Opinión

  • | 2008/03/28 00:00

    ¿Realidad incoveniente?

    La crisis ha puesto sobre la mesa una serie de realidades que deben ser cuidadosamente analizadas, puesto que de ellas dependerá en gran parte el futuro del país.

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El parte de victoria que dio el ministro Araújo, luego de la difícil reunión de cancilleres de la OEA -en la cual este organismo rechazó la intervención militar colombiana en territorio ecuatoriano para dar muerte al segundo hombre de las Farc y reiteró el compromiso de los países de combatir a grupos irregulares-, pareciera ignorar el malestar que se mantiene vivo en la región en contra del gobierno colombiano, producto de la mayor crisis diplomática de nuestra historia reciente. Y en esto el gobierno no puede equivocarse.

Si bien el operativo en que se dio muerte a Raúl Reyes le permitió al presidente Uribe obtener una importante victoria contra las Farc y aumentar una vez más su popularidad interna, también es cierto que Colombia quedó en una posición vulnerable que solo será superada en la medida en que reoriente sus relaciones internacionales como lo han hecho ver prestigiosos editorialistas. En este episodio la suerte acompañó al presidente gracias a la información encontrada, "de pura chiripa", en el computador de Reyes, la cual le sirvió en la cumbre presidencial del Grupo de Río, en Santo Domingo, para evitar una condena segura a nuestro país y reafirmar que en la región están pasando cosas que merecen especial atención.

La crisis ha puesto sobre la mesa una serie de realidades que deben ser cuidadosamente analizadas, puesto que de ellas dependerá en gran parte el futuro del país.

La región ya no es la misma. A nivel político, la hegemonía gringa es cosa del pasado. Hoy hay otros rumbos, muchos de ellos por demás inciertos. Colombia, como único aliado visible del desgastado gobierno Bush, inspira desconfianza. A ojos de muchos somos vistos como el país problema y Uribe en contravía como gobernante de derecha. El conflicto interno que lleva más de 50 años sin resolverse ha traspasado las fronteras. El narcotráfico y las guerrillas, así como miles de desplazados, han conducido a un conflicto que hoy es de carácter regional, como lo evidencia el operativo militar en suelo ecuatoriano. Capítulo aparte merece la parapolítica.

En contraste, nuestros vecinos -segundo y tercer socio comercial de Colombia- tienen realidades y visiones diferentes. En el caso de Venezuela, Chávez, como líder de la izquierda, quiere exportar su revolución bolivariana aprovechando la influencia petrolera y para esto da la bienvenida a todo tipo de alianzas. Colombia es vista como obstáculo. Son múltiples las denuncias de corrupción, narcotráfico y apoyo a las guerrillas colombianas. Su protagonismo aumentó con el encargo que le hizo Uribe para facilitar el acuerdo humanitario y la posterior liberación de Clara y Consuelo, pero su abrupto retiro del encargo fue uno de los primeros detonantes de la crisis. A diferencia de Uribe, su imagen ha venido cayendo, la crisis alimentaria no tiene precedentes, perdió el referendo y próximamente enfrentará elecciones regionales, motivo para un conveniente y temporal cambio de lenguaje frente a Colombia.

Por su parte, Ecuador ve a Colombia -el gigante del norte- como fuente de muchos de sus problemas. Mientras Correa ya contaba con una alta popularidad -que aumentó con su posición frente a Colombia- y concentra todos sus esfuerzos en sacar adelante la reforma constitucional, el conflicto colombiano es un problema que distrae, enreda y debe ser solucionado de manera interna. Ahí no cabe la corresponsabilidad. Sus recursos, muy a diferencia del Plan Colombia, son limitados, por lo que prefiere -sin protegerlos- no enfrentar la presencia de los grupos insurgentes colombianos en su territorio. La diplomacia que han manejado las Farc garantiza no actuar bélicamente en los países vecinos con fronteras porosas.

La crisis que se desató no es algo coyuntural, por el contrario obedece a una serie de causas y cambios profundos que deberán ser muy bien interpretados para dar soluciones de largo plazo. Los abrazos y palmaditas en la espalda y las declaraciones de victoria que hemos visto por televisión no obedecen a la realidad que se maneja en nuestros países. Lo que sí ha quedado claro es que el conflicto colombiano se internacionalizó, para lo cual, el modelo de diplomacia clientelista debe transformarse hacia su profesionalización. Es mucho lo que está en juego. Y eso sí que lo saben los empresarios.
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