Opinión

  • | 2007/05/25 00:00

    Propuesta política y análisis económico

    El gobierno no distingue política de economía, intentando convencer y convencido de que ‘la economía va bien’ gracias al manejo que le ha dado, es decir, ajeno a la realidad que otros vemos, pero negado totalmente a controvertirla.

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Debería ser posible separar una propuesta política de un análisis económico. La calificación que damos a la primera es usualmente valorativa, en el sentido de que depende de hasta dónde compartimos sus objetivos y sus principios; mientras el segundo supone ser un proceso analítico en el que los juicios de valor no existen.

Sin embargo dos razones hacen que en el caso del gobierno Uribe la primera casi siempre determine las conclusiones de lo segundo: 1) la polarización que tiende a que en efecto así suceda, tanto en quien defiende como en quien cuestiona; y 2) que, como proyecto en ejecución y no al simple nivel de estudio, es coincidente la propuesta política con la teoría o modelo económico que deben desarrollarla.

Hay la visión que prefiere la búsqueda de soluciones por vía del consenso y/o el diálogo a las que surgen de imponer mayorías políticas o el poder militar; que cree más en las instituciones que en el culto de la personalidad y el autoritarismo; que cree que los males se curan en las causas y no en sus manifestaciones; que prefiere un orden social basado en la solidaridad a uno nacido alrededor de la competencia y la selección, etc.; y por supuesto que no adhiere a ninguna causa que logre acceder al poder gracias a motosierras y fosas comunes.

Pero independientemente de si se comparte o no la opinión de que 'el país va mal' -por la indiferencia respecto a la desigualdad, la pobreza o los desplazados; o por la falta de éxito en sus tres objetivos prioritarios de 'guerra contra la guerrilla', o contra la droga, o contra la corrupción-, el debate sobre la situación económica debe ser adelantado en forma objetiva y en su propio campo.

La idea que se ha logrado vender es que 'la economía va bien' y que se lo debemos al Gobierno; los argumentos centrales para reivindicar esto son:

- Los datos de las encuestas sobre la imagen del presidente; la mayor utilización de la capacidad industrial instalada; la cifras de crecimiento del PIB; la llegada de capital extranjero, con el consecuente aumento de las reservas; la reducción del crecimiento del déficit del Gobierno Central y la disminución del nivel de endeudamiento del país.

Todos son ciertos, coincidentes e interrelacionados... Pero ¿qué relación tienen con la gestión de Gobierno?:

La deuda externa se redujo, pero no porque se haya cancelado una parte, sino porque vale menos en pesos debido a la revaluación; eso hizo también que los intereses pagados disminuyeran mejorando el rubro de gastos del ejecutivo.

Y por eso al intentar detenerla comprando divisas (en coordinación con el Banrepública) las reservas han aumentado; pero este efecto secundario no fue el propósito buscado sino consecuencia de una medida tomada a regañadientes y cuyo fracaso se convirtió en una 'bola de nieve' que contraría el fin buscado, al punto de llevar la revaluación a ser la mayor del mundo (¡!).

El crecimiento es en efecto el más alto de las últimas tres décadas, pero lo mismo sucede con toda Latinoamérica, con la circunstancia de que el PIB de Colombia está por debajo del promedio, y que habiendo estado siempre entre los cinco países de mejor índice hoy escasamente llegamos a un puesto intermedio. Esto a pesar de las ventajas adicionales de ser el tercer país del mundo que más donaciones americanas recibe (después de Israel y Egipto pero muy por delante del resto del continente), y ser el segundo país en cuanto a remesas de sus emigrantes (después de Mexico que tiene dos veces y media más habitantes). Si además se toma en cuenta el aumento del recaudo, los impuestos extraordinarios de guerra, el traslado de las participaciones de los entes territoriales al gobierno central, y los gastos asumidos por la ayuda extranjera tanto para la guerra como para subsanar sus consecuencias, la realidad es que los resultados están muy por debajo de lo esperable y lo que refleja no es una contribución positiva de la gestión del gobierno.

La utilización de la planta productiva instalada aumentó, pero sin que se haya acompañado de la creación de un mayor potencial en nuevas empresas, y básicamente porque venía de la recesión más profunda de la historia del país bajo la presidencia de Andrés Pastrana; en todo caso no han sido políticas de estímulo locales las que han producido ese efecto sino las condiciones generales mencionadas arriba.

Las respuestas de la encuesta respecto al Presidente se explican (según interpretación del mismo encuestador) por admiración directa a su capacidad de trabajo -por la imagen de que 'está en todo'-, y porque el 58% de los hogares sienten que ha mejorado su capacidad de consumo. Tienen razón en ambas cosas pero ninguna se relaciona con las medidas económicas del gobierno.

Lo resultados, sean estos considerados buenos o malos, responden es a que la teoría o modelo económico del gobierno no se pudo implementar: En contra de la propuesta neoliberal del impulso a la economía mediante la inversión para generar mayor oferta, ha sido la gran capacidad de demanda producida por los ingresos de los exilados (4.000 millones de dólares que van directo al consumo de tres millones de familias) y por el aumento del gasto público lo que genera la sensación de bienestar de los hogares; la llamada 'inversión extranjera' ha sido para compra de activos existentes y/o para portafolio especulativo, pero sin aumentar el potencial productivo del país. Y ni siquiera ha operado el supuesto complemento -la demanda del mercado internacional que consumiría la mayor producción- puesto que en cantidad nuestras exportaciones con valor agregado han disminuido.

Entonces, en últimas ¿en que está nuestra economía?

Si entendemos por un buen estado de la economía aquel que logra un 'desarrollo sostenible' y genera riqueza en forma creciente incrementando su potencial productivo en cantidad y en tecnología, ese no sería nuestro caso porque los primeros rubros que jalonan los indicadores de crecimiento son del sector no productivo (financiero, comercio, construcción, comunicaciones), al tiempo que el conjunto del sector productivo (sector manufacturero y agrícola) ha perdido participación en la producción nacional; tenemos una moneda revaluada y revaluando fuera del control del gobierno; un gasto público disparado sin fuente de financiación estable, basado en donaciones, venta de activos o impuestos extraordinarios; un aumento -casi multiplicación- del circulante producido por agentes independientes de la acción del gobierno y de la capacidad productiva del país (remesas, capitales especulativos y droga); con los factores que permitieron el crecimiento desparecidos (no más exceso de liquidez mundial, receso previsto de la economía americana como locomotora mundial, no mas alzas de las materias primas); y la balanza comercial en un deterioro desbocado (entre el año antepasado y el pasado cambió US$ 1.800 millones en contra).

Lo grave es que el gobierno no distingue política de economía, intentando convencer y convencido de que 'la economía va bien' gracias al manejo que le ha dado, es decir, ajeno totalmente a la realidad que otros vemos, pero negado totalmente a controvertirla, respondiendo únicamente con imposiciones de mayorías políticas e indiferente a lo que podrían ser problemas estructurales.

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