata de mucho más que simplemente vender y producir utilidades, se trata de convivir y construir futuro al lado del resto de la sociedad".

La década del 90 estuvo marcada por una mayor participación de la sociedad civil en todos los ámbitos, incluyendo las relaciones con las corporaciones, la defensa de los derechos humanos, el ambiente y los derechos laborales.

Como resultado de estas nuevas preocupaciones, en julio de 2000, se reunieron representantes de las Naciones Unidas, de importantes ONG, de la sociedad civil, de gobiernos y de 50 importantes corporaciones. ¿El objeto de esta reunión con público tan heterogéneo? La suscripción del Global Compact. A la fecha, más de 1.100 compañías internacionales se han adherido al pacto.

Ojalá cada vez más empresas colombianas se unan a él y lo usen para desarrollar sus estrategias de RSE.



¿Cuáles son los compromisos del pacto?

Aquí los presentamos uno a uno:

I. Apoyar y respetar la protección del derecho internacional humanitario.

II. Garantizar que sus propias organizaciones no son cómplices de abusos en derechos humanos.

III. Reconocer los derechos de libre asociación y de negociación colectiva.

IV. Eliminación de todas las formas de trabajo forzado u obligatorio.

V. Abolición del trabajo infantil.

VI. Eliminación de toda discriminación laboral.

VII. Apoyar un enfoque preventivo en los retos ambientales.

VIII. Apoyar y desarrollar iniciativas para promover la responsabilidad ambiental.

IX. Promover e incentivar el desarrollo y difusión de tecnologías ambientalmente amigables.

X. Trabajar en contra de la corrupción en todas sus formas, incluyendo la extorsión y el soborno.



Son contundentes. ¿Cómo no reprochar a quien no los cumple? ¿Cómo no comprometerse con ellos?

Las versiones modernas de la RSE le añaden al Global Compact un par de compromisos:

XI. Las empresas, sus empleados y accionistas tienen la responsabilidad de minimizar los efectos negativos y maximizar los efectos positivos que producen sobre su entorno.

XII. Las empresas, sus empleados y accionistas están llamados a jugar un papel preponderante en la participación de la sociedad civil en las estrategias de desarrollo sostenible.

Este artículo propone hacer el ejercicio de cerrar los ojos, reflexionar unos minutos y preguntar si cumplimos a cabalidad todos estos principios. ¿Contaminamos? ¿Participamos o permitimos la corrupción? ¿Respetamos los derechos laborales? ¿Contribuimos al desarrollo sostenible del país?

¡Podríamos llevarnos una sorpresa!



* Presidente Consejo Directivo Compartamos con Colombia.
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