Opinión

  • | 2010/01/22 00:00

    ¿Recesión?

    La Constitución solo le asignó al Banco de la República la responsabilidad de mantener el poder adquisitivo de la moneda. Lo pernicioso es darle preponderancia solamente a un objetivo en detrimento de los demás.

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Desde hace algún tiempo se inició una discusión insulsa sobre el significado del término recesión. Unos defendían la tesis de que la definición se sustentaba en llevar tres trimestres consecutivos de decrecimiento y otros afirmaban que dicho término solo se podía usar correctamente si el decrecimiento era cada vez más pronunciado. El término o las definiciones del mismo poco o nada aportan, lo grave son las consecuencias, y lo más importante es identificar las medidas preventivas que se deben adoptar para no contagiarse de la misma enfermedad en el futuro.

El impacto de la recesión económica mundial podría haberse titulado como la novela de Gabo, Crónica de una muerte anunciada. No se tenía que ser un visionario para imaginarse las consecuencias económicas tan colosales que la economía global iba a sufrir, como resultado del tsunami que inició la quiebra de Lehman Brothers en los Estados Unidos, a pesar de las heroicas medidas que tomaron la Reserva Federal y el gobierno para contener las secuelas. Ahora se puede apreciar con más claridad el ridículo que hicieron los jefes de estado de varios países latinoamericanos, cuando manifestaron que sus economías eran inmunes a los problemas acaecidos en Norteamérica.

Cuando ocurrió el desastre económico en los Estados Unidos, en septiembre de 2008, el aparato productivo de servicios y productos transables de Colombia se encontraba debilitado. Durante nueve años, la tasa de cambio del peso con respecto al dólar había estado estable, en cambio la inflación en nuestro país, que indefectiblemente tiene una relación de causalidad directa con los costos, había aumentado en más del 60%. No se requiere ser economista o empresario para imaginarse el efecto negativo para nuestra competitividad, ya que dicha diferencia es imposible compensarla con mayor eficiencia. Durante este tiempo, nuestro crecimiento estuvo impulsado en buena medida por el consumo interno, la exportación de productos primarios y combustibles, la inversión y las exportaciones a nuestros vecinos, en especial a Venezuela. No debemos olvidar que hasta octubre de 2008, el precio de las materias primas y los combustibles tuvieron un incremento considerable. A Venezuela llegamos a exportar más de US$6.000 millones. Ambos factores fueron los más fuertes dinamizadores de nuestro crecimiento en los últimos años.

La Constitución de 1991 estableció la independencia del Banco de la República con buenos resultados en la misión que le encomendaron: regular la moneda, mantener su poder adquisitivo y ser prestador de última instancia. Lo que se logró en materia de costo de vida durante el año 2009 fue un resultado excelente, en parte gracias a las medidas monetarias tomadas, pero sin duda también gracias a la recesión que deprimió la demanda.

La tenacidad con que han obrado el Gerente y la Junta del Banco de la República para domar la inflación, me recuerda un cuento campesino. Un hombre, dueño de una pequeña finca, tenía un objetivo primordial: la eficacia. Por este motivo decidió reducir gradualmente el potrero donde pastaba un caballo para optimizar el espacio, pero sin darse cuenta lo redujo tanto, que el caballo murió de inanición.

Ciertamente el Banco Central ha realizado un papel encomiable para disminuir el ritmo inflacionario, pero resulta que para lograrlo ha frenado el crecimiento por considerarlo perverso, cuando lo califica como recalentamiento de la economía. Un crecimiento lento o un decrecimiento en materia económica significa desempleo y esto fue lo que ocurrió durante 2009. El Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos reaccionó de manera drástica e inmediata ante el desastre, porque también es responsable del empleo. Para el Banco de la República dicho objetivo no es primordial; al fin y al cabo, la Constitución solo le asignó la responsabilidad de mantener el poder adquisitivo de la moneda. Por esta razón me viene a la memoria la moraleja del cuento del campesino. Lo pernicioso es darle preponderancia solamente a un objetivo en detrimento de los demás. Para disminuir el desempleo que nos agobia, se requiere que el país crezca a tasas superiores al 5% y esto no se incluye en las metas que establece el Banco de la República. Claro está que su iniciativa por sí sola no basta, pero sin duda sería de mucho aliento. Hasta ahora su objetivo se ha circunscrito a controlar la inflación.

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