Opinión

  • | 2006/06/23 00:00

    Problemas para una solución

    El alza del dólar mejora las perspectivas económicas, pero las autoridades parecen inclinarse a frenarla endeudándose en dólares y apretando la política monetaria.

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Hoy estoy más optimista sobre las perspectivas de la producción y el empleo que al comienzo del año. La razón para ello es la misma que enfrió el optimismo de tantos analistas e inversionistas: el rápido aumento del dólar. Hace unos meses estaba preocupado por el desvío de la demanda hacia importaciones y por la situación de los exportadores. También me inquietaba que, en vísperas de entrar al TLC, Colombia tuviera sus pantalones cambiarios en los talones. Ahora estoy más tranquilo porque el país los subió, digamos, a medio muslo. Todavía falta para eliminar el riesgo de que le pasen cosas desagradables, pero ya no tanto.

Como he subrayado en tantas ocasiones el aumento del dólar por encima de la inflación es parte de la solución del acertijo económico de acelerar el crecimiento. En todo el mundo los períodos de rápido crecimiento suelen iniciarse con una depreciación real de la moneda, como ocurrió con el yuan chino en 1994 (devaluación de 45%) y con el peso argentino cuando, en diciembre de 2001, se abandonó la fatal "convertibilidad" cambiaria.

El alza del dólar en los últimos cuatro meses, aunque puso la TRM de junio 20 en 2559, 14% por encima del 1 de marzo, está lejos de poder equipararse con el tipo de depreciación real que en otros países estuvo asociada con el inicio de un período de rápido crecimiento económico. La TRM todavía está casi 10% por debajo de la promedio de junio de 2003 pese a que, desde entonces, se acumuló una inflación para consumidores de 15% y un incremento del salario mínimo de 23%.

Además del beneficio comercial de un tipo de cambio real mayor un alza adicional y rápida del dólar permitiría que el proceso de devaluación quede atrás, porque solo cuando un precio ha dejado de ser barato el mercado deja de esperar que suba. Por todo ello el ajuste cambiario, en lugar de frenarse o sabotearse, debería facilitarse. Pero me temo que la visión de las autoridades es distinta y que harán lo que puedan para frenar nuevas alzas, e incluso para tratar de que caiga el dólar pues eso es lo que se contempla en las proyecciones oficiales.

¿Qué pueden hacer las autoridades para obstaculizar y retrasar el alza del dólar? Una opción es que el Gobierno se endeude en el exterior para traer dólares, aumentando de esa manera la oferta y bajando el precio. Así fue como se mantuvo la famosa convertibilidad de Argentina hasta que el déficit corriente y la deuda externa de ese país se salieron de madre y el esquema explotó, por fortuna con alto y merecido costo para los banqueros e inversionistas culiprontos, que le suministraron al país los dólares para permitirle mantener, durante años, una moneda sobrevaluada. Noto que el Gobierno colombiano tiene planes para endeudarse en el exterior y hago votos por que, si ellos se concretan, los responsables permanezcan en sus puestos el tiempo suficiente para ver las consecuencias, para que no salgan después, como los argentinos Menem y Cavallo, diciendo que la culpa fue de quienes los sucedieron.

Otra cosa que pueden hacer las autoridades es vender reservas del Banco Emisor, elevar las tasas de interés y reducir la liquidez de la economía para tratar de evitar alzas del dólar. Eso fue lo que se hizo en Colombia en 1998, en un intento, finalmente fracasado, de preservar la tristemente célebre banda cambiaria que imponía un techo al dólar.

No puedo estar de acuerdo con la última propuesta de ANIF de que se efectúen subastas de opciones (derechos para comprarle dólares al Banco de la República a la TRM del día) hasta por US$2.000 millones pues ello equivale a proponer que, a un precio de unos pocos centavos el mercado adquiriera el derecho de comprarle al Banco de la República todos los dólares que se requieran para evitar que la cotización suba. El resultado no sería muy diferente de restablecer una peculiar banda cambiaria, con techo pero sin piso. Otra consecuencia sería, si esos derechos se utilizan en forma masiva, drenar la liquidez monetaria cuando el Emisor reciba pesos por los dólares que vende, e inducir un salto de las tasas de interés. Mejor dicho, reeditar el error macroeconómico de 1998, que casi deja lisiada la economía.

Insisto: gracias al aumento del dólar, tan inesperado y molesto para las autoridades, hoy hay mejores bases que antes para el optimismo sobre la producción y el empleo. Pero nunca puede desestimarse la capacidad de la política económica para convertir la reciente solución cambiara en uno o varios problemas, por la vía de un nuevo aumento de la deuda externa, una pérdida de reservas y un alza de las tasas de interés.
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