Opinión

  • | 2008/09/12 00:00

    Quince años de revolución silenciosa

    La estabilización macro, el fortalecimiento de las políticas sociales y la transformación de numerosas instituciones son evidencia de una revolución silenciosa que ha pasado desapercibida.

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Hay revoluciones que cautivan al público. La revolución bolivariana de Hugo Chávez y la "refundación" boliviana promovida por Evo Morales son dos casos recientes. Las revoluciones cautivadoras tienen líderes visibles y carismáticos que están dispuestos a cambiar la sociedad desde sus cimientos para que haya justicia social e igualdad económica. Pocas veces logran lo que se proponen.

Y hay revoluciones silenciosas, cuyos líderes son poco reconocidos y en ocasiones rechazados, y que sin la pretensión de cambiar la sociedad de la noche a la mañana, hacen factible el progreso. En América Latina y el Caribe, los últimos 15 años han sido un periodo más abundante en revoluciones silenciosas que en transformaciones radicales.

Una verdadera revolución macroeconómica consiguió dominar la inflación, reducir las grandes fluctuaciones económicas y controlar la inestabilidad de los tipos de cambio. Hoy son una minoría los países de la región que tienen tasas de inflación de dos dígitos, o que crecen por debajo del 4%, o cuyas economías experimentan altibajos bruscos en su crecimiento, o cuyas monedas padecen episodios dramáticos de devaluación. Todos estos fenómenos fueron corrientes hasta la década pasada.

La reciente aceleración de la inflación, debido al shock de precios de los alimentos está poniendo a prueba la solidez de la revolución macroeconómica. Aunque el desenlace posiblemente sea infortunado en un par de países empeñados en ignorar el problema, los demás han tomado medidas para reversar rápidamente esa tendencia. Las reverberaciones de la crisis financiera de Estados Unidos también son una prueba que no ha concluido, pero que hasta ahora ha puesto de manifiesto que la región no es la misma de la crisis del tequila de 1994 o la crisis rusa de 1998.

En todas las dimensiones de la macroeconomía, los avances de la estabilización han sido impresionantes. Estas conquistas no han sido a costa de las políticas sociales, como a menudo se arguye. Hace unos 15 años el gasto público social no llegaba en promedio a US$300 per cápita. Actualmente supera los US$450 per cápita (a precios constantes). Esta ha sido otra revolución silenciosa, acompañada de innovaciones que han mejorado la eficacia del gasto público social, como los programas de transferencias condicionadas del tipo de Oportunidades, en México, Bolsa Escola, en Brasil, y Familias en Acción en Colombia.

Hace exactamente quince años Moisés Naím habló de la necesidad de una "segunda generación de reformas" para complementar con reformas institucionales el decálogo de reformas del Consenso de Washington. Entonces surgió el mito de que los países latinoamericanos no estaban prestando suficiente atención a las instituciones públicas. Un detallado balance de los cambios institucionales ocurridos en la región en las dos últimas décadas revela que, en contra de este mito, también hubo una revolución silenciosa en materia institucional que cubrió muchos campos, incluyendo las instituciones políticas, los sistemas judiciales, las instituciones fiscales de diverso orden, tanto nacionales como sub-nacionales, las instituciones de propiedad y regulación de los servicios de infraestructura y de los sectores financieros, y los sistemas de pensiones y de protección social.

Por supuesto, no todo ha cambiado al ritmo que sería deseable, y en diversos campos los cambios no han traído todos los beneficios esperados. Pero ha habido una revolución silenciosa que ha sido más extendida, y posiblemente sea más duradera, que las cautivadoras revoluciones radicales de Hugo Chávez y Evo Morales.

La revolución silenciosa ha pasado desapercibida, no solo por su naturaleza gradual, sino por "la persistente negación del progreso por parte de muchos académicos, periodistas y políticos", para utilizar las palabras de conclusión de Michael Reid en su libro El Continente Olvidado: La Batalla por el Alma de América Latina. La tendencia a negar el progreso hace difícil mantener el rumbo y abona el terreno para el populismo, que brota tan fácilmente en este continente como otros recursos naturales.

Una notable excepción a esa tendencia ha sido la revista Dinero, que durante los últimos quince años ha mantenido una posición independiente y crítica, pero dispuesta a reconocer y a defender los progresos cuando los ha habido.



Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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