Opinión

  • | 1994/08/01 00:00

    ¿Quién rondará al banco?

    Samper ha sido poco claro en lo referente a la autonomía del Banco de la República.

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Por primera vez en muchos años, las recientes elecciones presidenciales mostraron a dos candidatos con abiertas diferenciasen sus planteamientos económicos. A uno le tocó hacer malabares para mostrar que su programa económico, basado en la preeminencia del mercado, no era insensible a los problemas sociales que afectan al país. Al otro le fue necesario insistir en que, en su afán por resolver los problemas sociales, no iba a retroceder en el progreso de internacionalización de la economía.

El candidato que perdió se había manifestado como amigo de la independencia del Banco Central (BC). El presidente electo ha sido menos claro. De hecho, algunos de sus asesores se han manifestado en contra de la figura del BC independiente. ¿Por qué? En esencia porque consideran que la tasa de cambio es una variable demasiado importante como para que la manejen unos pocos técnicos sin aparente responsabilidad política, con el único afán de bajar la inflación.

Esta línea de pensamiento me parece muy desafortunada. Es cierto que la tasa de cambio real (TCR) es un concepto muy importante. Sin embargo, se debe mencionar que el BC no controla la tasa de cambio real; controla la nominal, y el efecto de la segunda sobre la primera, que es evidente a corto plazo, es poco claro, y quizás inexistente, a largo plazo. Todo lo demás constante, el efecto inmediato de un aumento en la tasa de cambio nominal es aumentar la tasa de cambio real, gracias a lo cual mejora la competitividad de la economía. Pero si ese fuese un efecto perdurable, ningún país perdería el tiempo' en innovar, desarrollar infraestructura, gastar en comercialización, etc., para ganar competitividad internacional. El mismo resultado se obtendría simplemente solicitándole al BC que devalúe más rápido.

¿Cómo se pierde el beneficio de largo plazo de una devaluación? A través de mayor inflación. Pareciera entonces que la relación entre devaluación e inflación es del siguiente estilo; a corto plazo, un aumento en la devaluación nominal produce una mejora en competitividad, pues mientras el aumento en la tasa de cambio es inmediato, su efecto inflacionario es retardado. A largo plazo,. un aumento en la devaluación se traduce en mayor inflación, y por consiguiente, no redunda en ganancias permanentes en competitividad.

Claro, como al gobierno lo que más le .preocupa es el corto plazo un BC controlado por el gobierno podría efectuar una política cambiaria que traería pírricos beneficios e corto plazo, al costo de aumentar la inflación más adelante. Ello es lo que justifica una institución como el BC independiente.

Un ejemplo similar sería el del crédito de emisión que el BC otorga al gobierno, y que tan malos recuerdos nos trae a todos. Los beneficios de corto plazo del mismo son evidentes; pagar un contratista, evitar una huelga de maestros, servir cumplidamente la deuda pública. Los costos solamente se ven a largo plazo, y no necesariamente durante el mismo gobierno.



Preocupa que el nuevo equipo económico cuestione el manejo cambiario del Banco de la República, al tiempo que ve en el pacto social mexicano el ejemplo por seguir para bajar la inflación. En Colombia la tasa de cambio real (1985=100) pasó de 173 en 1990 a 147 en 1993, una apreciación real de 15%; en igual período en México pasó de 108 a 85, una apreciación real de 21%.

No se entiende cómo en unas declaraciones se critica al Banco de la República mientras que en otras se señala a México como el ejemplo por seguir. O lo que es lo mismo, hasta en México -donde el BC no es independiente y donde se ha dado una amplia concentración entre gremios, sindicatos y gobierno ha sido inevitable que la TCR se aprecie, como resultado de la afluencia masiva de divisas.

Por cierto, identificar nuestra apreciación real reciente como la consecuencia de haber independizado el BC, no se ajusta para nada a la realidad. Valga la pena recordar que mientras la reciente apreciación ha sido de 15% en tres años, entre 1978 y 1982 la misma fue del orden del 13%. En esa época no teníamos un BC independiente. Teníamos, claro está, un monumental desbalance fiscal, que en 1982 alcanzó cerca del 8% del PIB. En el período reciente, si bien la situación fiscal ha sido sustancialmente mejor, ha surgido otro elemento, exógeno al Banco de la República y común a toda América Latina: una entrada de capitales sin precedentes, que en el caso colombiano se ha visto agravada por el masivo ingreso de dineros de dudosa procedencia. Ante semejante avalancha de divisas, la apreciación ha sido inevitable, y, por supuesto, ajena a que el BC sea independiente o no.

La independencia del Banco de la República es, en materia económica, el gran legado que dejó la Constitución de 1991. Es la garantía que tenemos en el sentido de que las políticas cambiarias y monetarias se manejarán con criterios de largo plazo, no en función de los intereses cortoplacistas de los diferentes gobiernos. Es importante que el Banco de la República continúe siendo, en forma independiente, la autoridad monetaria y cambiaria del país. Nada más importante para aumentar en forma permanente la competitividad de la economía colombiana que el logro de bajas tasas de inflación.
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