Opinión

  • | 1999/08/27 00:00

    ¿Qué hacen con la plata?

    La solución del problema del estrangulamiento crediticio exige algo más que pactos entre los banqueros y sus clientes.

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El prolongado coma del crédito tiene preocupado y exasperado a todo el mundo. El otro día, en el Senado, pusieron al pobre Miguel Urrutia como no digan dueñas por su aparente incompetencia para resolver el problema. La prensa de los últimos días está llena de referencias al "credit crunch". Todo líder gremial que se respete ha dado declaraciones sobre el asunto y los más acuciosos ya han presentado propuestas, incluyendo los socorridos "pactos" entre los banqueros y sus clientes.



Quiero comenzar diciendo que el problema del estrangulamiento crediticio es más complejo y difícil de resolver de lo que piensan quienes lo atribuyen a la mala entraña de los banqueros.



Estoy consciente de la angustia que puede producir descubrirle al problema más aristas de las que se pensaba. En la visita al médico, por lo que se creía un simple catarro, el doctor detecta anemia aguda, descalcificación, insuficiencia renal, comienzos de pulmonía y ese quiste que, no se preocupe, no creo que sea nada pero vamos a hacerle una biopsia, para estar más tranquilos. Casi mejor no haber ido.



Pero las cosas son como son. Detrás de la parálisis del crédito hay, por lo menos, las siguientes causas importantes:



Los bancos no prestan porque lo que captan ya ni siquiera les alcanza para financiar el aumento de la cartera vencida.



* Unas pocas empresas a las que los bancos les prestarían de mil amores carecen de proyectos de inversión, porque tienen excesos de capacidad de planta o porque tomaron la decisión de esperar a que se despeje el panorama de la paz. Mejor dicho, hasta el día de San Blando. O de Andrés.



* Un número mayor de deudores, aunque podrían usar un préstamo, decidieron plantar en materia de deuda. Decenas de miles de personas han renunciado a las tarjetas de crédito como renuncia "el niño pobre ante el juguete caro", y algo parecido pasa con muchas empresas.



* Otros deudores se mantienen tocando puertas pero no les abren porque, a la hora de los avalúos de las garantías, encuentran que los activos ya no valen lo de antes. Ahora que, por fin, llegó el futuro prometido al comienzo de la década, están más pobres que al inicio porque sus propiedades perdieron valor.



* Hay otros clientes que podrían ofrecer suficientes garantías para los créditos pero se encuentran con que a los banqueros, que ya no saben qué hacer con más inmuebles y cachivaches recibidos en pago, les ha dado por mirar las proyecciones de las utilidades operacionales. Y claro, son un horror.



* Un caso conmovedor es el de los deudores que eran clientes de bancos quebrados, como el Andino y el Pacífico. Ya se han dado cuenta de que los liquidadores de esos bancos son más duros que los antiguos dueños, que tienen que pagar las deudas viejas, y hoy vagan como leprosos de banco en banco pues ninguna otra entidad está dispuesta a tomarlos como deudores.



* Esta lista ya se está poniendo larga pero ¿cómo no voy a mencionar la incertidumbre jurídica de los créditos hipotecarios, la duda de si la Corte Constitucional tumbará o dejará en pie la capitalización de intereses? Si la tumba, en adelante sólo se les podrá prestar a los ricos. Por el momento las CAV prefieren no prestarle a nadie.



* Y hay algunas entidades de crédito ilíquidas, que siguen saltando matones porque no han podido conservar sus depósitos. Otras todavía no han sufrido retiros pero prefieren pasar en materia de crédito e hinchar sus colchones de liquidez para enfrentar los riesgos de eventuales retiros por siniestros como la crisis del año 2000, la Junta o el FMI.



* Por fin llego al meollo del asunto, a la madre de las dificultades de crédito después de haberles echado un vistazo a sus tías. La razón de fondo por la que los bancos no están prestando es que lo que captan ya ni siquiera les alcanza para financiar el aumento de la cartera vencida y los cachivaches.



La primera respuesta cuantitativa a la pregunta del título es que una gran parte de la plata se fue por el caño, en enormes pérdidas. La caída nominal del patrimonio de las entidades de crédito durante el último año, contando sólo las entidades supervivientes (sin incluir en la cifra de hace un año el patrimonio de las que se quebraron) fue de $1,1 billones.



La segunda parte de la respuesta es que aunque esas entidades aumentaron sus depósitos de todo tipo en $5,4 billones, un billón se destinó a sustituir otros pasivos, como los bonos y los créditos de los corresponsales externos. Los pasivos del sistema sólo crecieron $4,4 billones porque a los bancos también les redujeron el crédito.



Sumando pasivo y patrimonio del sistema de crédito tenemos un aumento de $3,3 billones durante el último año. Y resulta que la cartera vencida, los bienes en pago y los "derechos sobre fideicomisos" (primos de los bienes recibidos en pago) explotaron 85%, o $4,1 billones.



Para ajustarse a la restricción contable de activo igual a pasivo más patrimonio, los demás activos de las entidades de crédito debieron contraerse. La cartera vigente cayó $1,3 billones, 2,9%, mientras otros activos crecieron $0,4 billones, sólo 2%. La idea de que los bancos están dedicados a invertir en lugar de prestar no tiene respaldo en las cifras contables.



Ningún "pacto" resolverá el problema mencionado. Algo, limitado, podría hacerse bajándoles la rentabilidad a las inversiones alternativas para que los bancos reduzcan esas inversiones, en lugar del crédito. Y algo más podría lograrse mediante una agresiva política monetaria que permitiera un mayor crecimiento de los depósitos.



Pero la solución de fondo del problema de que la plata ya no alcanza para financiar un aumento de crédito exige cortar la hemorragia de la cartera morosa. Y lo único que lo logrará será la moderación en las tasas de interés y la reactivación económica, promovida con todos los demás instrumentos a la mano.
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