Proyecciones económicas cubistas

| 2/16/2001 12:00:00 AM

Proyecciones económicas cubistas

Es indeseable convertir el ejercicio de la proyección económica en una feria de cifras, sin garantía de su coherencia interna.

por Javier Fernández Rivas

Llegó la feria de las proyecciones de comienzos de año. Apunten, señores augures. ¿Crecimiento en el 2001 de 2,2%, 2,8%, 3,2%, 4,0%? ¿Inflación de 8%, 9%, 10%, 12%? ¿Dólar en $2.250, $2.350, $2.450, $2.550? ¿Tasa DTF al final del año en 13%, 15%, 18%, 20%? ¿Déficit fiscal en 2,8%, 3,2%, 3,6%, 4,0% del Producto Interno Bruto? Un punto por cada muñeco que bajen, no importa por cuánto yerren a los demás. Y, por favor, no nos vengan con historias sobre necesidad de coherencia o sobre las condiciones de la política económica. Disparen no más. Ya veremos cuántos muñecos baja cada uno.



Aunque mi récord cuando he participado en la feria no ha sido del todo malo, no voy a seguir en el juego de llenar cuestionarios mensuales de ese tipo. Pero no porque considere que las proyecciones económicas no sean importantes. Todo lo contrario. Más allá de cualquier contenido utilitario de prospectar el curso de los negocios creo que la prueba ácida de que alguien entiende el funcionamiento de una economía es su capacidad para proyectarla, en el sentido modesto y realista de que, cuando se cumplan los supuestos que el analista decida hacer sobre variables no predecibles, el resto de la economía siga la senda prevista. No volveré a participar en ese juego porque me preocupa el riesgo de que las proyecciones se transmuten en desinformación y estimulen una actitud poco profesional, cuando se consignan sin hacer explícitos los supuestos críticos y sin garantizar una coherencia mínima.



Permítanme comenzar con algo casi académico, el rollo de los supuestos, e ilustrarlo con un ejemplo. La baja de la inflación anual de 16,3% en diciembre de 1998 a la mitad de esa cifra hoy es algo excelente para el país, y es natural que el Banco de la República, que tiene a su cargo la política de estabilización, esté satisfecho. Pero desconcierta que esa baja de la inflación se lograra a pesar de una devaluación de 45% en los dos últimos años, ya que el mismo Banco había ridiculizado a quienes en esa época decíamos que era posible devaluar sin inducir una explosión de precios. Su línea de ese entonces era que el tipo de cambio real ya estaba muy alto, por lo que un alza significativa del dólar induciría más inflación, haciendo que se esfumara cualquier transitoria ganancia en tipo de cambio real.



Vivir para ver. Me dicen que en sus próximas notas editoriales el gerente Urrutia criticará a quienes le dimos algún beneficio de la duda a las "demostraciones" técnicas del Banco sobre la estrecha relación entre la devaluación y la inflación y supusimos que la devaluación tendría un leve impacto sobre los precios, lo que nos llevó a sobrestimar la inflación del 2000.



¿Y qué decir de la ausencia de relación entre los resultados de la inflación y el comportamiento de la base monetaria, la variable que el Banco de la República usaba hasta hace poco para "garantizar" el cumplimiento de su meta de estabilización? La base monetaria aumentó 55% en los últimos dos años, y se salió por completo de todo lo proyectado en los informes presentados por el Banco al Congreso Nacional. Pero, para fortuna del país, la inflación ni se mosqueó con ese desmadre de la base monetaria.



Que la inflación haya bajado a pesar de que ni el dólar ni la base monetaria se comportaron como había previsto el Banco que lo harían es muy satisfactorio para el país, y también para el Banco, pero no me parece que sea un motivo de orgullo para quienes hicieron las proyecciones.



El asunto de las relaciones entre las proyecciones y la política económica es menos académico y suele tener una importancia crítica para los negocios. A menudo, quizás por la dificultad de ensamblar proyecciones efectuadas por diversos analistas, o por irrefrenables inclinaciones artísticas de quienes las hacen, el cuadro resultante sale como las damas del período cubista de Picasso, con la nariz en la nuca, los ojos en las orejas y las tetas en la espalda.



Vamos al grano. ¿Puede uno proyectar, como la prensa dice que hizo el director de Fedesarrollo la semana pasada, una inflación de 11% o 12% en el 2001 y consignar, al mismo tiempo, proyecciones de crecimiento económico y tasas de interés que suponen un entorno financiero tranquilo? Yo, al menos, creo que no, porque una inflación de 11% o más este año, cuando la meta oficial es 8%, induciría a la autoridad monetaria a secar la liquidez hasta hacer abortar la reactivación del crédito, disparar las tasas de interés y revivir la crisis financiera.



Note que no afirmo que sea imposible una inflación de 11% o 12% en el 2001, aunque creo que en ese frente Fedesarrollo es demasiado pesimista y que una inflación de más de 10% tiene una probabilidad despreciable. Lo que digo es que no me parece razonable proyectar un disparo de la inflación al 150% de la meta oficial y pasar por alto las terribles implicaciones de política económica que ello tendría.



Otro ejemplo. ¿Puede uno proyectar que el déficit fiscal del 2002 será 3,5% en el 2002, como los medios publicaron que hizo el director de ANIF la semana pasada, esto es, el doble de la meta oficial de 1,8% para ese año, y en la misma ocasión proyectar un salto del déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos a 2,4% del PIB, una tasa DTF real de 6%, y una devaluación de apenas 10%?



Poder, se puede, pero otra cosa es que esa combinación sea razonable. Con un déficit fiscal consolidado de 3,5% del PIB en el 2002 el Gobierno estaría incumpliendo en forma grave el programa con el FMI, donde se contempla un déficit fiscal máximo de 1,8% del PIB en el 2002. En ese caso seguramente el país sería degradado nuevamente por las calificadoras internacionales, el crédito externo se cerraría haciendo imposible financiar un déficit corriente tan elevado, el dólar subiría mucho más y el Gobierno se volcaría sobre el mercado del ahorro interno haciendo explotar las tasas de interés.



Sé que suena premoderno, pero en materia de damas y proyecciones sigo prefiriendo que todo esté, más o menos, en su sitio.
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