Opinión

  • | 2009/09/04 00:00

    ¿Quiénes son Liberales de verdad?

    Hoy se da la tremenda contradicción de que, lo que hace que el Partido Liberal sea la oposición, sea al mismo tiempo lo que acerca a quienes hoy ejercen la dirección de esa colectividad con el actual gobierno.

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Si se acepta que los partidos no están definidos por unos principios, por unos objetivos, por una organización estatutaria y unas propuestas, cada individuo puede decidir a cuál partido se afilia sin compromiso alguno; o pertenecer hoy a uno, mañana a otro, y al día siguiente a un tercero o volver al inicial sin que eso tenga significado ni consecuencias; o, contradiciendo todo lo que ha sido y es la doctrina y las leyes que gobiernan una colectividad, declararse miembro de ella o incluso llegar a gobernarla.

Expresión de esto, hasta el punto de haberlo convertido en ley de la República, es el llamado transfuguismo, que permite cambiar de afiliación según las posibilidades de ganar una curul en un equipo o en otro, independientemente de lo que este suponga representar. Y permite la consulta 'interpartidos' sin condición alguna diferente de que sea este el mejor camino para ganar elecciones.

Esto coincide con la estrategia y objetivo del modelo llamado 'comunitario', donde lo esencial es desaparecer los partidos como intermediarios entre la ciudadanía y quien tiene el poder, para así imponer una dependencia directa del elector ante el gobernante.

Y ha sido aplicada exitosamente en contra del Partido Liberal, donde la confusión ha llegado a nivel tal que, siendo partido de oposición, se habla de que a él pertenecen candidatos alineados con el Gobierno, o se pretende que se puede estar con la 'seguridad democrática' y las políticas del Gobierno pero reclamarse como vocero del partido que supone ser su alternativa.

La verdad es que hoy se da la tremenda contradicción de que, lo que hace que el Partido Liberal sea la oposición, sea al mismo tiempo lo que acerca a quienes hoy ejercen la dirección de esa colectividad al actual gobierno.

Bajo el nombre de 'liberal' se cobijan pensamientos diferentes: uno, el que oponía el individuo al poder del Estado cuando este se encarnaba en los derechos arbitrarios de un soberano sobre sus súbditos; otro, cuando la evolución al Estado de Derecho llevó a que por liberal se entendiera el que combatía las injusticias sociales, viendo al Estado como el instrumento conducente a ello; y otro, el que bajo la nueva forma y denominación de Neoliberalismo, otra vez ha declarado al Estado como enemigo porque supuestamente es la opción alternativa al orden del mercado al que se ha dado condición de nuevo soberano.

Pero: ¿qué se podría hoy decir en Colombia que es un liberal de verdad, o sea un liberal en el sentido que lo ha definido la tradición del Partido, sus doctrinas y estatutos fundacionales? Y sobre todo: ¿con cuál liberalismo se identifica el ciudadano al votar 'liberal'?

Ha sido patrimonio liberal la noción de que el funcionamiento armónico de cualquier comunidad depende de sus instituciones y no de quien ocupa el cargo de director o gobernante como caudillo de turno. Hasta dónde hay coincidencias entre César Gaviria y Uribe en este punto lo muestra la similitud en la forma de manejo de lo que les corresponde: nada más característico en ambos que el desconocimiento o menosprecio por la institucionalidad, destacándose que el parecido no es solo lo actual, ya que la propuesta del uso del 'Estado de Opinión' para derogar el Estado de Derecho tiene como precedente el caso de la 'séptima papeleta' que nunca existió más allá de la promoción por los medios de unas encuestas del momento.

La definición de 'el partido del pueblo' había sido explicado como 'un partido de matices de izquierda' o 'el partido de minorías'. Nunca un dirigente había incurrido en la irreverencia de proponer convertirlo en un partido de centro porque esto puede dar más votos. Siempre reivindicó su carácter de izquierda por el interés en los desfavorecidos de la sociedad, quienes, al no tener poder como grupo de presión, requieren representación política para adelantar o defender sus propósitos. Por eso está alineado con la Social Democracia y afiliado a la Internacional Socialista, que acepta el sistema capitalista pero dándole como orientación la responsabilidad social; por eso se distancia del neoliberalismo; y por eso se reformó su estructura, involucrando a los sectores sociales y abierto, de forma tal que se rompiera el poder excluyente de los políticos profesionales, que hoy más que nunca caracteriza tanto el gobierno del país como el del partido, y que tantos cuestionamientos trae.

Mientras para los unos el desarrollo es la única razón de ser del Estado y la competencia el instrumento para buscarlo, la solidaridad es el camino para quienes la armonía social y el bienestar de todos los ciudadanos es lo deseable. Consecuencia de ello es que considera no solo que el Estado sí tiene una función de intervenir para cumplir ese objetivo, sino que el orden que genera la libertad de mercado es un modelo 'para aumentar la brecha' al reducirse a producir ganadores y perdedores, concentrando la riqueza y aumentando la pobreza.

De ello nace la oposición al TLC y no de un rechazo a lo que proponga Uribe; pero claro que quien promovió la apertura como doctrina económica tiene que defender estos mecanismos.

El liberal de verdad no cree que las diferencias se solucionen por la fuerza y menos por las armas, por eso es defensor del diálogo y la solución pacífica de los conflictos, sean estos nacionales o internacionales. En contra de eso -que es lo más central del espíritu liberal-, el hoy director de ese partido respalda incondicionalmente las políticas guerreristas del primer mandatario. Mientras de la guerra es que nace el respaldo a Uribe y él la mantiene y la promueve para garantizarlo, la paz es la expectativa sobre la cual monta un liberal sus proyectos, ya sean personales o los de su colectividad.

La descentralización, como expresión del respeto por la autonomía de las regiones y como reconocimiento de que entre más cerca se está de los temas más participación se debe tener en ellos, es parte de la filosofía liberal, filosofía que con el recorte de las transferencias o la congelación de las regalías se desvirtúa y sobre la cual poco se ha oído a Gaviria.

La educación y el empleo como camino en busca de la igualdad de oportunidades son las prioridades de las propuestas liberales para lograr que todo ciudadano tenga la llamada libertad positiva -la que da vigencia a los derechos que tiene para buscar la felicidad-, en contraste con la que se conoce como libertad negativa ,que se limita a las garantías contra los abusos que la restringen pero se complementa con un asistencialismo que cambia la libertad por la dependencia -del Estado o, en regímenes autocráticos, del gobernante-. El neoliberalismo que impulsó el gobierno Gaviria no ve el empleo como un objetivo social sino como una variable económica y la educación como una mercancía sometida a las reglas del mercado y por eso acepta y defiende los mecanismos compensatorios que les mantienen esa naturaleza.

El liberalismo de César Gaviria no es la oposición o la alternativa a Uribe sino la continuidad de las mismas propuestas bajo otro nombre; es mantener el statu quo tan deseado por los grupos legales e ilegales que subieron a Uribe; es el lavado o blanqueo del modelo como si los horrores y delitos cometidos para acceder al poder y en el ejercicio del mismo no fueran parte de él.

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