Opinión

  • | 2005/04/29 00:00

    Pulso en territorios indígenas

    Rechazo categóricamente los ataques de las Farc a Toribío, que atentan contra la población civil, el DIH y el movimiento indígena Nasa de resistencia civil y pacífica al conflicto armado.

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La guerrilla ha escogido un territorio indígena con alta visibilidad nacional e internacional para retar la efectividad de la política de seguridad democrática de Álvaro Uribe. En medio de un conflicto armado que no ha querido reconocer, el Presidente visitó el municipio para hacer presencia en una zona en la cual el Estado solo está representado por la Fuerza Pública, situación que se repite en muchas otras zonas indígenas. Tan pronto salió de Toribío, los combates continuaron dejando hasta el momento varios muertos y heridos, tanto de la población civil, como del ejército y la guerrilla, además de numerosas pérdidas materiales y miles de nuevos desplazados.

El ejército, que ha denunciado la colaboración de miembros de la comunidad con la insurgencia, logró asegurar el casco urbano con tropas helitransportadas y estableció una serie de trincheras dispersas por el pueblo para proteger el cuartel de policía, situación que paradójicamente hace más vulnerable a la población civil. Por su parte, la guerrilla, cuyo objetivo es demostrar que puede expulsar a la fuerza pública del casco sin importar las consecuencias sobre la población civil, controla en gran parte el territorio tal como se ha visto en los medios de comunicación. De su lado, la población indígena sufre una guerra que no es de ellos y ve cómo se pone a prueba su política de resistencia pacífica que tanto molesta a los actores en conflicto, pero que, a la vez, le ha valido el Premio Nacional de Paz y el reconocimiento de Naciones Unidas.

Toribío es un municipio indígena donde habitan los Nasa, quienes desde la conquista han vivido en medio de guerras luchando por su territorio y autonomía. Personajes míticos como La Gaitana, Juan Tama "el hijo de la estrella" y más recientemente el asesinado sacerdote Álvaro Ulcue han sido líderes históricos que dejaron como legado su lucha por la unidad, la tierra y la cultura. Por su ubicación estratégica, el territorio fue usurpado desde el siglo XIX por grandes terratenientes que lo transformaron en importantes haciendas, siempre con el respaldo de la Fuerza Pública. Desde los años 60 y en diferentes momentos, grupos guerrilleros, como Farc, ELN, M-19, Quintín Lame, Ricardo Franco, etc., han hecho presencia en esta región a la que más recientemente llegaron narcotraficantes y paramilitares.

En medio de estas realidades y sus adversas consecuencias, nació en 1970 el Consejo Regional Indígena del Cauca, primera organización indígena del país, cuyos objetivos eran recuperar las tierras de los resguardos, no pagar terrajes, fortalecer sus sistemas organizativos y defender la lengua y las costumbres indígenas. Eran épocas de represión oficial como respuesta a la recuperación del territorio.

Diez años mas tarde, en medio de la violencia de los grupos armados, se creó el Proyecto Nasa como propuesta de resistencia civil y de participación social. Un proyecto construido paso a paso, a partir de la creación de tiendas comunitarias, el fortalecimiento de la cohesión social, la creación de la guardia indígena y la realización de la marcha de 40.000 indígenas hacia Cali a finales del año pasado para reivindicar sus derechos, evento destacado por la prensa nacional e internacional como ejemplo de organización y democracia. El rechazo público a la presencia de las Farc en su territorio, la recuperación por parte de la guardia indígena de su alcalde Arquímedes Vitonás de manos de la columna Teófilo Forero y la reciente consulta popular sobre el TLC han sido hechos que, junto al gran desarrollo democrático de esta comunidad desmilitarizada y autónoma, han llamado la atención de la comunidad nacional e internacional.

Con todos estos antecedentes, queda claro que el norte del Cauca es, hoy, escenario del gran pulso político y militar que pone a prueba la seguridad democrática y la protección de la población civil. Mientras tanto el mundo espera que, por medio de la resistencia pacífica con que estas comunidades han rechazado la violencia en otras oportunidades, superen nuevamente esta difícil prueba.
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