Opinión

  • | 1998/08/31 00:00

    Realidad política de hoy

    Horacio Serpa es el más beneficiado con la derrota liberal e indiscutiblemente será el candidato del 2002.

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Mientras Alfonso Valdivieso termina de cerrar sus acuerdos burocráticos con el gobierno nacional, dejando de lado, por ejemplo, a Humberto de la Calle y a Luis Guillermo Giraldo quienes se jugaron como él en la Alianza por el Cambio, Horacio Serpa se queda con el partido Liberal.



Al final, cuando se agoten los escasos ahorros que tenían en la alianza los liberales de la Alianza, no habrá mucho de Gobierno y el Liberalismo habrá perdido una oportunidad sin igual para renovarse.



Es lo que pasa con los triunfos: que obligan a fijar la mirada en el corto plazo. En ese trance, a ninguno de los liberales "renovadores" se le ocurrió pedirle a Horacio Serpa que renunciara a la Dirección Liberal. Ni uno solo dijo que era tiempo de que las directivas liberales reflejaran los resultados electorales.



Apenas se escucharon las voces de quienes han querido añadir, como dicen los gringos, insulto al perjuicio, dejando muy en claro que Juan Manuel Santos no había ganado el 21 de junio, lo cual era innecesario, y aleja a quien en cualquier caso debería ser aliado de aquéllos en la tarea de renovación del Partido liberal.



Los ministros de la línea Valdivieso y aún el buen Parmenio, de los independientes, dejan mucho qué desear: el contraste ayuda mucho a que un buen gabinete conservador salga aún más lucido. Los liberales independientes, como Luis Carlos Valenzuela y Martha Lucía Ramírez de Rincón, ambos muy buenos, son más el resultado del trabajo del Presidente que de los liberales que lo acompañaron.



Con esa actitud ellos han dejado abierto el campo para que Horacio Serpa termine crecido. Hoy, él es el director indiscutible del Liberalismo, con la venia de su jefe Samper en la entrevista que le concedió a Daniel su hermano. Hoy él es el Presidente en la sombra y nombra al gabinete en la sombra. Hoy es una realidad política tan grande que difícilmente alguien podrá disputarle la candidatura liberal en el 2002.



Quizá por eso los sabios aconsejan extremo cuidado en la selección de los enemigos: porque siempre se corre el riesgo de terminar pareciéndose a ellos.
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