Opinión

  • | 2005/06/10 00:00

    ¡Qué despilfarro!

    El gasto público, la liquidez y el crédito van embalados pero solo logran compensar, con altos costos para el futuro, los efectos recesivos de la revaluación.

COMPARTIR

Si la información no fuera oficial pensaría que alguien la está manipulando para mostrar al gobierno como manirroto. La página web del Banco de la República nos informa que en abril el gasto del gobierno nacional fue 64,5% mayor que el de abril de 2004, y esa tasa sube a 80,1% cuando se excluyen los pagos de intereses. Como la cifra mensual podría estar influida por accidentes miremos el acumulado de los primeros cuatro meses, período suficiente para que los cambios reflejen una tendencia. En ese caso el aumento anual de los pagos fue 31,8%, y sube a 45,0% cuando se excluyen los intereses. El crecimiento del gasto fue tan grande que, a pesar de un excelente comportamiento de los recaudos, el déficit fiscal de la Nación casi se triplicó respecto a 2004.

Pero si el gobierno le está inyectando plata a la economía el Emisor hace lo que puede por no quedarse atrás. El mismo Banco de la República nos informa que a mediados de mayo la "oferta monetaria ampliada" crecía 18,7% anual y que la cartera de créditos incluyendo leasing financiero iba apenas una nariz detrás, con 18%. Si excluimos la cartera de vivienda porque, debido al recelo que dejó la quiebra hipotecaria de hace un lustro mucha construcción se financia hoy con recursos propios y "preventas", vemos que el aumento anual es 22,9%.

Con una inflación de 5% esos incrementos del gasto público, de la liquidez y del crédito implican aumentos reales fenomenales. Ni Venezuela, con su bonanza petrolera y con Chávez está tan deschavetada. En cualquier país del mundo lo que estamos presenciando sería calificado como una política monetaria y fiscal ferozmente expansiva.

Yo, que durante la recesión de hace unos años abogué sin éxito por políticas expansivas que defendieran el empleo, sería el último en negar la capacidad del gasto público y de la liquidez y el crédito para estimular el crecimiento económico. Reconozco que mis proyecciones del PIB para este año, efectuadas hace unos meses, no contemplaban semejante uso masivo de anfetaminas económicas. Después de ver las últimas cifras fiscales y monetarias creo que se justifica esperar un crecimiento mayor, quizás el 4% del que hablan el Emisor y el gobierno.

Lo curioso es que esas políticas, que serían exageradas e imprudentes incluso en medio de un colapso de la demanda privada, pero al menos resultarían explicables en ese caso, se ejecutan en condiciones tan propicias a la demanda privada como podrían imaginarse: bonanza de precios de las exportaciones, rápido crecimiento de las economías de nuestros principales compradores y una inversión que respondió, faltaba más, a los costosos estímulos tributarios que se crearon en este gobierno.

Sin embargo, nadie espera que esa combinación de bonanza externa, estímulos a la inversión, gasto público desbocado e inundación de liquidez lleve a Colombia a crecer 9% o más como, sin necesidad de tantos estímulos, crecen Argentina y China. Qué va. Hasta Hommes, que según creo no está en la oposición, se jaló hace unos días un artículo en el que habla de estancamiento porque, ni con esas, se espera que superemos un mediocre 4% anual.

No coincido con Hommes en que el problema sea la falta de inversión privada por la incertidumbre que implica no contar todavía con el TLC, o por cualquier otra razón. En el primer trimestre el valor en dólares de las importaciones de maquinaria y equipo creció 28,7%, y nadie requiere cifras para reconocer que estamos en el pico de un auge de la construcción. No quiero ponerme cansón con esto de los efectos de un dólar barato pero no veo explicación de tan pobres resultados distinta de la desviación de una proporción creciente de las compras hacia importaciones. El gasto público y la emisión no se están usando para reducir la miseria ni para arrinconar la subversión sino que se despilfarran en compensar los efectos recesivos de la revaluación.

¿Cuándo fue la última vez que vimos algo por el estilo? En la primera parte de los 90, cuando una avalancha de capitales indujo una fuerte caída real del dólar y una explosión de las importaciones, pero los efectos recesivos de la reorientación de la demanda hacia importaciones baratas fueron compensados, durante algunos años, mediante amplio crecimiento monetario, bajas tasas de interés y mucho gasto público. ¿Alguien necesita que le recuerde el final de esa película?
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?