Opinión

  • | 2005/05/13 00:00

    Realidad virtual vs. Realidad real

    Sin duda, hay dos visiones bastante distintas de la realidad colombiana: la del gobierno y la de los analistas.

COMPARTIR

El gobierno destaca que tenemos el mayor crecimiento de los últimos 5 años; la otra cara de la moneda es que está muy por debajo del promedio del continente, es el segundo peor de América Latina y en relación con el año anterior el que menos mejoró de todos. O sea, contra una tradición de mejor manejo que el de nuestros vecinos hoy mostramos los peores resultados.

También se enorgullece de haber logrado llevar la inflación al nivel más bajo de la historia reciente; pero esto coincide con que igual sucede en todos los países, solo que mientras la colombiana está entre 5,0% y 6,0%, la del mundo apenas alcanza el 2% en promedio y la de Latinoamérica el 3,5%, y por primera vez es la peor de nuestra región.

Hablan de que el déficit consolidado estuvo en 1,5%, casi un punto por debajo de lo previsto; pero resulta que el déficit del gobierno central -o sea, el que depende de su gestión- es el más alto de la historia superando el 6%, bastante por encima de lo proyectado, y son las transferencias de las regiones y de las entidades descentralizadas las que subsanaron ese fracaso (sobre todo las utilidades de Ecopetrol).

Los mismos resultados de la estatal petrolera son presentados como un éxito, porque tanto en utilidades como en exportaciones muestra cifras que impresionan; lo que otros vemos es que esto se debe a los altos precios internacionales en los cuales poco tiene qué ver la administración colombiana, y en cambio de los mil millones de nuevas reservas de petróleo prometidas solo han aparecido cien millones, y la producción, en un declive constante era hace 5 años 60% más alta que hoy, y las reservas probadas entonces 80% mayores.

Las autoridades hablan de una baja en la tasa de desempleo; pero la misma información dice que en los últimos dos años se han perdido 600.000 empleos y que la baja en la tasa de participación, o sea, que menos personas busquen trabajo, explica la reducción del índice. Y mientras oficialmente esto se atribuye a que una supuesta reactivación hace que un gran número de colombianos pueda vivir sin trabajar, la explicación alterna es que se resignaron a sobrevivir de otras formas como es aparente en la cantidad de pordioseros y funámbulos que llenan nuestras ciudades, en la dimensión de la delincuencia que nos azota, y en el casi millón de nuevos exiliados en este cuatrienio.

Se proclama una recuperación del sector agrícola, pero no es claro dónde: los arroceros, primeros en empleo, transporte, industrialización, ocupación de tierras, etc., están ante la peor situación de su historia y con aranceles del orden del 80% no pueden competir con la oferta externa; los floricultores y los bananeros que representan en sus respectivas regiones la casi totalidad de la actividad económica agrícola están frustrados por el incumplimiento de un subsidio especial (y muy discutible) que de todas maneras apenas les permitiría sobrevivir; los grandes proyectos de nuevos cultivos de maíz y soya en la altillanura desaparecieron (quedan 4.000 y 0,0 respectivamente); la industria avícola -la de mayor crecimiento durante los últimos 5 años- se estancó y su supervivencia está amenazada de extinción por los cuartos sobrantes de la industria estadounidense que llegarían con el TLC.

Esa negociación del TLC se presenta como la panacea que insertará a Colombia en un mundo mejor. Pero casi todos los sectores ven más la amenaza que la esperanza, y no se concierta con nadie ni se presenta ninguna evaluación o proyección que permita suponer esas futuras bonanzas.

Nos hablan de 'seguridad' para poder salir a las carreteras -pero siempre y cuando nos acompañen unos tanques-, y de 'democrática' -tal vez porque se caracteriza por el desarraigo y desplazamiento masivo de colombianos (algo menos de un millón en el período, con un aumento del 38% en el último año)-.

Se asegura que la inversión extranjera ha llegado como nunca; pero solo para compra de entidades a menosprecio y no para el montaje de empresas generadoras de nueva producción. Tras la entrega al capital especulativo extranjero de los servicios públicos (telefonía, electricidad, basuras, etc.) y del ahorro nacional (banca, seguros, pensiones, salud, etc.), ahora supone ser prueba de lo maravilloso del manejo de nuestra economía la venta de las empresas bandera del sector privado (Caracol, Avianca, Coltabaco, etc.).

Muestran un aumento de las reservas y las exportaciones con una cifra casi 25% más alta en dólares; pero traducidas al valor de cualquier otra divisa (euro, libra, yen, franco suizo) o al de los bienes que exportamos, su valor equivalente o su cantidad es igual o menor que hace un año puesto que simplemente se está midiendo en una moneda casi 30% más barata.

Nos hablan de un proceso de paz con los paramilitares, gracias a un cese de hostilidades y a un gran éxito en la política de desmovilizados; pero como si fuera otro grupo poblacional los mismos funcionarios oficiales señalan el fracaso absoluto de los programas de reinserción, y las estadísticas cuentan más de 2.000 homicidios de las tropas que supuestamente dirigen desde Ralito.

Nos hablan de éxitos en la 'guerra contra el terrorismo' (no conflicto armado puesto que según parece no existe), pero en realidad en 2 años de este gobierno las fuerzas oficiales sufrieron más ataques que bajo los 4 del anterior, agotamos los impuestos que excepcionalmente se pidieron y los correspondientes a 5 años de ser los segundos mayores receptores del mundo de 'ayuda estadounidense' para supuestamente atrapar al Mono Jojoy, a Marulanda o alguno de los miembros del Secretariado y 'acabar con esa plaga', con el resultado de que no se ha logrado capturar ni siquiera algún 'jefe' del nivel inmediatamente inferior a ellos, que tenemos 3.700 soldados enfermos (el paludismo no se cura), incluyendo al comandante en jefe de la operación, la cúpula militar destituida y brotes de guerrilla en el resto de la geografía nacional.

El Derecho Humanitario, que rige como alternativa a la paz y para beneficio de las víctimas de la guerra, es utilizado por el presidente como instrumento para lograr 'su paz' (o más correctamente su victoria), y quienes sufren mientras tanto son considerados 'sacrificios de la sociedad' para mantener la política oficial.

Gran entusiasmo generan los consejos comunales en las 20 ó 30 personas a quienes el Presidente promete dar soluciones a todo lo que presentan (que por lo demás poco se cumplen), pero poco se conoce de política gubernamental alguna para dar respuesta a los problemas de centenares de miles de personas que se encuentran en situación similar.

El esfuerzo y el tiempo del legislativo lo concentró el gobierno en lo único que para él es el futuro o sea la reelección (tema por de más cuestionable y bajo un cuestionable manejo) considerando que temas como las pensiones -primera prioridad de la economía-, justicia y paz -de la cual depende el orden público-, el código electoral -sin el cual no puede haber elecciones- o la ley de garantías -para que sobreviva la democracia- se pueden o se deben tratar a pupitrazos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?