Opinión

  • | 1998/10/30 00:00

    ¿Quién responde por la recesión?

    El Gobierno tiene las manos atadas por el déficit fiscal y la Junta del Banco de la República dice que no tiene velas en ese entierro.

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El chiste en los corrillos de la Asamblea de Camacol, hace unos días, era que las cosas están tan mal que parece que hubiera ganado Serpa.



Hay una sensación general de naufragio económico, sorprendente porque todavía no ha cumplido tres meses un gobierno cuya elección por la mayor votación histórica disparó los índices de la bolsa durante unos pocos días, que en contraste con Samper hace gala de excelentes relaciones internacionales y que cuenta con un equipo económico de lujo.



La respuesta al acertijo tiene dos partes. La primera es que en las actuales circunstancias, en las cuales los apremios fiscales impiden reactivar la inversión pública, la influencia del gobierno sobre la tendencia de corto plazo de la economía es casi nula comparada con las políticas adelantadas por la Junta del Banco de la República, que tiene la sartén por el mango. Eso explica, por ejemplo, que en 1997, gracias a una fuerte baja de los intereses, la economía haya registrado una vigorosa reactivación durante el tercer año de Samper. Y también explica que ahora se esté hundiendo, bajo el peso de intereses exorbitantes para defender la banda cambiaria.



Crecimiento irrelevante



La segunda parte de la explicación es que para el diseño de la política de la Junta es casi irrelevante lo que ocurra con la producción, el empleo o cualquier cosa distinta a la inflación. La economía va en caída libre y la única autoridad que podría evitarlo mira para otro lado.



Dije que lo que pasa con la producción es "casi irrelevante" para la Junta porque el Banco de la República sí usa algo de esa información para definir sus metas monetarias. Lo malo es que no lo hace con el propósito de diseñar una política monetaria que ayude a atenuar la recesión, sino con un propósito casi aritmético.



Por ejemplo, suponga que se llega a la conclusión de que la economía no va a crecer 3% en los próximos 12 meses, como se creía hace un tiempo, sino que va a caer 2%. Para la Junta esa información no significa que deba irrigar más liquidez para bajar las tasas de interés y mitigar la recesión. Sólo significa que, "como la economía va a crecer menos, también necesitará menos liquidez". En consecuencia, la Junta procederá a reducir la oferta monetaria a fin de garantizar que el dinero no aumente más allá de lo indispensable para sostener un crecimiento nulo de la producción.



A esa barbaridad, la Junta la llama "garantizar la consistencia macroeconómica".



Poder sin responsabilidad



Sé que lo anterior resulta difícil de creer, pero basta leer los informes del Banco de la República al Congreso. En ellos, la Junta evita con escrupulosidad cualquier palabra o giro que pudiera hacer pensar que el crecimiento de la economía pueda llegar a ser considerado por ella como un objetivo legítimo, conjuntamente con el de la estabilización.



Haber determinado que la Junta del Banco de la República, que maneja la política monetaria, financiera y cambiaria, sólo es responsable de la inflación, aceptando tácitamente con ello que no tenga ninguna responsabilidad en materia de crecimiento y empleo, fue uno de los más graves errores económicos de la Constitución de 1991.



Para el futuro o bien se le asigna al Banco Central una responsabilidad explícita en esos frentes o parte de los poderes que actualmente ostenta deberán volver al gobierno. No es sensato que la entidad que maneja los únicos instrumentos eficaces para mitigar una recesión no asuma responsabilidades en ese frente, y que éstas pretendan colocarse íntegramente sobre un Ejecutivo que, en términos macroeconómicos, hoy es básicamente impotente.



Mientras se reforma la Constitución, la que está vigente dice que el Banco de la República deberá ejercer sus múltiples funciones "en coordinación con la política económica general". De ello habrá que agarrarse para lograr que la Junta reconozca que esa coordinación exige facilitar una baja sustancial de las tasas de interés para evitar que la actual recesión nos tome ventaja y se convierta en una grave crisis económica y financiera.



Ilusiones al 50% anual



Por ahora no voy a volver sobre el asunto de si una baja sustancial de las tasas de interés es compatible o no con la actual banda cambiaria. Yo creo que no lo es, pero la prueba del pastel está en comérselo: si el Banco de la República dice que la banda cambiaria no es un obstáculo insalvable a la baja de las tasas de interés, pues que las baje de una vez.



En cambio, quiero decir con absoluta claridad que me parece iluso pensar que será posible evitar una crisis económica y financiera si las actuales tasas de interés duran unos pocos meses más. Y que es una ingenuidad, rayana en la irresponsabilidad, creer que uno puede salir del problema de tasas de interés impagables mediante "ingeniería financiera". Por ejemplo, con esquemas como el de las cuotas para deudores hipotecarios que son constantes dentro del año y se reajustan anualmente de acuerdo con el salario.



A las actuales tasas de interés activas, de más de 30 puntos sobre el reajuste anual del salario, con esos esquemas la deuda del prestatario crecería a un ritmo explosivo y a la vuelta de pocos años excedería muchas veces el ingreso anual del deudor y el valor de la vivienda. Eso implica que la deuda sería absolutamente impagable e incobrable.



Por supuesto, no es solamente con los créditos hipotecarios que mucha gente hoy está actuando imaginativamente para posponer el reconocimiento de que las tasas que la autoridad monetaria ha determinado como "consistentes con el equilibrio macroeconómico" son impagables e incobrables.
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