Opinión

  • | 2010/03/26 00:00

    ¿Qué se concluye de las elecciones?

    Continuará el modelo que legitima un Estado y una sociedad contrarios a lo que se aspiraría en una verdadera democracia. La pseudodemocracia electoral que nos rige y que no muestra cambios en sus costumbres así lo decide.

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Lo que pasó, pasó, y ni vale la pena volver a describir los resultados, ni dar interpretaciones con el deseo de lo que significan: las elecciones parecen haber mostrado que el modelo Uribe no perdió respaldo ni con los eventos escandalosos ni con los fracasos en su gestión; y que de acuerdo a nuestro sistema político-electoral poco o nada debe cambiar.

Contra lo que podría ser una lógica analítica que supondría que se iban a dar fenómenos significativos bien fuera en un sentido o en otro, prevaleció la inercia del manejo tradicional de los votantes de acuerdo a las más arraigadas costumbres electorales. ¿Por qué? Es una pregunta difícil de responder y de entender (¿a nadie le importan los falsos positivos? ¿Nada significan las chuzadas? ¿3 ó 4 millones de desplazados no cuentan? ¿Qué del Agro Ingreso Seguro (AIS), la Yidispolítica, la parapolítica? ¿Y la ausencia de reformas territorial, fiscal, de salud, pensional, electoral, con el vacío paralelo de soluciones de infraestructura, el aislamiento internacional, etc.

Pero desde esa perspectiva poco de inesperado tienen las 'sorpresas'.

Los grupos que formaron el PIN tenían 12 curules, luego no sorprende que ganen 8 ó 9.

Que el partido de tres ex alcaldes de la ciudad de 8 millones de habitantes promovidos como 'los que cambiaron la ciudad' logren 500.000 votos (40% de Gilma Jiménez) suena de esperar.

Que la U gane los mismos puestos que le había dado el trasfuguismo parece normal, sobre todo con unos recursos económicos de campaña aparentemente sin fondo (¿habrá investigaciones), y el respaldo del poder del Gobierno (v. gr. 'familias en acción').

Que Cambio Radical pierda las curules de los trásfugas responde a la más estricta lógica.

Y sorprendente también sería si el otro ganador del trasfuguismo comprado con cuotas de poder del Ejecutivo no fuera el Partido Conservador.

Parece evidente que el resultado del Polo es fruto de la división, de la escogencia de tan cuestionado candidato y de la mala imagen que se ha proyectado de la administración distrital.

La votación del Partido Liberal no tenía por qué cambiar si no cambiaron los grandes electores y las maquinarias de la vez pasada.

Y es inevitable que se quede sin congresistas un candidato que solo hace campaña alrededor de lo que no es (definiéndose como 'ni lo uno ni lo otro'), y que además sostiene que no necesita Congreso para impulsar un programa que no presenta.

Pero profundizar en el significado global de lo que puede caracterizar esos resultados sería más interesante.

Por un lado, que en nuestra cultura política no existe o no cuenta nada lo que suceda en el país, o que es indiferente a lo que en términos universales sería inaceptable.

Por otro, que la disminución de la violencia presentada como un avance (la menor en las últimas 30 elecciones), va acompañada de un incremento en las denuncias por toda clase de delitos (constreñimiento, fraude electoral) en especial compra de votos con un desbordamiento de los recursos disponibles destinados a ello.

Uribe a la larga pasará, pues solo fue el caballo de Troya de unos grupos de poder que no están dispuestos a aceptar una orientación más justa en lo social, más democrática en lo político, más solidaria en lo económico y más digna y respetable en lo ético. Sin embargo, lo que las elecciones dejan es la confirmación de que el país acepta continuar eso que algún día se verá como el modelo y la política más nefasta de nuestra historia.

Pero aunque es verdad que la oposición no ganó, una verdad aún más grande es que para Uribe y el uribismo (entendido como una agrupación con vocación de partido o un grupo político con poder) el resultado fue una hecatombe.

En cuanto a ganar espacio sobre la oposición, fracasó:

Todos los esfuerzos y recursos desplegados desde el Gobierno para disminuir al Partido Liberal no prosperaron. La depuración de quienes preferían halagos a la defensa de la posición colectiva ya se había realizado tras la reelección, y la condición de alternativa al uribismo quedó ratificada sin menguar su fuerza. Y el Polo perdió curules pero esas mismas las ganó el Partido Verde que proclamó en forma igual de vehemente su rechazo al talante uribista.

Pero peor le va en cuanto a consolidarse como una fuerza coherente o cohesionada:

El Partido Conservador opta por intentar de nuevo ser partido y abandona la condición de rémora de un caudillo. Internamente, la derrota de la 'versión mejorada' es un segundo golpe igual o más contundente en esa dirección; y más cuando Pastrana como mentor de la candidata no le va a ceder el paso a quien hizo su capital político y basó su gestión en el contraste con 'las épocas del Caguán'.

La selección y reorientación de Cambio Radical para que se saliera de la línea uribista la propició el mismo Dr. Uribe al patrocinar el trasfuguismo; para Vargas Lleras es muy difícil dirigir lo que queda de sus huestes hacia donde decidieron no irse antes, pero aún más tragarse el sapo del daño que le causó el Presidente al acabar con lo que casi había logrado al dar a su movimiento el carácter de partido. Parecería que reintegrar esa colectividad al uribismo solo sería posible si el caudillo proclamara a su jefe como el ungido y el verdadero heredero o heredero legítimo -cosa que sonaría extraña-.

Desaparecieron o se trasmutaron los mayores beneficiarios y quienes fueron determinantes para la aprobación de las políticas bajo este mandato. Deberían ser los más leales y los más firmes, tanto por agradecimiento como por afinidad con quien más coincidió con sus intereses y su visión. Pero, por un lado, no es de esperar que sean esas sus virtudes y, por el otro, fueron los menos exitosos electoralmente: de las anteriores 17 curules de Senado (Convergencia Ciudadana 7, Alas 5, Colombia Democrática 3 y Colombia Viva 2) solo quedaron las 8 del PIN.

Queda el 'Partido de la U', que ya no como partido de Uribe sino como partido de Santos tiene todas las posibilidades de reducirse sensiblemente: los mismos seguidores de Uribe son quienes más claro tienen que no es Juan Manuel Santos quien lo verá como el faro a seguir (y que algo va de ser uribista a seguir a Santos). Arias quería ser como Uribe; pero Santos lo que piensa es que ya quisiera Uribe ser como él. Y buena parte de los que apoyan las políticas más que la persona de Uribe ven que lo que JM representa son principalmente los problemas que ellas traen: la inminencia de un conflicto mayor con Venezuela y con Ecuador; más legitimación a los falsos positivos; más uso y manipulación del patrioterismo que amor de patria; mayor tendencia a concentrar poder en función de intereses personales.

En conclusión, continuará el modelo que legitima un Estado y una Sociedad contrarios a todo lo que se aspiraría en una verdadera democracia: justicia social, ética pública, garantías de los derechos, paz, etc...; la pseudodemocracia electoral que nos rige y que no muestra cambios en sus costumbres así lo decide; pero sí nos da el respiro de saber que se acaba la etapa bajo la forma y hasta los extremos a los cuales se había llegado con Uribe.

(P.D. Consecuente con eso prometo a mis lectores que en mi próxima columna les daré el respiro de no hablar de política nacional).

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