Opinión

  • | 2005/04/01 00:00

    Racionalidad agotada

    Precisamente cuando se confirma el éxito de las operaciones de prepago de deuda externa, el gobierno anuncia que no van más. ¿Quién paga el costo de oportunidad?

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Venía evitando referirme al uso de reservas internacionales para prepagar deuda externa del gobierno para no parecer cobrando crédito por una propuesta que, como tantas otras, fue inicialmente desestimada en forma refleja por las autoridades pero, finalmente, se puso en práctica, a regañadientes, y probó sus méritos. Pero como veo que el Ministro de Hacienda anuncia que no van más, que las operaciones de marzo, con las que se completaron US$1.750 millones desde 2004, son las últimas de su tipo, me siento obligado a señalar que no hay justificación para esa decisión. Por el contrario, el éxito alcanzado debería llevar a las autoridades a hacer algo en mayor escala pues este país no puede darse el lujo de ceder ingreso al extranjero.

Con esa mala memoria colombiana, que en algunos colegas es amnesia selectiva, seguramente pocos recuerdan el escándalo inicial con que se recibió la propuesta de usar parte de las reservas para prepagar deuda externa. Se dijo de todo: que si se ponía en práctica subirían las tasas de interés que le cobraban a Colombia, que el país sería degradado adicionalmente por las agencias internacionales, que la impresión que ello daría de desorden y de entrada a saco del gobierno en el banco central induciría fugas de capitales...

Al final no pasó nada. O sí pasó, pero lo contrario. Las tasas de la deuda pública interna y externa bajaron. Ninguna agencia internacional mencionó los prepagos de deuda externa como una razón para no mejorar la calificación de basura que le siguen dando a la deuda colombiana, y mal podrían hacerlo cuando Malasia, que hoy es la niña mimada entre los países emergentes pues todos respetan el éxito, ha hecho operaciones similares en una escala mayor. Respecto a fugas de capitales ¿notaron la desbandada del último año?

En cambio, los beneficios son importantes, y lo serían mucho más si la cosa no se hiciera con tanto desgano. Permítanme recordar que la principal justificación de esa operación financiera es que le permite a Colombia un ahorro igual a la diferencia entre las altas tasas de interés que paga por la deuda pública y los bajos rendimientos que recibe sobre sus reservas, multiplicada por el monto de los prepagos. ¿Cuánto es eso? Según cifras oficiales de balanza de pagos en los 12 meses hasta septiembre de 2004 Colombia obtuvo US$231 millones por concepto de intereses sobre unas reservas netas que, como promedio del período, fueron US$11.374 millones, lo que arroja una tasa de 2%. En el mismo lapso el sector público colombiano pagó al exterior intereses por US$1.761 millones sobre una deuda externa media de US$23.450 millones, lo que arroja una tasa de 7,5%. Aun si se supone que se usan reservas para cancelar deuda de costo promedio, el ahorro de costos por cada US$1.000 millones de prepagos sería de US$55 millones, cada año y "para siempre". Pero es obvio que la deuda que debe prepagarse es la más costosa, cuya tasa de interés excede en varios puntos el costo promedio.

Quienes se oponen a la idea de que el Banco de la República colabore con el gobierno para reducir la carga neta de intereses del país suelen afirmar que no tienen nada contra la sustitución de deuda externa por interna, pero que si el gobierno quiere hacerlo debería reducir su déficit fiscal y usar el ahorro para liquidar deuda externa. Pero esa forma de poner las cosas revela cierto desprecio por la inteligencia de la audiencia a la que se dirigen. Aun si fuera deseable reducir el déficit fiscal para prepagar deuda, para lo cual se requeriría que la rentabilidad social del gasto fuera inferior al costo de la deuda externa, cosa muy discutible en un país en guerra, una cosa no tendría por qué excluir la otra. No importa qué haga el gobierno, lo racional para el país sería usar sus activos líquidos excesivos, que le ofrecen rendimientos irrisorios, para liquidar pasivos que tienen costos muy superiores. El banco central debería invertir sus excesos de reservas en deuda externa colombiana.

Una y otra vez, hemos perdido oportunidades de usar los excesos de reservas para comprar deuda colombiana a precios bajos. En el tercer trimestre de 2002, cuando propuse la cosa por primera vez, la deuda colombiana se cotizaba 30% por debajo de hoy. Cuando por fin se aceptó comprar un monto interesante, a comienzos de este año, la deuda nuevamente estaba demasiado cara. Por fortuna, con el susto de los mercados en los últimos días, a raíz de la sugerencia de la Reserva Federal de que podría ser necesario subir más rápido las tasas de interés, podría surgir una linda oportunidad. Desaprovecharla, como se anuncia, no tendrá un costo explícito pero sí un "costo de oportunidad" que excederá el de los más famosos desfalcos al erario.
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