Opinión

  • | 1999/04/23 00:00

    Promesas incumplibles

    Hay una relación entre la violencia y las promesas incumplidas.

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Podemos aprender mucho todos del affaire Ingrid - Pastrana. Se trata claramente de un caso de promesa incumplible realizada con mutuo consentimiento del que promete y del que consigue la promesa en un momento crítico para la causa del otro. Se podría decir que es una promesa extorsionada, resultado de un retén; y desde su inicio una promesa incómoda.



¿Qué caminos tenía Pastrana ante sí? O dejar pasar el tiempo, con el peligro de que el reclamo de Ingrid se volviera cada vez más costoso o hacer lo que hizo, con citar a un gran acuerdo nacional en donde la más amplia presencia posible de sectores políticos le permitiera revisar la promesa.



¿Hasta dónde alguien por ser elegido puede adquirir compromisos como los que adquirió Pastrana? Pastrana logró "subir a su tren" no sólo a algunos vagones liberales relativamente intermedios, no totalmente ajenos a lo tradicional, sino que también logró involucrar algunos vagones que se presentaban como radicalmente innovadores (como Ingrid). Lo interesante es que lo hizo bajo el compromiso de descarrilar con un cambio de reglas de juego a los vagones viejos de los dos partidos. De esta manera, alguien tenía que resultar lesionado en este proceso. Quizá la lección que nos debería quedar de todo esto sería la de responder duro a la celebración de compromisos incumplibles, denunciándolos de inmediato, independientemente de la opción que vengan a fortalecer o a reivindicar.



Las promesas incumplidas siguen haciéndose porque generan una obligación derivada, una "reparación" inevitablemente parcial y distinta de lo prometido. Una promesa incumplible genera un segundo nivel de obligación ligado a la incomodidad de dar cuenta, a la vergüenza de no haber cumplido. Mientras la promesa incumplida es una obligación pública, la promesa derivada suele no serlo. Hasta donde alcanza mi lectura, el gran defecto de Ingrid fue haber creído que podría comprometer al futuro Presidente en el modo en que lo hizo. Ingrid ha sido duramente castigada por intentar un juego parcialmente renovador.



Invito a pensar en la relación que puede haber entre la violencia colombiana y la celebración de promesas que de entrada se sabe que no pueden ser cumplidas. La solución, a mi juicio, no está por el lado de exigir el cumplimiento de esas promesas, sino por el lado de exigirnos todos el no llegar a ellas.
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