Opinión

  • | 2009/08/21 00:00

    Productividad: un problema terciario

    La baja productividad de los servicios es el mayor obstáculo para la prosperidad económica en América Latina

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Cuando se habla de la falta de competitividad y de los problemas de productividad de las economías latinoamericanas, los diagnósticos y las propuestas de política se concentran casi automáticamente en los sectores industriales.

Industrialización y prosperidad son términos que suelen considerarse sinónimos, y con muy buena razón: los países actualmente desarrollados se volvieron ricos cuando, gracias a la revolución industrial, lograron que la fuerza de trabajo que estaba concentrada en los sectores agrícolas y artesanales tradicionales pudiera ser ocupada en actividades de manufactura industrial de mucha mayor productividad.

Los países latinoamericanos trataron de seguir esa ruta hacia la prosperidad durante la segunda mitad del siglo veinte, pero sus intentos de industrialización fueron poco exitosos. Fue difícil competir internacionalmente y los mercados domésticos resultaron demasiado pequeños. Las políticas de apoyo a la industria y de promoción de exportaciones que estuvieron vigentes hasta la década del ochenta se anotaron algunos triunfos, pero no los suficientes para absorber la creciente oferta laboral y la migración desde el campo.

La fuerza laboral excedente fue absorbida por los sectores de servicios, donde actualmente se ocupan el 60% de los trabajadores latinoamericanos. A diferencia de los países desarrollados, que primero se enriquecieron con la industria y luego se transformaron en economías de servicios, las economías latinoamericanas se terciarizaron a medio camino entre la pobreza y la prosperidad.

Y eso significa que tendrán que inventarse su propia ruta para elevar el ingreso de sus gentes. Como los sectores industriales en América Latina ocupan apenas al 20% de la fuerza de trabajo, resolver los problemas de competitividad o de atraso tecnológico de estos sectores ayudará poco a superar el subdesarrollo, como se analiza en un estudio sobre productividad que publicará el BID próximamente. Según cálculos de Carmen Pagés, directora del estudio, si la productividad industrial aumentara al ritmo que lo hace en los países de rápido crecimiento del Este de Asia, apenas si se notaría cambio alguno en la productividad total de la fuerza laboral (crecería al 1,8% anual, en vez del 1,5%). En cambio, si se lograra elevar la productividad en los sectores de servicios al ritmo que aumenta en esos países, el PIB por trabajador crecería al doble de velocidad (3,1% anual).

Debería ser más fácil aumentar la productividad de los servicios que la de la industria, sencillamente porque el atraso es mayor: con respecto a Estados Unidos, la brecha de productividad de los servicios es 85%, mientras que la brecha de productividad en los sectores industriales es 61%, en promedio para toda América Latina.

Pero el reto es tan grande que es difícil saber por dónde empezar. En los servicios no solo hay actividades mucho más diversas que en la industria, sino que además predominan los pequeños negocios, muchos de ellos informales. Puesto que gran parte de los trabajadores pobres se encuentran en los sectores de servicios, los gobiernos tratan de compensar las deficiencias de productividad con políticas remediales que buscan mejorar el ingreso de esos trabajadores, y que van desde tolerar la evasión tributaria hasta subsidiar la provisión de los servicios de seguridad social y el uso de los espacios públicos. Aunque seguramente son un alivio para esos trabajadores, esas políticas hacen poco por resolver el problema de productividad, y es posible que incluso tiendan a agravarlo pues reducen las posibilidades de éxito de las empresas modernas de servicios.

Elevar la productividad de los servicios es la forma más efectiva de mejorar el nivel de vida de todos los latinoamericanos, no solo porque los servicios ocupan a la mayor parte de los trabajadores, sino porque la competitividad de los sectores primarios e industriales depende de que haya buenos servicios de transporte y comunicaciones, sistemas efectivos de almacenamiento y distribución, y muchos otros servicios. Después de la primera revolución industrial, todos los demás episodios de rápido aumento de la productividad en los países desarrollados, han venido de revoluciones en los servicios: los ferrocarriles, la electricidad, las telecomunicaciones y la informática. Sírvase usted.


Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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