Opinión

  • | 1997/03/01 00:00

    Que renuncie

    Cuánto ganaría Colombia, si Samper renunciara.

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Al escribir este artículo, desconozco aún si el Congreso de Estados Unidos descertificará o no a Colombia. Independientemente de cuál sea esa decisión, las expresiones de algunos congresistas y altos funcionarios estadounidenses, empezando por el subsecretario de Estado para asuntos de narcóticos, Robert Gelbard, en contra del presidente Samper, muestran muy a las claras lo costoso que le está resultando al país tener un primer mandatario cuya campaña electoral fue en gran parte financiada por los grandes capos del narcotráfico.



Más aún, encuentro, y paso a relatarlas, una serie de sólidas razones que demuestran que en la raíz de muchos de nuestros más graves problemas está, como un pesado lastre -pero no el único-, quien ocupa hoy la presidencia. Y aun cuando como politólogo puedo explicarme por qué Ernesto Samper continúa en la Casa de Nariño, en cuanto ciudadano no me resigno a esto como un hecho fatal. Veamos cuáles son esas razones.



1. La descertificación y las sanciones económicas que la acompañen, si finalmente se dan, se deciden hoy en día no tanto por razones objetivas de desempeño en la lucha contra el narcotráfico, sino por razones políticas. El ex presidente López así lo ha entendido al afirmar, en artículo reciente, que el gobierno de Estados Unidos quiere escarmentar a otros países mediante el tratamiento y las sanciones que impone a Colombia1. Para esta finalidad ejemplarizante, un presidente, como el nuestro, cuya campaña presidencial fue sin lugar a dudas financiada en gran parte con narcodineros, les pone a los estadounidenses el plato en la mano. Tanto más si ese presidente ha sido exonerado por un Congreso en cuyo seno se sientan numerosos y activos servidores del narcotráfico. Lo grave es que esa situación no cambiará mientras Samper permanezca en la presidencia.



En política hay un fenómeno muy real, señalado con claridad por Maquiavelo hace más de cuatrocientos años: lo importante no es tanto la realidad, sino las apariencias. En palabras del florentino: "No requiere tanto el Príncipe poseer algunas cualidades, consideradas en un superficial análisis imprescindibles para mantenerse en el poder; lo que importa es que parezca tenerlas". Con igual lógica, puede ser que un presidente no tenga determinados defectos, pero si se cree que los tiene, eso determina la conducta de su propia gente y la de otras naciones, frente a él. No entro a juzgar a Samper, pero sí subrayo el tremendo daño que le está causando a Colombia un jefe de Estado cuya imagen internacional es la de un aliado de los más grandes capos.



2. Un primer mandatario desprestigiado internacionalmente y por tanto con muy escasa credibilidad, reduce de modo sustancial el margen de maniobra para nuestro país. Así, las promesas y alegatos que hace el actual gobierno colombiano ante quienes desde el exterior lo acusan de negligencia, o de abierta violación, en materia de derechos humanos, pierden mucha credibilidad por el simple hecho de que quien las hace es un presidente financiado por el narcotráfico.



3. Cómo puede mejorar la imagen de Colombia ante el mundo, si los nexos del presidente con el narcotráfico es lo primero que, en otros países, nos enrostran a los colombianos quienes nos quieren agraviar. Hay que decirlo, Ernesto Samper es hoy, en el exterior, el gran símbolo, justa o injustamente, de la podredumbre que ha penetrado en la clase política colombiana. Eso no cambiará mientras dure el actual gobierno.



4. Si Samper no ha sido capaz de tomar las medidas de fondo que mitiguen de manera efectiva el complejo problema fiscal y ha tenido que ceder de manera vergonzosa ante los sindicatos oficiales, en buena parte se debe a que, políticamente, es débil, como consecuencia de los compromisos políticos hechos para permanecer en el poder y de la enorme resistencia que muchos colombianos le ofrecen por sus conocidos nexos con el narcotráfico.



5. Ante una guerrilla sólida económicamente y que se siente fuerte militarmente, se requiere un gobierno capaz de poner en pie de guerra a todo el país, a fin de acorralar a la guerrilla y luego sí sentarse a negociar con ella. Pero de eso, por falta de autoridad moral, debido a sus vínculos electorales con el narcotráfico, no es capaz el presidente Samper. Entre tanto, a los angustiados colombianos nos toca ver cómo se consolida la capacidad de acción subversiva. Esa situación, de nuevo, no cambiará mientras continúe en el Palacio de Nariño el actual primer mandatario.



A mi juicio, todavía es hora para que la clase dirigente del país, en especial los sectores empresariales, gremiales y sindicales, analicen si se justifica la permanencia de Samper en la presidencia. Algunos políticos han afirmado que la renuncia de éste, en lugar de contribuir a solucionar los graves problemas que enfrenta Colombia, los agravaría. Yo, como politólogo, no lo veo así. En primer lugar, porque el camino institucional para adelantar la sucesión es conocido y acatado por todos: se llama Carlos Lemos. Segundo, porque Lemos fue escogido por el mismo Samper, cuenta con su plena confianza, y ha comulgado con las políticas sociales del actual gobierno. Tercero: porque Lemos despierta una muy amplia aceptación en el mundo político y en el económico, tanto nacional como internacionalmente.



Para mí, es claro que si bien con la sola renuncia de Samper no se solucionan los graves problemas que aquejan hoy al país, es igualmente manifiesto que, sin su renuncia, no es posible empezar a solucionarlos de verdad.
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