Javier Fernández Riva

| 5/2/2003 12:00:00 AM

Que descanse en paz

Las reservas del sistema pensional de "prima media" están a punto de agotarse. Nada sería peor que intentar mantener ese sistema artificialmente con vida.

por Javier Fernández Riva

Hace dos semanas me dieron una buena noticia: el déficit de caja por pensiones (ingresos de los afiliados al ISS menos mesadas a cargo del ISS) excede $1,5 billones por año. En consecuencia las reservas de pensiones del ISS se están agotando, y no durarán más que hasta el 2004. A partir de ese momento la financiación del déficit de pensiones no podrá hacerse echando mano de las reservas del ISS, esto es, liquidando inversiones, como hasta ahora, porque no habrá qué liquidar, sino que exigirá transferencias directas del gobierno nacional.

El déficit fiscal es malo excepto cuando es coyuntural, deliberado y de tamaño razonable, esto es, cuando se incurre en déficit para evitar que la economía caiga y las cosas empeoren, y con la condición de que guarde proporción con las fuerzas depresivas que se intenta neutralizar. Espero que los lectores me disculpen la comparación pero, para mí, el déficit fiscal siempre ha sido como la pérdida de sangre: hace una diferencia si se pierde porque el paciente sufre una hemorragia peligrosa o como efecto lateral y normal de una intervención quirúrgica para salvarlo de un accidente. Eso lo tienen muy claro los países de la Unión Europea que, en forma rutinaria, miden el déficit fiscal respecto a una situación de "producto potencial", pues entienden que, dentro de ciertos límites, criticar el déficit fiscal de un país en recesión sería tan injustificado y peligroso como oponerse a que un paciente pierda algo de sangre cuando lo intervengan en el quirófano.

Por supuesto, el déficit del sistema de pensiones "de prima media" (el del ISS y las cajas que subsisten) no tiene nada de coyuntural pues no depende de la situación de la economía y no desaparecería ni siquiera si el crecimiento económico se disparara. Pero digo que la noticia que recibí es buena porque, para mí, la novedad no está en el déficit, que es un viejo conocido, sino en que las reservas finalmente se están agotando y, a partir del 2005, será imposible seguir recurriendo a ellas. Por ello, el gobierno estará casi obligado a adoptar una solución definitiva y racional.

Suena desatinado decir que no debe preocupar que las reservas financieras del ISS se agoten y que en realidad va a ser una buena cosa. Pero la reacción del público solo confirma que hay que desmitificar el asunto de las reservas: cuando el instituto "usa", digamos, $1 billón de sus reservas financieras para atender el déficit de caja entre las contribuciones para pensiones que todavía recibe y el pago de las mesadas, lo que hace es pasarle una cuenta al gobierno nacional, respaldada en sus títulos de inversión del gobierno, sean TES o bonos de deuda externa de la Nación. Puesto que el gobierno está obligado a responder por los pasivos de pensiones del ISS, con independencia de que esa entidad tenga o no "reservas", es de importancia secundaria si la cuenta que el instituto le pasa al gobierno esté respaldada en títulos de deuda previamente emitidos o en la obligación general del Estado de responder por las pensiones. El mal no está en que el déficit se atienda con "reservas" o mediante otros mecanismos, sino en el desequilibrio, que se conocía desde siempre, entre el valor actualizado de las contribuciones para pensiones y los beneficios pensionales. Ese desequilibrio fue casi invisible durante décadas excepto para los expertos, capaces de hacer los complicados cálculos requeridos para comparar el "pasivo actuarial" de las pensiones con el valor actualizado de las contribuciones. Luego, en los últimos años, se hizo visible, por la reducción de las reservas. A partir del 2005 hasta para el más miope será imposible no verlo.

Pero note que tuve cuidado en decir que la situación "casi" obligará al gobierno a adoptar una solución definitiva y racional. Para mí esa solución, que no está garantizada aunque hoy luce más probable que hace una década, consistiría en que el manejo del sistema de prima media desapareciera como actividad del ISS, adelantada a partir del 2005 con un enorme déficit y precaria y costosa financiación por el gobierno, y que las contribuciones de los trabajadores y los pagos de las pensiones de los actuales y futuros pensionados de ese sistema, pasaran a ser atendidas por los Fondos de Pensiones o por el sistema general de seguros. Ello se haría manteniendo los "derechos adquiridos" de los actuales trabajadores afiliados al sistema de prima media, y de sus pensionados.

A la postre, con una financiación racional del déficit inevitable los trabajadores y los pensionados podrían estar más tranquilos, que si cada año hay que saltar matones para atender los pagos mientras los viejos se mueren esperando la aprobación de la pensión que no llega. Pero lo más importante para mí es que el déficit histórico, ya imposible de corregir, se atendería mediante la emisión de nuevos títulos de deuda del gobierno nacional en las mejores condiciones financieras posibles.

Sin embargo, nunca olvido que "los problemas económicos complejos tienen soluciones sencillas, fáciles de comprender y erróneas", y este es un caso en el que la solución más sencilla, fácil de comprender y errónea tiene un gran atractivo. Por eso viene promoviéndose desde hace varios años y llegó a ser la posición oficial del Ministerio de Trabajo en la administración pasada. ¿Por qué no "evitar" el déficit atrayendo (u obligando) más afiliaciones de trabajadores jóvenes al ISS, que puedan hacer contribuciones durante años, cuando todavía está distante el momento del pago de sus pensiones?

Esa "solución" sería fatal, pues el origen del déficit pensional fue la afiliación de trabajadores al sistema de prima media con un gran desequilibrio entre contribuciones y beneficios. ¿Qué tal ofrecer ahora más beneficios para "atraer" trabajadores, o forzar la afiliación en las condiciones vigentes? Si se opta por esa "solución" lo que se estará haciendo es financiar el déficit inevitable a costos de usura. Y eso, a la postre, solo podrá empeorar la situación fiscal.
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