Opinión

  • | 2005/04/15 00:00

    Reflexiones de The Economist

    La posición de la prestigiosa publicación revive el debate: ¿puede la economía estar de espalda a lo social?

COMPARTIR

En su edición del 22 de enero, The Economist incluyó una separata sobre responsabilidad social empresarial. La portada decía: La buena compañía - una mirada escéptica sobre la Responsabilidad Social Empresarial. La publicación abrió un debate de proporciones entre los interesados en la RSE. Muchas cosas llaman la atención del documento, pero sobre todo queda la impresión de que la revista ha readoptado una posición neoclásica, al identificar las empresas con el objetivo exclusivo de producción de rentabilidad para sus accionistas.



Las afirmaciones

La separata contiene artículos llenos de afirmaciones radicales como "La RSE es el tributo que debe pagar el capitalismo por su éxito", "se trata de una batalla ideológica en la cual los ganadores son las fundaciones, las entidades no gubernamentales, y algunos elementos de la llamada sociedad civil", o que "para la mayoría de las entidades públicas (en términos de mercados de valores) la RSE es solo un poco más que maquillaje", incluso encasilla la RSE afirmando que en últimas "la filantropía corporativa es caridad con el dinero de otros".

Una de las posiciones más sorprendentes se presenta alrededor del tema del reciclaje de basuras y desperdicios. Dice que las empresas solo deben reciclar cuando económicamente los ahorros derivados del reciclaje sean mayores que los costos de realizarlo. Continúa diciendo, los desperdicios y basuras reciclados son un commodity y en la gran mayoría de los casos no se requiere un proceso de recuperación, ya que los mismos son abundantes, lo que está demostrado por sus bajos precios de mercado. Bajo estas premisas, los argumentos a favor de un mundo menos contaminado son tajantemente despreciados ¡si la economía de mercado no le otorga un precio rentable a no contaminar! Se parece mucho esta posición a la de los economistas radicales que consideran que la calidad del aire solo se debe cuidar cuando el mismo sea tan escaso, como para que el mercado le asigne un precio de transacción.

Otra línea de pensamiento preocupante es la que descalifica el poder de presión del público a favor de la responsabilidad social empresarial. Reconoce uno de los artículos el importante y creciente papel que están jugando el público y los consumidores al premiar o castigar a las compañías de acuerdo con su compromiso alrededor de la RSE. Pero considera que si la presión hacia las compañías proviene de elementos como la calidad de sus productos o los precios, se trata de una presión correcta, por ser resultado de las fuerzas del mercado. Por el contrario, si la presión se origina en explotación laboral, comercio injusto o contaminación del ambiente, se trata de presiones indebidas, sin relación con el mercado y que no deberían ser del interés de los consumidores, que solo deben preocuparse del precio y la calidad de los productos o servicios.

Los argumentos de fondo de la revista están en que la única forma válida de ser responsable socialmente es mediante una buena administración que se ocupe solo de la producción de rentabilidad para los accionistas, posición expresada por el profesor Milton Friedman hace más de 20 años y desestimada por la sociedad.



Las reacciones

Las anteriores son algunas de las sorprendentes declaraciones de la publicación. Afortunadamente, las voces de protesta y rechazo han sido abundantes y, por ahora, más numerosas y enfáticas que las de soporte provenientes de economistas amantes de las fuerzas del mercado y de compañías que piensan que es más barato ser irresponsable que no serlo.

Una de las reacciones de protesta más calificadas proviene de Jim Austin, destacado investigador y docente de la Escuela de Negocios de Harvard y buen amigo de Colombia, que escribió a la dirección de The Economist resaltando entre otras la capacidad de crear valor que tiene una política efectiva de RSE.

La publicación tiene varias virtudes como abrir el debate, llamar la atención sobre la importancia de que la RSE no sea una herramienta cosmética y superficial de mercadeo o de poder. Sin embargo, sería una lástima que se limite el entendimiento de la sociedad a la aplicación de medidas estadísticas como las planteadas por "El Economista".



* Presidente consejo directivo Compartamos con Colombia, brucemacmaster@compartamos.org
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?