Opinión

  • | 2009/10/02 00:00

    Rector, líder en el proceso de formación

    Si queremos que la educación básica forme seres humanos integrales, el rector juega un papel fundamental en esta orientación.

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La experiencia nos muestra que las organizaciones son el reflejo de sus líderes. Sus creencias, valores, actitudes y comportamientos marcan las pautas para definir lo que se aprecia y se valora. Su forma de relacionarse, de tomar decisiones, de definir estrategias y acciones permea todos los niveles.

En los colegios, más que en las demás organizaciones, por ser más marcado el proceso de formación y desarrollo de todos sus integrantes, la filosofía de vida del rector es la base de su liderazgo; es un ejemplo de vida, con sus actitudes, comportamientos, forma de relacionarse, ser y actuar sirve de modelo tanto para maestros como para estudiantes.

La cultura organizacional es la forma como se relacionan los integrantes de una institución, es el reflejo de las creencias y valores de ella y se manifiesta en los comportamientos de sus miembros.

En esta cultura se manifiesta lo que el rector y el equipo directivo son, lo que piensan, la forma como comprenden el universo, el hombre, la institución y la vida. Dicha cultura organizacional es un elemento esencial de la formación de todos los integrantes de la comunidad educativa, pues las creencias y valores más que aprender a recitarlos, se aprenden viviéndolos, comprendiéndolos, aprendiendo a comportarse y apropiándose de ellos por convicción.

Si queremos que la educación básica forme seres humanos integrales, que prepare para la vida, la convivencia y la prosperidad colectiva, además de la excelencia académica, debemos partir de la cimentación de principios éticos y morales de comportamiento y del desarrollo de la responsabilidad ciudadana. Y el rector juega un papel fundamental en estas orientaciones.

La descentralización educativa en Colombia necesita cada día más rectores capaces de garantizar el logro de estos objetivos. A pesar de los esfuerzos nacionales y regionales realizados para la formación de rectores, no contamos aún con programas integrales para su formación especializada, que superen el concepto de administración educativa y hagan un énfasis importante en la formación en liderazgo, valores, construcción de filosofía y proyecto de vida.

Se asume que el rector es el líder de la institución educativa pero es visto más como un administrador competente, como un organizador del gasto, de acuerdo con las responsabilidades legales que le corresponden. Se pierde de vista que el rector, como líder, debe marcar la ruta, diseñar, con el equipo que lidera, el proyecto educativo institucional: la filosofía, los objetivos, metas, estrategias y planes para que sean difundidos a padres, profesores, estudiantes, equipo administrativo y comunidad y lograr que se alcancen los resultados deseados.

Sin embargo, en los colegios oficiales, en ocasiones no cuenta con las herramientas necesarias para implementar lo planeado y sucede con frecuencia que no tiene autoridad efectiva sobre los docentes de la institución, ya que no interviene en su proceso de selección ni puede garantizar su permanencia en ella. Estas decisiones dependen en gran medida de autoridades educativas regionales o locales.

A pesar de estas dificultades y limitaciones vemos cientos de rectores que son verdaderos líderes transformadores y que son ejemplo de vida para sus maestros, estudiantes y para toda la comunidad, son personas que comprenden la importancia de su rol, que lo asumen como una vocación de servicio y como una oportunidad de realizarse y trascender plenamente.

Un ejemplo que vale la pena destacar es el de Agustín Nieto Caballero, quien hace casi 100 años tuvo la visión de identificar la necesidad que había de repensar la educación en Colombia y, después de estudiar derecho, filosofía, sociología, ciencias de la educación y psicología fundó el Gimnasio Moderno en Bogotá, inspirado en las ideas de María Montessori y Ovidio Decroly, se orientó a rescatar los valores humanos y el ejercicio de la personalidad, concibiendo la escuela como un gimnasio para el cuerpo y el espíritu donde se forjan hábitos de vida y amor al estudio.

Es de destacar que en esa época identificara muchas de las modalidades y prácticas que hoy se promueven, por ejemplo en "Escuela nueva", implementara la "Disciplina de confianza" y la autonomía del estudiante como responsable de su proceso de aprendizaje, convirtiéndose en un verdadero líder formador y transformador, ejemplo para las nuevas generaciones y con un impacto muy significativo en la educación en nuestro país.

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