Javier Fernández Riva

| 3/22/2002 12:00:00 AM

Preguntas sobre deuda pública

Lo único eficaz para prevenir un colapso "a la argentina" es dejar de endeudarnos en dólares para gastos en pesos.

por Javier Fernández Riva

La prensa está llena de advertencias sobre lo grave que se está poniendo el problema de la deuda pública. Y en las últimas semanas aparecieron varios ensayos ladrilludos --incluso uno mío-- sobre el asunto. Que la deuda como proporción del "PIB" se disparó en los últimos años sin que nadie se diera cuenta y ya va en 51%, dice uno. Que no, que la cifra verdadera es 68%, dice otro. Que si no reducimos el déficit fiscal y logramos un "superávit primario" vamos a un desastre, señala un tercero. Terrible, porque la experiencia enseña que Colombia se da cuenta de que tiene un problema entre dos y cinco años después de que se torna casi intratable.



¿Vamos o no vamos a un desastre? Vamos, hasta donde puedo verlo. ¿Y qué se está haciendo para cambiar el rumbo? La verdad, aparte de la tarea adelantada por Crédito Público para alargar los plazos de la deuda y bajar sus costos, muy poco.



Afirmo esto porque veo que el crédito externo se sigue usando a chorros para financiar gastos en pesos. El problema no es solo el déficit fiscal sino la forma como se financia. El crédito externo que se consiguió el año pasado bastó para pagar los intereses de la deuda externa y sobró un buen pico para gastos locales. Algunos dirán que lo que importa no es cómo se financia sino el tamaño del déficit. No es así: ambas cosas importan, pero lo que nos está acercando cada vez más al colapso es la obstinación en usar crédito externo para gastos en pesos. Aunque no está bien mirado que alguien diga que la deuda externa es un problema más grave que la deuda interna ("¿será que Fernández está sugiriendo un default de la deuda externa?") así son las cosas. Cuando el país paga intereses netos al resto del mundo (cosa que no ha hecho desde hace un buen rato, pues los ha pagado con más deuda) eso es una pérdida de ingreso, tan efectiva como cuando una familia le paga intereses al banco. Cuando el pago de intereses es interno la plata queda en casa, y el gobierno tiene medios para asegurar que, quienes recibieron los intereses de la deuda interna, compren más bonos o tributen más.



¿Y qué hay detrás de la decisión de financiar los gastos locales con préstamos en dólares?



En los tiempos de bárbaras naciones los gobiernos que querían financiar un déficit fiscal sin tener que presionar el mercado del ahorro en forma evidente, y sin despertar quejas de los empresarios por alzas de las tasas de interés, acudían al crédito del Banco de la República. Así, por ejemplo, financió el ministro de Hacienda de Belisario, Roberto Junguito, parte de la crisis financiera de los 80. En los tiempos modernos, de las luces, la emisión fue sustituida por los créditos externos para gastos en pesos. Y, hay que decirlo, contra lo que dice el mito el FMI ha sido clave para mantener la indisciplina fiscal en Colombia, como en muchos otros países del mundo. Esos países, librados a sí mismos, nunca hubieran tenido acceso al mercado mundial de capitales para financiar gastos locales, y se hubieran visto forzados a frenar a tiempo su gasto. Pero gracias al apoyo del FMI pudieron endeudarse hasta el cuello emitiendo bonos de deuda externa, mientras recitaban a coro con el FMI las virtudes de la disciplina fiscal.



¿Pero qué vamos a hacer ahora, cuando enfrentamos la necesidad de financiar un gran esfuerzo de defensa? ¿No se justificaría emitir bonos de deuda externa aunque el gasto que va a financiarse exija más pesos que dólares? ¿Podemos, acaso, renunciar a financiar el gasto para la recuperación del orden público porque los parámetros del manejo monetario impiden colocar suficiente deuda interna sin disparar las tasas de interés e inducir, con ello, una nueva recesión, haciéndole el juego a la guerrilla?



Tentado estoy de responder que, aun en ese caso, debería evitarse acudir al endeudamiento externo para gastos locales. Que si el país pierde la guerra veremos cómo, posteriormente, la Junta intenta convencer a Tirofijo de las ventajas de la ortodoxia monetaria. Pero voy a limitarme a señalar que, una vez se vea claro que el país corre el riesgo de perder la guerra, no nos van a dar más crédito externo. La suerte, en ese momento, estará echada. Y durmiendo una siesta en la Jiménez con Séptima.
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