Opinión

  • | 1997/06/01 00:00

    Reminiscencias de Santafé y Bogotá de Cordovez Moure

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Desde el inicio de esta columna, ha sido habitual comentar obras preferencialmente de carácter literario. Hoy nos apartamos un poco de esa norma para referirnos a un libro que, a nuestro juicio, tiene señalada importancia para el conocimiento de muchos pormenores de nuestra historia. Historia que, hoy más que nunca, es de perentoria necesidad conocer por parte de todos y en especial de las nuevas generaciones, que la mayoría de las veces se asoman a la convulsionada realidad del presente ignorando una continuidad y un devenir en el que sin duda alguna están muchas de las claves y muchos de los elementos de este virtual proceso de disolución que en muchos aspectos afronta la vida cultural y colectiva de la sociedad colombiana.



Debemos a los esfuerzos y a los desvelos editoriales de Gerardo Rivas Moreno la reciente publicación de la obra completa de don José María Cordovez Moure, personaje ampliamente conocido en ciertos medios sobre todo por un libro ya clásico en el género de la crónica y de la evocación de los hechos y las costumbres del pasado colombiano: sus famosas Reminiscencias de Santafé y Bogotá. Libro que ha tenido sucesivas ediciones y que es de referencia obligada para conocer la historia de nuestro siglo XIX. Auténtico tratado de sociología cotidiana, que despliega ante nosotros los pormenores de esa cotidianidad decimonónica y que reconstruye en un lenguaje ameno y salpicado de curiosidades históricas el vasto cuadro social y cultural de una nación un poco aletargada, provinciana hasta los tuétanos y hundida en las miserias y en las grandezas de todas aquellas pasiones y problemas que hoy nos parecen tan remotos y tan ajenos



Pero Gerardo Rivas ha ido más allá de publicar las famosas reminiscencias, se ha embarcado en la titánica labor de reunir la extensa obra del escritor payanés en un solo libro, que constituye un verdadero triunfo de la bibliografía nacional, pues éste -impecable y monumental en su edición- es una obra de más de mil quinientas páginas con formato y fino papel de "Biblia" donde se recoge toda la obra de este curioso y minucioso observador del acontecer de su tiempo para ofrecernos un cuadro de inapreciable valor documental sobre lo que era la vida en ese Santafé del siglo XIX. Con don Cordovez Moure, más que con ningún otro de sus contemporáneos, podemos enterarnos con fidelidad y hasta con cierto "barroquismo" en los detalles descriptivos de cómo amábamos, bailábamos, comíamos o hacíamos nuestras fiestas. También de cómo nos asesinábamos y cómo delinquíamos, cómo adornábamos nuestras casas, cómo se vestían nuestras mujeres, cómo nos aseábamos en Bogotá si es que sucedía, si conocíamos o no conocíamos los perfumes. Si sólo bebíamos chicha o si de vez en cuando en las fiestecillas de antaño hacían su fulgurante aparición el champagne y los vinos. Auténtico y minucioso manual de esa vida colectiva de los colombianos, la obra de Cordovez Moure configura sin duda un trabajo apasionado y delicioso sobre ese tejido social de donde provenimos. Su mérito no es la excelencia literaria, él no sacrificó mundos para pulir malos versos. No lo movieron las grandes especulaciones sobre las leyes históricas. Se limitó a darnos una versión amena, ingenua a veces, de sus visiones y sus percepciones sobre la sociedad y la historia. Y de manera muy especial, parecía deleitarse en explorar las dimensiones del paisaje humano.



Se lo ha clasificado como costumbrista y, a pesar de la vaga connotación peyorativa que a veces parece tener esa designación, a él le viene perfectamente bien. Virtualmente se sumergió en esa enmarañada urdimbre de costumbres, en los modos, las formas y los lenguajes de es vida social y -gracias a él- nuestra memoria histórica no se fractura, sino que nos permite reconstruir esa continuidad precaria que pese a todo sigue siendo nuestra única historia nacional.
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