Opinión

  • | 2008/08/01 00:00

    ¿Qué tiene Estados Unidos que no tenga Colombia?

    La filantropía norteamericana está más basada en las personas y familias que en las empresas a las que se les pide actúen responsablemente.

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Hace algunos días el despacho de la Primera Dama convocó a algunos actores del sector social a un conversatorio en el cual el profesor Alejandro Espinal presentaría el "modelo de filantropía en Estados Unidos para adoptar en América Latina" y luego se permitió intercambiar opiniones alrededor del tema planteado.

Queda uno impresionado con muchos de los datos presentados. Por ejemplo, se estima que el total de recursos anuales movilizados es de US$295.000 millones, es decir el 2,1% del producto interno bruto. De éstos, solo US$18.500 millones provienen de donaciones corporativas. Es decir, quienes hacen la supermayoría, a propósito de las actuales elecciones, son los individuos, las personas, las familias, quienes tienen un desarrolladísimo sentido de solidaridad.

En cuanto a personas vinculadas con actividades sociales, nos encontramos con que el 6,9% de la fuerza laboral se encuentra formalmente vinculada con el sector. En otras palabras, las entidades del sector no solo son un eficaz canal para atender las necesidades sociales, sino que además generan ingresos y empleos. Uno de cada 15 empleados trabaja con entidades de índole social. Parecería como una especie de círculo virtuoso.

Finalmente, otro grupo de estadísticas muestra que el 84% de las donaciones son dadas por personas, individuos y familias, el 89% de los hogares americanos donan dinero regularmente a causas sociales, y el 55% de las personas donan tiempo y trabajo a sus comunidades.

Ahora bien, ¿qué es lo que conduce a que el pueblo estadounidense tenga este comportamiento?

El poder de las comunidades.

Hay varias hipótesis, una de ellas es de carácter histórico y sostiene que todo proviene de la colonia, durante la cual los migrantes que entraron a América del Norte llegaron para quedarse, mientras que los españoles lo hicieron para saquear las riquezas del continente recién descubierto y disfrutarlas en Europa, seguramente como nuevos ricos de la época. Lo cierto es que esta hipótesis es dramáticamente fatalista y condena a Latinoamérica por los siglos de los siglos.

Otra teoría habla de los incentivos tributarios, que sin duda son importantes, pero no explican actitudes como el trabajo comunitario y la donación en especie de las personas.

Mi impresión hoy en día es que si algo tienen los gringos que no tenemos nosotros es un sentido de comunidad envidiablemente desarrollado. Ellos entienden bien que los individuos y familias son parte de un entorno mayor y que hay que jugar ese papel con responsabilidad. Entienden que uno vive en barrios, que es parte de la sociedad, que la sociedad es imperfecta y requiere del apoyo de todos, que los barrios son parte de ciudades.

Sin saber si es la causa o el efecto, hay al menos tres aspectos del funcionamiento de su sociedad que están íntimamente ligados con el tema. El primero es la presencia tan fuerte en la vida de los barrios de las iglesias, de todos los cultos, algunas incluso extremistas en sus exigencias.

El segundo aspecto es el papel que los colegios del barrio tienen en la comunidad. Con seguridad una buena parte de ese trabajo comunitario que donan el 55% de los individuos se canaliza a través de los colegios e iglesias. En esto, el sistema de colegios públicos de barrio cumple un papel primordial.

El tercer aspecto es el de las circunscripciones electorales y los sistemas de representación en los órganos de control, en los concejos, en el Congreso y hasta en la definición de los sheriffs de los condados. Ella, la gente, sabe quién es su congresista y puede tener contacto con él, ¿o hay algo más comunitario que la elección del sheriff, es decir la autoridad que nos cuida a los unos de los otros?.

Definitivamente, si algo tienen los gringos que nosotros no tenemos, es una comunidad activa y robusta. No es entonces gratuito que la gente se sienta parte de los problemas y las soluciones. ¿Cuántos conocemos a nuestros vecinos? ¿Es importante? Seguramente no nos parece, y seguramente no lo es, porque no somos parte de una comunidad en el sentido funcional de la palabra.
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