Opinión

  • | 2010/02/05 12:00

    Reconstrucción de Haití

    La construcción de vivienda social y el micro-crédito podrían tener un rol determinante.

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La magnitud de la tragedia humana resultante del terremoto en Haití es difícil de dimensionar. Las cifras son estremecedoras en términos de pérdida de vidas, personas heridas, niños huérfanos, etc. Van a pasar muchos años antes de que los sobrevivientes puedan superar el dolor que todo esto implica.

En los aspectos materiales, por el contrario, existe la esperanza de que se pueda reconstruir la economía en poco tiempo con el apoyo institucional y financiero de la comunidad internacional. La velocidad con que esta ha reaccionado a la tragedia es sorprendente, así como la disposición de gobiernos, empresas e individuos de aportar financieramente a la recuperación del país.

La reconstrucción tiene muchas dimensiones. No solo hay que reconstruir las viviendas e infraestructura de servicios públicos que colapsaron, sino también los balances de las empresas y los bancos. La mayoría de las empresas en la zona afectada por el terremoto han perdido su capital como consecuencia del colapso de sus instalaciones y el saqueo de sus equipos e inventarios. Los bancos han perdido su capital en la medida que las empresas ya no pueden pagar sus deudas.

Vivienda social y micro-crédito

En este contexto, programas de construcción de vivienda social en gran escala podrían llegar a ser uno de los elementos clave del proceso de reconstrucción. En el corto plazo el beneficio es obvio: la construcción de vivienda social podría emplear a cientos de miles de personas, dándole un impulso inmediato a la demanda. También serviría para capacitar en oficios de la construcción a mano de obra no calificada.

En el mediano plazo, programas de este tipo podrían tener mayores beneficios, puesto que permitirían la construcción de ciudadelas planificadas para convertirse en comunidades productivas. Estas ciudadelas podrían diseñarse para lograr: 1- Eficientes y modernas infraestructuras de servicios públicos; 2- Instalaciones educativas y de salud próximas a zonas residenciales; 3- Esquemas de vigilancia y colaboración para garantizar la seguridad; 4- Espacios amplios para parques y recreación; y 5- Áreas para el comercio y la industria que generen empleos para la comunidad.

El micro-crédito podría ser otro de los elementos clave para la reconstrucción de la economía y la reactivación del sector financiero. Por ejemplo, micro-créditos de vivienda con cuotas equivalentes a $100.000 al mes podrían cubrir una hipoteca equivalente a $12 millones, asumiendo una tasa del 10% y un plazo de 20 años. Si este monto no alcanza para pagar el costo total de la vivienda, alguna entidad donante podría cubrir la diferencia. Inclusive, los mismos trabajadores en los proyectos de construcción podrían tener acceso a esta financiación. Esto generaría mayor sentido de pertenencia, lo que se reflejaría en mayor capital social en la comunidad.

El micro-crédito a  pequeños comerciantes y empresarios permitiría comprar los inventarios y equipamientos perdidos en el terremoto. Estos créditos también podrían venir acompañados de donaciones para viabilizar el retorno de la inversión. De esta forma, cientos de miles de personas podrían re-crear su propio empleo.

Experiencia colombiana

Estas fórmulas, por cierto, se han aplicado con éxito en Colombia. Por ejemplo, la Fundación Mario Santo Domingo está desarrollando actualmente dos macro-proyectos de vivienda social en Barranquilla y Cartagena. La Corporación Minuto de Dios y la Fundación Compartir han construido este tipo de comunidades en varias ciudades del país.

Sin embargo, para disminuir significativamente los déficits de vivienda y empleo en el país es necesario llevar a cabo este tipo de programas en una escala mucho mayor. La resolución de estos problemas requiere pensar en grande, como lo están haciendo ahora con miras a reconstruir Haití. Requiere que el gobierno lo adopte como una de sus principales estrategias para combatir los déficits de vivienda y empleo, y que le asigne mayor prioridad en el presupuesto nacional. La inversión en construir comunidades productivas se paga sola, en la medida en que allí generan nuevos polos de desarrollo económico y se reducen los costos de inseguridad.

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